Ópera” es una palabra que proviene del latín “opus” y significa “obra”. Se refiere a una forma de teatro musical nacida en el siglo XVI y consolidada en el XVII, a partir de los intentos de un conjunto de músicos italianos por revivir lo que, ellos imaginaban, era el esplendor del teatro de la antigua Atenas (el que produjo piezas como Antígona y Edipo Rey). Durante mucho tiempo, las óperas fueron lo que para nosotros es hoy el cine: la mezcla culminante de todas las artes existentes y el espectáculo más grande que el dinero podía pagar. Al igual que ocurre con el cine, el componente que muchas veces vendía la entrada era la cara visible del show; la mayoría de la gente iba a ver a los actores y escuchar los cantantes antes que a ver la dirección de Steven Spielberg o escuchar la música de Giuseppe Verdi.
A muchos, las palabras “cantante de ópera” no les evocan mayor cosa, acaso la idea de que Luciano Pavarotti fue muy famoso. A otros, les hace pensar en una señora de voz sumamente temblorosa que grita, aúlla y parece bostezar o ahogarse durante dos horas, pero igual se lleva una ovación de 10 minutos. Los hombres no se quedan muy atrás, pero, en mi experiencia, el defecto es bastante más notable en las mujeres. Cantantes así abundan en los teatros principales del mundo, llámense The Metropolitan Opera, La Scala, Covent Garden Theatre, Palais Garnier o Julio Mario Santo Domingo, lo cual es especialmente triste porque hubo una época en la que el estereotipo de la “diva” (“diosa”) tenía su razón de ser, más allá de que una artista fuera muy caprichosa o no.
Hasta aproximadamente la década de 1950, los cantantes de ópera de mayor prestigio se distinguían por tener voces estables y firmes, capaces de proyectarse en todo un auditorio sin necesidad de micrófonos. Dominaban tanto las notas agudas como las graves, con igual potencia, y manejaban con solvencia el registro de cabeza y el de pecho. En algunos casos, además, sobresalían por su capacidad para interpretar música florida, es decir, pasajes llenos de notas rápidas. Estos recursos eran grandes diferenciadores entre voces femeninas y masculinas. La gran mayoría de ellos había dejado de cultivar el registro de cabeza (que es más agudo, dulce y suave) y el canto rápido y decorativo. Podría argumentarse que una buena cantante de ópera era el ejemplo por excelencia de lo que verdaderamente puede lograr la voz humana cuando se entrena hasta el límite; no es de extrañarse entonces que las llamaran “diosas”.
Las voces femeninas se clasifican en tres grupos, desde las más agudas hasta las más graves: sopranos, mezzosopranos y contraltos. Las sopranos, a su vez, se clasifican según el tamaño relativo de su voz en cuatro grupos. Para mayor facilidad, es útil compararlas con las categorías del boxeo: ligerísimas, ligeras, medianas y pesadas. En este artículo, quiero centrarme en las sopranos, que se llevan la mayoría de los roles protagónicos, la música más complicada y, en consecuencia, tienden a ser el elemento más prominente de casi cualquier ópera. Estoy casi seguro de que cuando mencioné a la cantante hipotética de voz temblorosa, usted pensó específicamente en una soprano.
La siguiente es una muestra de 10 sopranos, grabadas durante los mejores años de sus carreras. Acostumbrarse a sus voces puede resultar difícil al principio, pues son más robustas de lo que uno imaginaría; incluso las más ligeras, como Luisa Tetrazzini y Nellie Melba, son capaces de producir notas penetrantes y cavernosas. Además, la calidad del sonido no es la mejor, pues son grabaciones que a veces superan los 100 años de antigüedad; aun así, las voces son tan claras que se imponen sobre el ruido blanco. Con algo de suerte, esta lista servirá para cambiar su opinión de un modo que no hubiera sospechado anteriormente. Bien entrenada, la voz femenina en la ópera es todo lo opuesto a inestable y desagradable.

10 mujeres que llevaron la ópera a otro nivel
Sin más preámbulos, esta es la lista. Las traducciones del italiano y el alemán fueron extraídas de Kareol, sitio dedicado a compilar libretos bilingües para el público hispanohablante:
1. Claudia Muzio (1889-1936)
Debut: 1910 (21 años).
Categoría vocal: soprano ligera.
Grabación: “L’altra notte in fondo al mare” (“La otra noche en el fondo del mar”) del acto III de Mefistofele (“Mefistófeles”) de Arrigo Boito, grabada en estudio en 1922. Muzio interpreta a Margherita, la amante del doctor Fausto. En el tercer acto, Margherita está en prisión y ha perdido la cordura debido a una serie de asesinatos que ella cometió involuntariamente debido a los descuidos y la influencia de Fausto. En su desesperación, implora piedad y acusa a otros de lo que ella hizo.
Primera estrofa: La otra noche / arrojaron a mi hijo / a las profundidades y, / para volverme loca, / me dicen que yo lo ahogué. / Hace frío / y la cárcel es lóbrega, / mi alma entristecida / vuela como el gorrión del bosque. / ¡Ah! ¡Tened piedad de mí!
2. Rosa Ponselle (1897-1981)
Debut: 1918 (21 años).
Categoría vocal: soprano pesada.
Grabación: “Mercè, dilette amiche” (“Gracias, queridas amigas”), de I vespri siciliani (“Las vísperas sicilianas”) de Giuseppe Verdi, grabada en estudio, en 1919. Ponselle interepreta el papel de Elena, hija del gobernador francés de la Sicilia ocupada. Luego de cuatro difíciles actos de intriga política, Elena está lista para celebrar su boda con su amado Arrigo, aún sin adivinar que se aproxima una gran tragedia.
Primera estrofa: Gracias, amigas queridas, por estas bellas flores. / ¡Este querido regalo es imagen de vuestro gentil candor! / ¡Oh, afortunado será el vínculo que me prepara el amor, si ustedes, queridas, piden por mí! / ¡Gracias por sus regalos, sí! / ¡Oh, sueño dichoso, oh, amado delirio! / ¡Mi corazón late lleno de amor! / ¡Una brisa celestial respiro que enerva todos mis sentidos!
3. Luisa Tetrazzini (1871-1940)
Debut: 1890 (19 años).
Categoría vocal: soprano ligerísima.
Grabación: “Je suis Titania” (“Yo soy Titania”), del acto II de Mignon de Ambroise Thomas, grabada en estudio en 1911 y en su versión italiana. Tetrazzini interpreta aquí a Philine, una actriz orgullosa y pizpireta que acaba de conseguir el rol de Titania, la reina de las hadas en Sueño de Una Noche de Verano de William Shakespeare. En el número, ella asume plenamente el rol de Titania y canta sobre las maravillas que la rodean.
Primera estrofa: Yo soy Titania, la rubia. / Yo soy Titania, hija del aire. / Recorro el mundo entre risas, / Más vivaz que los pájaros, / Más pronta que el relámpago. / La multitud enloquecida de elfos / Sigue a mi carro que vuela y huye por la noche. / A mi alrededor, en derredor, / Los cortesanos cantan los placeres del amor.
4. Maria Callas (1923-1977)
Debut: 1941 (18 años).
Categoría vocal: soprano mediana.
Grabación: “In mia man” (“En mis manos”) del acto II de Norma de Vincenzo Bellini, en dúo con Franco Corelli, grabación en vivo de 1953 en el Teatro Giuseppe Verdi de Trieste, Italia. Callas interpreta a Norma, sacerdotisa druida. Las tropas de su pueblo han capturado a Pollione, procónsul romano, quien es su infiel enamorado y el padre de sus hijos. Furiosa con él, le exige que abandone a su otra amante (Adalgisa, aprendiz y amiga de Norma) y luego amenaza con matar a sus propios hijos si él no accede.
Primera secuencia:
Norma: En mis manos estás, al fin: / nadie podría romper tus ligaduras. / Sólo yo puedo.
Pollione: No debes.
Norma: Lo deseo.
Pollione: Pero ¿cómo?
Norma: Escúchame. / Por tu dios y por tus hijos / debes jurar que, desde este instante, / te apartarás para siempre de Adalgisa, / y no la separarás del altar. / La vida yo te perdono / y nunca más volverás a verme. / ¡Júralo!
5. Renata Tebaldi (1922-2004)
Debut: 1944 (22 años).
Categoría vocal: soprano mediana.
Grabación: “Son giunta, grazie, o Dio” (“¡He llegado, gracias, Dios mío!”) del acto I de La Forza del Destino de Giuseppe Verdi, grabación en vivo de 1958 en el Teatro San Carlo, Italia. Leonora y su amante, Carlo di Vargas, fueron separados luego de que él matara accidentalmente al padre de Leonora, quien se oponía a su romance. Ahora Leonora, interpretada por Tebaldi, huye de su vengativo hermano, Don Alvaro, pide socorro a la Virgen María y trata de refugiarse entre los monjes de un monasterio.
Primera estrofa: ¡He llegado! ¡Gracias, Dios mío! Es mi último asilo... ¡He llegado! ¡Tiemblo! Mi horrible historia ya es conocida. ¡En la posada, mi hermano la contó! ¡Si me descubre!... ¡Cielos! ¡Dijo que Don Álvaro navega hacia el oeste! ¡No cayó muerto aquella noche en que yo, empapada de la sangre de mi padre, le seguí y le perdí! Ahora me abandona, ¡Huye de mí! ¡No soporto tanta angustia!
6. Nellie Melba (1861-931)
Debut: 1887 (26 años).
Categoría vocal: soprano ligerísima.
Grabación: “Pâle et blonde” (“Pálida y rubia”), segunda parte del número de Ophélie en el acto IV de Hamlet de Ambroise Thomas. Melba interpreta a Ophélie, la infortunada novia de Hamlet, quien se ha vuelto loca tras ser rechazada por su prometido y empieza a cantar frente a una multitud, dándoles flores y contando historias que delatan su tristeza.
Primera estrofa: Pálida y rubia / Duerme bajo el profundo lago / La wilis, ¡la de mirada llameante! / ¡Que dios salve / A aquellos que se demoran / Por la noche junto a la orilla del lago azul! / ¡Feliz la esposa / En brazos del esposo! / ¡Mi alma está celosa de tan dulce dicha! / ¡Ninfa de mirada llameante, / Ay, tú duermes bajo las aguas del lago azull.
7. Kirsten Flagstad (1895-1962)
Debut: 1928 (23 años).
Categoría vocal: soprano pesada.
Grabación: “Dich, teure Halle” (“¡Saludos, querido Salón!”), del acto II de Tannhaüser de Richard Wagner, grabación de 1941 en la Metropolitan Opera House. Flagstad interpreta a Elisabeth, la enamorada del músico Tannhaüser, quien está alegre por su pronto regreso y espera poder escucharlo tocar otra vez como antaño lo hacía en el salón en que se encuentra.
Primera estrofa: ¡Te saludo de nuevo, querido Salón de Canto! / ¡Te saludo con alegría, amado lugar! / Aquí nacerán, brotarán sus canciones; / Que disiparán esos lúgubres sueños... / ¡Tan triste me parecías cuando él se decidió a marchar! / Me quedé, yo sin paz, y tú sin alegría.
8. Celestina Boninsegna (1877-1957)
Debut: 1897 (20 años).
Categoría vocal: soprano mediana.
Grabación: “Bel raggio lusinghier” (“Un bello, maravilloso rayo”), de Semiramide (“Semíramis”) Gioacchino Rossini, grabación de estudio de 1910. Boninsegna interpreta a Semiramide, reina de Babilonia, quien expresa su alegría ante el regreso de Arsace, el más valiente guerrero de su reino y a quien ama. Infortunadamente, ella no sabe que Arsace es su hijo.
Primera estrofa: Un bello, maravilloso rayo / De esperanza y de placer / Brilla al fin para mí. / Arsace volvió, sí, y vendrá a mí. / Mi alma, que hasta ahora / Gimió, tembló, languideció... / ¡Oh! ¡cómo vuelve a renacer! / Todos mis pesares desaparecieron; / Del corazón, del pensamiento, / Se alejó el terror.
9. Elisabeth Rethberg (1894-1976)
Debut: 1915 (21 años).
Categoría vocal: soprano ligera.
Grabación: “Einsam in trüben Tagen” del acto I de Lohengrin de Richard Wagner (“Sola, en los tristes días”), grabación en vivo de 1940 en la Metropolitan Opera House. Elsa von Bravant, interepretada por Rethberg, se encuentra enjuiciada por la desaparición de su hermano. Cuando se le pide dar testimonio, ella responde relatando cómo en sueños se le apareció un maravilloso caballero dispuesto a defenderla.
Primera estrofa: Sola, en los tristes días, / imploré a Dios, / desahogando en mis plegarias / las profundas amarguras / de mi corazón. / De mis gemidos brotó un lamento tal, / que sus poderosos acentos / se extendieron por el aire. / Lo oí sonar a lo lejos, / hasta casi ser imperceptible. / Después se cerraron mis ojos / y quedé sumida en un dulce sueño.
10. Yvonne Gall (1885-1972)
Debut: 1908 (23 años).
Categoría vocal: soprano ligera.
Grabación: “D’amour l’ardente flamme” (“La ardiente llama del amor”) del acto IV de La Damnation de Faust (“La damnación de Fausto”), grabación de estudio de 1929. Cerramos volviendo a la historia de Fausto, ahora Faust. Gall interpreta a su amada, Marguerite, quien aquí simplemente expresa el amor que la consume.
Primera estrofa: La ardiente llama del amor / consume mis hermosos días. / ¡Ah, la paz de mi alma / Ha huido para siempre! / Su partida, su ausencia / Son para mí el ataúd / Y lejos de su presencia / Todo me parece estar en duelo. / Entonces, mi pobre cabeza se / Irrita al instante, / mi frágil corazón se detiene / y, después, siento que me congelo.
