Por el destino de las palabras caminan, a menudo de forma paralela, la crudeza de la realidad y el refugio de la lírica. Pocas personas encarnan este contraste con tanta gracia y entereza como Yenis Navarro Tinoco. Nacida en la calidez de Barranquilla, pero profundamente adoptada y radicada en Cartagena de Indias, Yenis ha sabido amalgamar la audacia de la reportería judicial e investigativa con la delicadeza mística de la poesía caribeña.
Para Yenis, la comunicación no fue un accidente, sino una vocación construida desde las bases del lenguaje. Inicialmente se graduó como Licenciada en Educación con especialización en Filología por la Universidad del Atlántico. Su carrera en los medios comenzó gracias a una herramienta natural e intransferible: su voz. Haciendo radioteatro en Barranquilla e interpretando voces que iban desde niñas hasta ancianas, Yenis descubrió el valor del sonido humano: “La voz que es un instrumento, que es como una huella sonora, que nos identifica y que es distinta en cada ser humano...”.
Esa sólida base filológica le permitió validar materias y entrar directamente al tercer semestre de Comunicación Social en la Universidad Autónoma del Caribe, alternando sus clases con programas radiales en Caracol Estéreo. Sería el inicio de una trayectoria vertiginosa por grandes casas informativas del país como QAP Noticias, CV Noticias, la Agencia EFE, Blu Radio, Caracol Radio y Caracol Televisión. Lea: Luis Darío Bernal: el sembrador de lectores que cumple 60 años de trayectoria
Alma de reportera
“Yo tengo alma de reportera. Siempre lo tuve”, afirma Yenis con la convicción de quien realmente ha caminado el territorio, quien es testigo de la Colombia profunda . Al trasladarse a Bogotá, se integró directamente a la prestigiosa Unidad de Investigaciones (o Informes Especiales) de Caracol Televisión. Allí, los Derechos Humanos y el orden público se convirtieron en su día a día. Le tocó reportar desde los momentos más álgidos del conflicto en los Montes de María y el Chocó, e incluso cubrir el histórico Proceso de Paz en La Habana, Cuba.
De sus andanzas como cronista de televisión le quedan cicatrices en el alma y una profunda empatía por las víctimas. Su mayor dolor siempre fue el desarraigo: “Ver a los campesinos... el desplazamiento forzado, el desarraigo es lo que más le duele a los campesinos”.
Entre sus memorias más desgarradoras sobrevive un viaje al Río San Juan, en el Chocó. Un 24 de diciembre, los habitantes de una población ribereña tuvieron que huir ante la inminente llegada de los paramilitares. Salieron en lanchas, sin equipaje, vestidos “como si fueran para una fiesta” para no despertar sospechas en los retenes ilegales, sabiendo que dejaban atrás su vida entera. Al llegar al pueblo fantasma, Yenis retrató la crudeza de la guerra congelada: un caldero con agua de lluvia sobre tizones apagados, los zapatos de un niño colgados en una baranda y una amenaza de muerte pintada en el tablero de la escuela.

Fue en ese mismo viaje donde Yenis demostró que para ella la ética no es negociable. Aunque su camarógrafo logró grabar de forma oculta a miembros de las llamadas ‘Águilas Negras’, decidió guardar las cintas y no emitir la primicia informativa para proteger la vida de los sacerdotes y civiles que los acompañaban en la zona. Su filosofía frente al oficio sigue siendo un faro moral: “Primero, digamos, la vida, los seres humanos más que una chiva. Es mejor una noticia bien hecha, una crónica bien hecha y no arriesgar a las personas por una chiva”.
Con esa misma autoridad que le da la experiencia de campo, Yenis observa con preocupación el rumbo del periodismo contemporáneo, criticando el sedentarismo digital y la pérdida de rigurosidad: “Estamos viviendo el periodismo del copy paste... todo les llega masticado, por así decirlo. Les llega la entrevista ya hecha... pero lo más grave es el copiar tal cual el texto”. Su llamado a las nuevas generaciones de comunicadores es claro y tajante: “El consejo es: tienen que investigar. Los gobernantes no hacen todo bien... investigación, contrastación, ética ante todo. Que no se piense que los periodistas tenemos un precio”.
El arrebato de la palabra: Refugio y consagración literaria
Tras haberle puesto la cara a la crudeza de la guerra, Yenis encontró en la literatura su cable a tierra y su elevación espiritual. El paso de la crónica a la poesía fue orgánico: “La crónica tiene mucho de poesía, de hecho se habla de la prosa poética”. Escribe a mano desde los 14 años y concibe la creación lírica como un proceso intuitivo y vivo, donde las metáforas brotan con texturas casi cotidianas. Así lo plasma en su pieza Artesana del universo:
“Soy la rueca / Soy el hilo / Soy la seda / La puntada sin dedal. / Tejo las edades que me precedieron / Soy la escritura en clave de sol y lluvia (...) Búscame en los rincones de la casa / En el baúl de los recuerdos…”.
Su gran carta de presentación literaria es el poemario «Al lado este de mis memorias» (publicado en 2022 y expandido en una segunda edición en 2023). En sus páginas realiza un viaje místico donde explora el tiempo, el amor y el tránsito hacia la muerte.
Su talento la ha llevado a cruzar fronteras. En el año 2023 participó en el prestigioso Concurso Internacional de Poesía Iberoamericano «Grito de Mujer», logrando el gran mérito de ser una de las tres únicas colombianas seleccionadas para formar parte de su antología internacional. Asimismo, sus versos recientes enriquecen antologías como Voces del Caribe Colombiano, Mujeres Independientes, La Voz de la Cigarra, Poetas Independientes y Dulces Mujeres del Portal.
Es en estas producciones colectivas donde Yenis levanta la voz por las causas más urgentes de su país. El dolor de los familiares de los desaparecidos en Colombia, una realidad que antes narraba en los noticieros con la frialdad del micrófono, hoy se transforma en una elegía punzante y humana en su poema Estar y no estar muertos:
“Siempre hablar de ellos para mantenerlos vivos. / En la silla vacía de la casa. / En el aire que es aliento. / En el espacio con su nombre y sin su forma. / En el silencio interno de las plegarias. / (...) Estar muertos, y vivos en el rosario de la tarde, / en el Ave María de la misa del domingo.”
Es la mirada lírica puesta sobre la dolorosa “esperanza perenne” de las madres y buscadoras que no han podido hacer un duelo debido a la incertidumbre. En sus versos también se asoma un profundo canto ecológico, donde la naturaleza habla en primera persona: “Hoy mi corazón está sembrado en las montañas. / Miro al cielo desde mis ojos de río. (...) Oh tierra, soy raíz y soy musgo y el canto de mil aves. / No calles cigarra, no calles ruiseñor, canta la verdad”.

El legado de una gran mujer
Miembro activo del Parlamento Internacional de Escritores y de la Asociación de Escritores de la Costa, Yenis Navarro Tinoco no se detiene; actualmente tiene listos para ver la luz dos nuevos poemarios y su primer libro de cuentos.
Al preguntarle cómo le gustaría ser recordada en el futuro, la respuesta de esta escritora se despoja de los egos profesionales para abrazar la sencillez de lo humano:
“Muy sencillo: como una gran persona, como una persona servicial, con una persona preocupada por lo que le pasa al prójimo... recordar la sensibilidad, la preocupación por otros... se recuerda tal vez una gran periodista, poeta, una gran mujer”. Lea: Limberto Tarriba, poemas de un pintor
Yenis Navarro sigue tejiendo palabras, demostrando que detrás de la mirada perspicaz de la cronista que alguna vez cuestionó la guerra, habita el alma eterna de una artesana del universo, sensible ante el dolor y la oculta belleza del mundo.

