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Y tú, ¿para cuándo? El peso de la maternidad sobre las mujeres

El documental Un hijo propio abre una conversación sobre los mandatos sociales que todavía condicionan las decisiones reproductivas de las mujeres.

Y tú, ¿para cuándo? El peso de la maternidad sobre las mujeres

La maternidad continúa ocupando un lugar particular en la manera en que socialmente se entiende a las mujeres // Generada con IA.

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“Y tú, ¿para cuándo?” La pregunta puede aparecer en una reunión familiar, entre amigas, en una consulta médica o incluso en una primera cita. A veces llega acompañada de una sonrisa; otras, de una advertencia: “se te va a pasar el tiempo”, “después te vas a arrepentir” o “los hijos son los que quedan cuando uno envejece”.

Parece una pregunta sencilla. Pero no siempre lo es. Para una mujer que no quiere ser madre, podría convertirse en una forma de cuestionar una decisión personal. Para quien desea tener hijos y no puede, toca una herida que todavía no se ha cerrado. Para quien ha perdido un bebé, trae de vuelta el duelo. Y para quien aún no sabe si quiere ser mamá, puede hacerle sentir que existe una respuesta correcta que debe encontrar antes de que sea demasiado tarde.

La maternidad continúa ocupando un lugar particular en la manera en que socialmente se entiende a las mujeres. Esa es una de las reflexiones que plantea Un hijo propio, el documental de la directora chilena Maite Alberdi, que reconstruye la historia de Alejandra, una mujer mexicana que, después de atravesar varias pérdidas gestacionales y una fuerte presión de su entorno por tener un hijo, fingió un embarazo y terminó involucrada en el robo de una bebé.

La historia es extrema y el delito es innegable. Sin embargo, detrás de esa conducta queda una pregunta que también debe hacerse sobre situaciones mucho más cotidianas: ¿cuánto de lo que una mujer hace alrededor de la maternidad nace realmente de ella y cuánto responde a lo que aprendió que debía hacer?

Una mujer no nace con una deuda de maternidad

Claudia Ayola, psicóloga con experiencia en derechos sexuales y reproductivos y psicología forense, lleva más de tres años investigando casos de mujeres que han simulado embarazos y que, en algunos casos, han llegado a cometer delitos relacionados con el robo de bebés.

Su trabajo le ha permitido identificar algunos patrones que, aunque no pueden trasladarse automáticamente al caso de Alejandra, ayudan a comprender las dimensiones psicológicas que aparecen alrededor de estas historias.

Uno de ellos tiene que ver con la relación entre maternidad y pareja. “¿Quiero ser mamá porque yo quiero ser mamá o porque quiero que él se quede al lado mío?”, plantea Ayola como una de las preguntas que deberían hacerse las mujeres frente a la maternidad.

En América Latina, explica la experta, existe una fuerte asociación entre ser mujer y ser madre. Culturalmente se ha enseñado que la maternidad puede ser determinante para la realización femenina, hasta el punto de hacer parecer que una mujer no termina de completarse si no es madre.

La idea comienza mucho antes de que exista una decisión reproductiva. Desde niñas, las mujeres reciben referentes sobre cómo deberían ser, qué deberían desear y cuál debería ser su lugar dentro de la familia. Entre esos mensajes aparece, una y otra vez, la maternidad.

Cuando un hijo se convierte en una prueba de amor

En Un hijo propio, la maternidad tampoco aparece únicamente relacionada con el deseo de tener un bebé. Está atravesada por el miedo a perder a la pareja.

Ayola explica que, en algunos de los casos que ha estudiado, las mujeres buscan la maternidad no solo porque desean ser madres, sino porque creen que un hijo puede hacer que un hombre permanezca a su lado.

“Quedar embarazada para que el tipo se quede al lado mío” es, según la psicóloga, una situación que puede aparecer incluso fuera de los casos que investiga.

Así, el embarazo puede terminar entendido como una especie de pegamento para la relación: si la pareja está en crisis, un hijo podría unirla; si existe miedo al abandono, podría evitarlo; si la relación necesita reafirmarse, un bebé podría convertirse en la manera de hacerlo.

Pero detrás también aparece otra necesidad: la validación.

No solamente se trata de ser amada, sino de sentirse elegida y reconocida. Culturalmente, explica Ayola, se ha construido una relación entre amor romántico, reconocimiento social y maternidad. Ser pareja, esposa o “la madre de los hijos” de un hombre puede convertirse en una forma de “estatus”.

“No quiero ser mamá”

La presión también recae sobre las mujeres que no quieren tener hijos. Cada vez más mujeres cuestionan la maternidad como una obligación y deciden priorizar otros proyectos: estudiar, viajar, construir una carrera, emprender o simplemente vivir sin hijos.

Sin embargo, la decisión todavía suele venir acompañada de preguntas y advertencias: “Ya cambiarás de opinión”, “cuando seas mayor te vas a arrepentir”, “¿quién te va a cuidar cuando seas vieja?” o “te vas a quedar sola”.

Para Ayola, uno de los cambios necesarios consiste precisamente en dejar de mirar a las mujeres que no tienen hijos como si estuvieran incompletas.

Porque mientras una mujer sin hijos sea percibida como alguien a quien “le falta algo”, la maternidad continuará funcionando como una meta que hay que alcanzar para sentirse realizada.

La pregunta, entonces, no debería ser por qué una mujer decidió no ser madre. También habría que preguntarse por qué todavía sentimos que tiene que explicarlo.

Cuando sí quiere, pero no puede

La presión adopta otra forma cuando una mujer sí desea ser madre, pero no consigue tener hijos.

En esos casos, “y tú, ¿para cuándo?” puede convertirse en una herida. Detrás puede existir un tratamiento de fertilidad, una pérdida gestacional, un diagnóstico médico, una histerectomía o años de intentos que nadie conoce.

Ayola considera que la vida reproductiva de las mujeres necesita mayor acompañamiento en salud mental. No solamente durante el embarazo, sino también cuando se busca y no se consigue, cuando se pierde un bebé, cuando se atraviesa una histerectomía o después del parto.

“Debería haber más acompañamiento en la vida reproductiva de las mujeres”, sostiene.

Una conversación que empieza desde niñas

Para entender por qué la maternidad puede adquirir tanto peso, la psicóloga propone mirar mucho más atrás que el momento en que una mujer decide tener o no tener hijos.

Hay que mirar cómo se educa a las niñas. Qué referentes reciben. Qué mujeres ven como modelos de éxito. Qué escuchan sobre el amor, el matrimonio y sus propios cuerpos.

Las niñas deberían crecer entendiendo que una mujer puede desarrollarse en múltiples escenarios: la ciencia, el arte, el deporte, la política, la escritura, una profesión, un emprendimiento, sus proyectos personales y también, si así lo desea, la maternidad.

El problema aparece cuando solo existe un camino.

“Si tú creces creyendo que ese es tu único escenario”, explica Ayola, “se vuelve una urgencia”.

No hay una única manera de ser mujer

Quizás uno de los grandes problemas está en que la sociedad ha construido demasiadas instrucciones alrededor de la vida de las mujeres.

“Muy temprano”. “Muy tarde”. “Uno”. “Dos”. “Busquen la parejita”. “¿Cuatro hijos?” “¿Cómo se te ocurre?”.

Ayola describe esta sucesión de voces como una especie de mandato permanente que acompaña a las mujeres durante sus distintas etapas reproductivas.

Y no termina con la maternidad. Después llega otro mandato: ser una “buena madre”. Una mujer puede tener hijos y trabajar, pero entonces aparece la pregunta de cómo hace para cumplir con todo. Puede quedarse en casa y ser cuestionada por no trabajar. Puede ser profesional y sentir que debe demostrar que no descuida a sus hijos.

La maternidad puede ser un proyecto de vida, pero no debería convertirse en una medida para determinar cuánto vale una mujer.

Un hijo propio cuenta una historia extraordinaria, pero las preguntas que deja no lo son. Están en las conversaciones familiares, en las parejas, en las redes sociales y, muchas veces, dentro de las propias mujeres.

“Si no tengo hijos, no soy suficiente”.

“Si no tengo hijos, me voy a quedar sola”.

“Si él no tiene un hijo conmigo, se va a ir”.

“Si no soy madre, ¿qué soy?”.

Frente a esas voces, quizá la pregunta más importante sea otra: ¿qué quiero yo?

Para Ayola, que las mujeres puedan hacerse esa pregunta desde pequeñas es parte del cambio que todavía está pendiente.

No se trata de decirles que tengan hijos ni de convencerlas de que no los tengan. Se trata de que puedan decidirlo sin miedo, sin culpa y sin sentir que dejar de ser madre significa dejar de ser suficiente.

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