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‘El armisticio’ del pacificador Morillo y el libertador Bolívar

Hace exactamente 200 años, Simón Bolívar y Pablo Morillo se citaron en Santa Ana (Venezuela), para firmar los acuerdos de ‘El tratado de armisticio’, pero la paz nunca se dio.

EL UNIVERSAL

27 de noviembre de 2020 09:04 AM

Pedro José Mercado Tinoco / Especial para El Universal

Hace doscientos años, el 27 de noviembre de 1820, se entrevistaron el libertador Simón Bolívar y el mariscal de campo Pablo Morillo en la población de Santa Ana (Venezuela), para firmar los acuerdos de ‘El tratado de armisticio’, que buscaba cesar los combates entre las tropas españolas y los ejércitos patriotas, acabar con aberrantes prácticas de la llamada guerra a muerte y llegar a una posible paz.

Esa paz no llegó. El 17 de diciembre de ese mismo año, Pablo Morillo, quien se hacía llamar ‘El Pacificador’, Conde de Cartagena y Marqués de La Puerta, viajó a España y el general Miguel de la Torre quedó al mando del ejército realista.

Después del armisticio se presentaron fuertes batallas que, entonces sí, sellaron para siempre la independencia de los pueblos de América del Sur: noche de San Juan, 24 de junio de 1821 -Cartagena-; Carabobo, 24 de junio de 1821 y batalla de Maracaibo, 24 de julio de 1823 -Venezuela-, batallas de Junín, agosto de 1824, y Ayacucho, 9 de diciembre de 1824 -Perú.

Es importante la información y escritos del historiador cartagenero Manuel Ezequiel Corrales en sus obras del siglo XIX: “Documentos para la historia de la provincia de Cartagena, hoy Estado Soberano de Bolívar” y otros escritos sobre el pacificador Morillo: “Documentos de la Reconquista de la Nueva Granada”.

El Sitio de Cartagena

El Sitio de Cartagena se inició el 18 de agosto de 1815, un cerco infranqueable a una población que tenía aproximadamente 18.000 habitantes. Para cumplir con rigurosidad este cerco y evitar la llegada de alimentos y de voluntarios a la ciudad, Morillo desplazó varias compañías de la tropa a los pueblos de la provincia de Cartagena. Esta responsabilidad la asumieron los tenientes coroneles Julián Bayer, Antonio Feminaya y los capitanes Simón Sicilia, Jaime Bach y Alcántara Moreno.

Las primeras poblaciones sometidas durante los meses de agosto, septiembre y octubre fueron: Turbana, Galapa, Usiacurí, Soledad, Pueblo Nuevo, Turbaco, San Estanislao, Baranoa, Manatí, Malambo, Sabana Grande, Villanueva, Sabanalarga, Santo Tomás, Candelaria, San Cayetano, Campo de la Cruz, Barranca Vieja, San Juan Nepomuceno, San Jacinto, Arjona, Mahates, Santa Catalina, Tetón, Santa Rosa y Barranquilla.

La campaña siguió a las llamadas sabanas de Tolú o Corozal con el Regimiento de Infantería de Cazadores de Extremadura y La Columna Volante del Ejército Expedicionario, el cual eligió a Corozal como centro de sus operaciones militares y en esta ocasión las poblaciones sometidas fueron: Ayapel, Achí, Algarrobo, Tiquisio, Cáceres, Palmarito, San Benito, Lorica, San Sebastián, San Pelayo, Cereté, Montería, Purísima Tacasaluma, Jegua y Santiago.

‘El armisticio’ del pacificador Morillo y el libertador Bolívar

Los primeros mártires

Los primeros hechos sangrientos se presentaron en los poblados de Malambo, Santa Catalina y Chimá. En Malambo, el día 16 de agosto fallecieron 20 patriotas. En Santa Catalina, el 20 de agosto, cuando se iniciaba el bloqueo a Cartagena por mar y tierra, murieron 30 patriotas; y en Chimá, los días 19 y 20 de septiembre fallecieron otros 30 defensores de la independencia de la Provincia. Estos hombres, que entregaron sus vidas por una causa justa, son héroes en el anonimato.

El sitio a Cartagena generó una verdadera crisis a sus habitantes por la hambruna y enfermedades que afectaron a toda la población. Ante la difícil situación, el venezolano Francisco Sanarrucia, capitán del Regimiento Fijo, como voluntario y en compañía de 10 soldados que estaban bajo su mando, logró romper el cerco militar en la mañana del 8 de octubre y condujo ocho embarcaciones cargadas de víveres por el caño del Estero, canal que comunica a la bahía de Barbacoas con Cartagena. Sin embargo, Sanarrucia fue sorprendido en una emboscada que le prepararon los capitanes Simón Sicilia y Alcántara Moreno, quienes estaban al mando de 60 soldados del regimiento de Cazadores.

Sanarrucia, valeroso militar que sobresalió por su heroísmo en las batallas de Mancomoján y Ovejas, el 12 y 14 de noviembre de 1812, también estuvo en la defensa del cerro de La Popa con Lino de Pombo y Judas Tadeo Piñango. Al ser sorprendido por militares españoles, no se entregó, se quitó la vida de un pistoletazo. Su cadáver fue decapitado y llevado como trofeo de guerra al cuartel de Torrecillas, en Turbaco, en donde fue enterrado. Ahí quedaba el comando central de operaciones militares de Pablo Morillo.

Los últimos defensores

Al atardecer del 5 de diciembre de 1815 salieron al exilio en el bergantín inglés “Constitución”, que estaba al mando de Louis Michel Aury, los patriotas venezolanos: Carlos Soublette, Judas Tadeo Piñango, Antonio José de Sucre, Mariano Montilla y el cubano matancero Pedro Romero, quien desde muy joven se estableció en Cartagena y fue uno de los promotores del Grito de Independencia del 11 de noviembre de 1811. Estos defensores encontraron refugio en Haití y Jamaica.

Otros mártires

El 6 de diciembre entró al recinto amurallado el ejército de Pablo Morillo, una fuerza militar de 10.000 hombres que, al sitiar la ciudad desde mediados de agosto, cobraron la vida de 3.125 militares de la resistencia. Un buen número de defensores de la vencida ciudad que pretendían marchar al exilio fueron apresados y degollados.

Entre las heroínas de la resistencia estaba Eugenia Arrázola, una joven turbaquera que fue sorprendida pasando información a los soldados y defensores patriotas, y al ser capturada por la tropa española fue llevada al patíbulo y ejecutada.

Otras mujeres ejecutadas fueron: María Josefa Fernández, Leonor Guerra, Ángela Llanos, Isabel Narváez, Ana Pombo Amador, Salvadora Aloa, María Ignacia Piñeres, Micaela Piñeres, Nicolasa Piñeres, Francisca de Esquiaqui y Josefa Sayas. Hay una estatua en el centro del “Camellón de los Mártires”, homenaje a las heroínas con una inscripción “Noli Me Tangere” (No me toques).

El 24 de febrero de 1816, fueron ahorcados o pasados por las armas los llamados mártires de Cartagena, nueve dirigentes de la clase social y política: los cartageneros Manuel del Castillo, Martín Amador, Antonio José Ayos y José María García de Toledo, el momposino Pantaleón Germán Ribón, el irlandés Santiago Stuart, el samario Miguel Díaz Granados, el español Manuel de Anguiano y el bogotano José María Portocarrero. Los mármoles de estos héroes enaltecen sus memorias en el “Camellón de los Mártires”.

Dicen que fue tan agresivo El Pacificador y su tropa con la población cartagenera que muchas personas enfermaron y murieron de hambre. En total, fallecieron 6000 habitantes. Los esclavos que reclamaban conseguir su libertad, fueron asesinados, aproximadamente 40 afrodescendientes.

El Pacificador Morillo no presenció la ejecución. Salió días antes del 24 de febrero de 1816 a continuar su campaña de terror y violencia desplegando varias columnas hacia el interior de la Nueva Granada: el coronel Francisco Warleta se ocupó de la provincia de Antioquia; el capitán Donato Ruíz de Santacruz, ascendió el río Magdalena y se dirigió a la provincia de Neiva; el coronel Sebastián de la Calzada ingresó a la provincia de Ocaña; el coronel Miguel de la Torre, caminando por la margen derecha del río Magdalena, avanzó a la capital, Santafé de Bogotá; el coronel Julián Bayer ingresó por el río Atrato y llegó a la provincia del Chocó; el brigadier Juan Sámano, con su tropa, mantuvo el dominio de San Juan de Pasto.

El comandante del Ejército Expedicionario, Pablo Morillo, llegó a Santafé de Bogotá el 26 de mayo de 1816 y con su régimen de terror instauró el Consejo de Purificación, la Junta de Secuestro y Consejo de Guerra Permanente, instituciones que dieron cumplimiento a los fusilamientos, destierros y confiscación de bienes.

Después de Santafé de Bogotá ordenó fusilar y ahorcar a los independientes en Tunja, Zipaquirá, Facatativá, Popayán, San Gil, Socorro y otras poblaciones. Escritores e historiadores se refieren a 125 patriotas ejecutados.

En Santafé de Bogotá ejecutaron a Camilo Torres Tenorio, Antonio Villavicencio, Francisco José de Caldas y Tenorio, Jorge Tadeo Lozano, José María Carbonell, Manuel Rodríguez Torices y José Joaquín Camacho.

Otros ejecutados: Alejo Sabaraín Ramos, Policarpa Salavarrieta y en el Socorro Antonia Santos Plata.

El “Pacificador” Morillo hizo padecer hasta la muerte al pueblo colombiano y su brutalidad parece haberse extendido hasta nuestros días, cuando seguimos viendo masacres, asesinatos de líderes y defensores de derechos humanos, líderes sociales; dirigentes campesinos, obreros, sindicalistas, estudiantes, docentes, periodistas. Si no hay justicia social, la verdadera paz no llegará.

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