Cultural


La historia de Carlos Castro, el cineasta que nació en ‘Los Calamares’

El cineasta cartagenero de 36 años ha liderado producciones basadas en casos reales de víctimas cuyas historias permanecen en el desconocimiento.

DIANA ACOSTA H.

10 de septiembre de 2023 12:00 AM

Un grupo de mujeres están sentadas alrededor de una mesa sobre la que están dispuestos retazos de telas e hilos, guardados cuidadosamente en cajitas. Durante muchos años, las mujeres de Mampuján, una subregión de los Montes de María en Bolívar se han dedicado a hacer memoria de la guerra a través del arte; levantaron su voz, obligada al silencio y fueron cosiendo sus heridas puntada a puntada.

En el mes de marzo del año 2000, un grupo de paramilitares del bloque Montes de María arribó a esta población anunciando que matarían a todos los habitantes del lugar, tal como lo habían hecho treinta días antes en El Salado, corregimiento que fue escenario de una de las masacres más atroces perpetuadas en Colombia. En Mampuján ocurrió todo lo contrario: los paramilitares tomaron una lista entre sus manos y leyeron uno a uno los nombres de quienes para ellos habían colaborado con la guerrilla. Luego de anunciarlos y habiendo intimidado a mujeres y niños, sucedió lo que para ellos fue un milagro. De manera repentina la orden cambió, no matarían a nadie, pero todos deberían irse de manera inmediata. Vaciaron sus casas, agarraron lo poco que pudieron y se desplazaron a Marialabaja. Estando allí la Alcaldía les cedió espacios en un colegio y en un prostíbulo, lugares en los que estarían solo un par de días y que luego se convertirían en tres interminables años. Lea aquí: Prepárese para los Premios Macondo, lo mejor del cine colombiano

El sueño de ser cineasta

Para ese mismo año en el barrio Los Calamares, en Cartagena, un niño de 14 años empezaba a despertar su gusto por el cine, alternándolo con su indomable amor por los libros, que serían al menos 1.500 ejemplares en la biblioteca que construyó su familia. Estudió literatura y lingüística mientras trabajaba en una productora local, lugar en el que agarró por primera vez una cámara y al borde de la obsesión descubrió un mundo que se le abría de repente frente a sus ojos.

Comenzó con una investigación sobre una polémica que sacudió al país. En el mes de mayo del 2014, 23 niñas de El Carmen de Bolívar sufrieron desmayos después de que fueron vacunadas contra el virus del papiloma humano. Las imágenes registraban a adolescentes desmayadas siendo trasladadas en motos y ambulancias, un panorama perturbador y del que, nueve años después, se desconocen las causas. De ahí nació ‘El dolor de las cigarras’, una producción basada en casos reales de niñas y jóvenes que convulsionaban durante las noches y que eran protegidas únicamente por el amparo de sus padres. Lea aquí: ¿Qué tanto se lee en Cartagena? Tres historias, tres voces sobre la lectura

El poder de las historias

Seis años después, llegó hasta Mampuján con el propósito de desentrañar las historias montemarianas y dar vida a personajes elaborados manualmente con telas de colores. Conoció a ‘Las tejedoras de Mampuján’, el colectivo de mujeres que a punta de esfuerzo habían logrado convertir los recuerdos del conflicto armado en tapices que narraban las dolencias. Cosían las escenas que vivieron, el rostro de sus familiares y las memorias de todo lo que dejaron en sus tierras. Le sorprendió la pujanza de cada una de ellas pero al mismo tiempo la resiliencia con la que enfrentaron el desplazamiento forzado: “Fue una película que siempre me soñé porque tenía una conexión con los Montes de María. Era una historia de dolor pero al mismo tiempo de resistencia”, cuenta.

‘Una puntada, una lágrima’ es un cortometraje animado coproducido con una animadora argentina. //Foto: cortesía.
‘Una puntada, una lágrima’ es un cortometraje animado coproducido con una animadora argentina. //Foto: cortesía.

Decidió que el corto debía ser coproducido con Isabel Macías, una animadora argentina y directora de SanQuirino Studio, quien se encargaría de la animación en stop motion, una técnica que consiste en aparentar el movimiento de objetos en reposo.

Se fabricó fortaleciendo esa mezcla entre la capacidad de escribir, construir historias y también el interés sobre los derechos humanos.

Carlos Castro.

La sinopsis de la historia comienza así: campesinos en un pueblo en medio de las montañas cultivan tabaco, yuca y maíz. Cinco niños corren detrás de una gallina en las calles de arena, y cerdos pequeños se les cruzan en el camino. Una mujer borda en la puerta de una casa de madera. Janiris Pulido (19) prepara chicha fresca, y sale a vender de casa en casa mientras escucha los rumores del miedo. En la cantina del pueblo, dos grupos de hombres toman cervezas y conversan sobre la guerra, y preparan los gallos para una pelea; cada gallo representa a un bando. Un helicóptero militar sobrevuela las montañas, y cientos de papeles caen del cielo con el siguiente mensaje: “coman, beban y celebren las fiestas de fin de año que éstas serán las últimas”.

El corto narra la historia de las Tejedoras de Mampuján. //Foto: cortesía.
El corto narra la historia de las Tejedoras de Mampuján. //Foto: cortesía.

El cortometraje se mira con el corazón en la mano, a través de las escenas se descubre cómo el campo vive una transformación drástica, la naturaleza percibe el dolor de la guerra. En los rincones de las calles se escuchan rumores de que fulano mal vendió la tierra, mientras en el fondo sobresale la voz de una vendedora de chicha que sale todos los días a buscar el sostenimiento de su hogar. Llegan a los oídos del pueblo que hay un nuevo muerto, detonando la angustia de que no sea un amigo, un familiar, un amante. Nadie escucha ya la radio, el silencio, obligado y sometido, carcome la vida de un pueblo que apacigua el miedo con altares a la Virgen del Carmen, a quien adornan con cientos de velas desgastadas, las únicas capaces de brillar en la oscuridad. Lea aquí: Santiago Vargas, el joven paisa que vive de vender poemas en la calle

‘Una puntada, una lágrima’ representa el esfuerzo de dos talentosos artistas que deciden acercarse a la historia de un grupo de mujeres que agarraron trozos de tela, enhebraron las agujas y comenzaron a coser puntada a puntada, su propio dolor.

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