Cultural


Petrona Martínez, semilla prodigiosa

No solo sus herederos sino los grupos folclóricos de toda Cartagena y el Caribe festejan la heredad musical de Petrona Martínez. ¡Honores para la reina del bullerengue!

GUSTAVO TATIS GUERRA

03 de abril de 2022 12:00 AM

La primera vez que Petrona Martínez irrumpió en la sala del diario El Universal, yo sentí el aire caliente del arroyo que cruzaba por su patio de Palenquito y fue como un soplo de música que nos dejó levitando a todos.

¿Quién es?, me preguntaron cuando vieron a aquella mujer recia, tallada en madera de roble, con una ancha y luminosa sonrisa y una pollera de flores diminutas de verano que bailaban al ritmo de su cuerpo. Solo se me ocurrió decir que era la Reina del Bullerengue; hasta este instante, Petrona jamás se había ganado ninguna convocatoria de bullerengue, pero ya su nombre flotaba en el arroyo de aguas lentas en verano a golpes de manducazos de música y hacía felices a los areneros de Palenquito. Sí. Era y ha sido la Reina del Bullerengue, porque Petrona no solo cantaba por ella misma sino por las voces y espíritus de sus ancestros, y su voz no nos devuelve siempre al ritmo acompasado de la memoria de nuestros abuelos, al ombligo enterrado debajo del tamarindo y al encanto de los gallos y las gallinas que se encaraman en la primera luz de la madrugada para estallar su primer canto que se quiebra como cristal entre la neblina. Lea aquí: La tierna reacción de Petrona Martínez al recibir su Premio Grammy

Petrona Martínez, semilla prodigiosa

No dudé jamás que era la reina de un ritmo ancestral que ella misma ha pulido con la paciencia con que acaricia a sus cerdos y a sus gallinas, y con la ternura con que dispone el sancocho familiar y reinventa la voz perdida en el tiempo de su abuelita que le cantaba bullerengues y al regresar convertida en memoria el impacto se fortalece en melodía, y en recuerdo convertido en música de patio. Petrona es una mujer con una fortaleza gigantesca y sus hijas han heredado ese talante, al igual que su hijo Álvaro Llerena Martínez, que quedó atrapado con la música de una sirena española y no regresó a la casa porque el mundo requería de su música y el embrujo de la música de su madre. Toca su tambor, que ha sido moldeado por la madera de su aldea y con la piel del venado que aún sigue cantando debajo de sus manos.

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Regresó ahora a acompañar a su madre en sus ochenta y tres años y a estar presente en el Festival de Música Ancestral Petrona Martínez, que reúne a todos los herederos que son no solo su familia, sino toda la tribu dispersa en San Cayetano, Palenque, Palenquito, Mahates, Canal del Dique, Cartagena y todo el Caribe. El trofeo del Latin Grammy al Mejor álbum Folclórico a Ancestras, de Petrona Martínez, relumbra en las manos de la cantadora y de sus hijos, y esplende como un tesoro en las voces y en los cuerpos de los grupos folclóricos que acompañan a la artista en su propia casa, gracias al apoyo del Ministerio de Cultura y de cómplices secretos y públicos que saben que el bullerengue es un arte para seguir apostando a la vida; Guille Valencia Hernández, el tamborero de Petrona, ha adivinado en su búsqueda, que en los mismos pasos del músico y de la cantadora se ha reencontrado con los pasos de su padre el Compae Goyo, quien conoció a Petrona y anduvo con Totó la Momposina. Cuando Guille le leyó las historias del reino de Melquíades, ella las tenía grabadas en la piel porque venía de otro reino encantado, el de Lamba, donde los muertos hablan y salen a bailar por las noches.

Petrona Martínez, semilla prodigiosa

Petrona se adelantó al designio divino, y antes de que los ángeles quisieran llevársela, ella fue la semilla prodigiosa de un bosque que no da frutos sino canciones. Y antes de todo, ella hizo de su vida una gran fiesta de bullerengues, perpetuando la tradición de sus ancestros en sus hijas y en ese muchacho tamborero Álvaro que es su hijo, capaz de sacarle música a un coco que acaba de derribar el viento.

Petrona ya escribió su historia dorada en la música de Colombia y del mundo. Solo hay que acompañarla, celebrarla, festejarla y bailarla. Sigue reinando como una diosa de luz y esplendor en el tiempo. Lea además: ¡Larga vida a Petrona Martínez!

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