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Harold Ramírez: el hombre detrás del pelotero

El cartagenero que llegó a las Grandes Ligas encontró en México un nuevo escenario para brillar y una causa que lleva siempre consigo.

Harold Ramírez: el hombre detrás del pelotero

Los hits no llegan por casualidad. Hay años de trabajo detrás de cada swing. // Foto: @haroldramirez16

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Hay algo que ocurre cuando se comparte un rato con un deportista lejos de la formalidad de una entrevista: aparecen detalles que las estadísticas jamás cuentan. Eso me pasó con Harold Ramírez. Tuve la oportunidad de compartir con el beisbolista cartagenero durante un entrenamiento para grabar un video que, más que una entrevista, terminó convirtiéndose en una especie de día de béisbol juntos. Hablamos, nos reímos, jugamos y, por supuesto, también intenté batear mientras Harold asumía el papel de profesor. Y ahí, entre un swing y otro, entendí algo que muchas veces se pierde cuando hablamos de los grandes deportistas: detrás del jugador hay una persona.

Harold tiene esa facilidad para hacer sentir cercano a quien está frente a él. No necesita ponerse en el papel de la estrella que llegó a las Grandes Ligas. Puede estar hablando de béisbol, explicando cómo agarrar un bate o corrigiendo un movimiento y, al mismo tiempo, estar bromeando como si estuviera compartiendo con un amigo de toda la vida.

Quizás esa sea una de las cosas que más llaman la atención de él. Harold Ramírez, o “El Pri”, como le dicen, ha construido una carrera importante en el béisbol, pero conserva algo que no aparece en ninguna estadística: la disposición para compartir lo que sabe.

El azul que acompaña a Harold dentro y fuera del béisbol

Hay otra faceta de Harold que resulta imposible ignorar. Su cabello azul. Para muchos puede ser simplemente una característica llamativa de su imagen. Para él tiene un significado mucho más profundo: es un símbolo relacionado con sus hijos y con su compromiso de generar conciencia sobre el autismo.

Después de conocer el diagnóstico de su hijo mayor, Harold comenzó junto con su familia un proceso de aprendizaje sobre el autismo. Aquello transformó su manera de entender muchas cosas y terminó convirtiéndose también en una causa que decidió visibilizar públicamente. El cabello azul pasó entonces a ser parte de su identidad. También lleva en una de sus manos un tatuaje relacionado con esa historia y una frase que resume buena parte de su mensaje: “It’s okay to be different”, que significa “Está bien ser diferente”.

El azul no es solo un color. Para Harold, es una historia que lleva consigo. // Foto: @haroldramirez16
El azul no es solo un color. Para Harold, es una historia que lleva consigo. // Foto: @haroldramirez16

Durante su etapa con Tampa Bay Rays, esa iniciativa incluso tuvo eco en el estadio, donde se realizó una jornada de concientización sobre el autismo inspirada en el característico cabello azul del colombiano. Pero quizás lo más importante no está en el color. Está en la historia que representa. Harold decidió convertir una experiencia familiar en una oportunidad para hablar de aceptación, comprensión y respeto. Y eso permite conocer a un hombre que no quiere ser reconocido únicamente por lo que hace con un bate.

Antes de las Grandes Ligas, un sueño que nació en Cartagena

Antes de los estadios de Grandes Ligas, los uniformes profesionales y los viajes internacionales, estuvo Cartagena de Indias.

“El Pitbull”, como también le dicen a Harold, comenzó a construir su historia con un bate en las manos y Cartagena como escenario. Creció jugando béisbol en sectores como Santa Rita, Pedro Salazar y Canapote, mientras su madre, Celina Lemus, se convertía en una de sus primeras grandes influencias. También pasó por el Club Playa Blanca, donde empezó a llamar la atención por sus condiciones para el juego.

Su talento lo llevó a República Dominicana y posteriormente a las organizaciones profesionales de Estados Unidos. El camino fue largo, con años de ligas menores, cambios de equipos y momentos en los que tuvo que esperar su oportunidad, hasta que finalmente llegó el día que había soñado desde niño: el 11 de mayo de 2019, cuando Harold Ramírez debutó en las Grandes Ligas con los Miami Marlins.

De Cartagena al mundo. Y todavía con camino por recorrer. // Foto:  @haroldramirez16
De Cartagena al mundo. Y todavía con camino por recorrer. // Foto: @haroldramirez16

Después vendrían Cleveland, Tampa Bay y Washington. En total, fueron seis temporadas en MLB y un promedio vitalicio de .285. En 2023, con los Rays, tuvo una de sus mejores campañas: bateó para .313, conectó 125 hits, 12 jonrones y produjo 68 carreras.

Hoy, Harold sigue jugando. Sigue compitiendo y demostrando que su bate todavía tiene mucho que decir.

Harold Ramírez, el rey de los hits en México

Después de su paso por las Grandes Ligas, Harold encontró en México un nuevo escenario para demostrar que su bate todavía tenía mucho por contar. Y vaya si lo ha demostrado.

En 2025 llegó a los Tecos de los Dos Ladedos y terminó como líder de hits de la Liga Mexicana de Béisbol, con 141 imparables en 93 partidos y un promedio de bateo de .359. Pero lo más llamativo vendría después.

En 2026 no solamente mantuvo el nivel: volvió a ser el jugador con más hits de la liga. Terminó con 140.

Fue seleccionado al Juego de Estrellas de la LMB, representó al equipo de Estrellas extranjeras y consiguió por segundo año consecutivo el liderato de imparables. Además, fue adquirido por los Sultanes de Monterrey a mitad de temporada y mantuvo su producción después del cambio.

Dos años. Dos lideratos de hits. Y una marca que le dio todavía más valor a lo conseguido: se convirtió en el primer jugador en aproximadamente medio siglo en liderar la Liga Mexicana en imparables durante dos temporadas consecutivas.

Después de las Grandes Ligas, México se convirtió en otro capítulo de su historia. // Foto: @haroldramirez16
Después de las Grandes Ligas, México se convirtió en otro capítulo de su historia. // Foto: @haroldramirez16

Eso dice mucho del jugador que es Harold. No necesita llenar las tribunas de jonrones para ser determinante. Lo suyo ha sido la consistencia. Poner la pelota en juego. Encontrar los espacios. Competir cada turno. Y seguir produciendo.

Lo que los números de “El Pri” no pueden contar

Pero si algo pude comprobar al compartir con Harold es que sus números cuentan apenas una parte de la historia.

Pienso en el hombre del cabello azul. En el padre que convirtió una experiencia familiar en un mensaje de amor, aceptación e inclusión. En el cartagenero que no olvida de dónde viene y en el jugador que, después de recorrer tantos escenarios, todavía encuentra tiempo para compartir lo que sabe.

Su mamá, Celina Lemus, y sus hijos: las raíces y el presente de Harold. // Foto: Celina Lemus.
Su mamá, Celina Lemus, y sus hijos: las raíces y el presente de Harold. // Foto: Celina Lemus.

Eso fue justamente lo que pude ver aquel día que entrenamos juntos. Entre bromas, swings y consejos, Harold se tomó el tiempo de enseñarme a batear. No hubo distancias ni poses de estrella. Simplemente estaba allí, compartiendo su experiencia y disfrutando el momento. Y eso también dice mucho de él. Porque Harold sigue jugando, sigue compitiendo y sigue acumulando hits. Pero también sigue enseñando. Quizás ahí está una de las partes más bonitas de su historia: mientras continúa construyendo su propia carrera, también ayuda a que otros comiencen a construir la suya.

Detrás de los hits está Harold. Detrás del cabello azul está el padre. Y detrás del jugador que llegó a las Grandes Ligas está, sencillamente, un cartagenero que todavía disfruta tomar un bate, compartir lo que sabe y demostrar que el legado de un deportista también se construye fuera del terreno de juego.

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