4 ejemplos de rescates ecológicos exitosos

Algunas comunidades han demostrado que evitar las catástrofes ambientales que nos depara el futuro es posible, aunque requerirá de mucho esfuerzo y algo de suerte.

Entre 2017 y 2018, Ciudad del Cabo, Sudáfrica, estuvo a punto de convertirse en el primer centro urbano del mundo en quedarse sin agua potable. Sus reservas habían decaído hasta el 30 % y se habló durante meses de la llegada del ‘Día Cero’.

Sin embargo, la ciudad se sometió a un plan de racionamiento (que limitaba a todos los hogares a un máximo de 100 litros persona por día) y contó con dos buenas temporadas de lluvias que regresaron a sus embalses a la normalidad, logrando así evitar la crisis. Le puede interesar: La nueva estrategia de Minambiente para restaurar ecosistemas del país.

A pesar de que se trató de un caso a pequeña escala y de que la alta vulnerabilidad del continente africano a los efectos del cambio climático sigue siendo una realidad, el caso de Ciudad del Cabo es uno de los más ilustrativos acerca de la responsabilidad de que los gobiernos y los ciudadanos tienen sobre el cuidado de los recursos del planeta y la prevención del deterioro ambiental. De hecho, no son el único. Los siguientes son otros ejemplos de decisiones ecológicas que han tenido un impacto significativo:

100
litros de agua diarios es lo que cada ciudadano tuvo derecho a utilizar en Sudáfrica durante los racionamientos.

1. El agujero en la capa de ozono: este gas atmosférico nos protege de los rayos ultravioleta del sol, capaces de provocar enfermedades como el cáncer de piel. Sin embargo, hacia 1983, Joseph Farman y su equipo descubrieron que la capa de ozono había enflaquecido gravemente en la Antártida desde los años 50. En sus peores momentos, el agujero llegó a tener prácticamente el tamaño del continente. Los causantes habían sido identificados gracias a una serie de investigaciones llevadas a cabo en los años 70 por Paul Crutzen, Mario Molina y Frank Sherwood Rowland; se trataba de los clorofluorocarburos, gases industriales utilizados como refrigerantes, solventes y propelentes en productos como los aerosoles.

Debido al enorme riesgo que representaba esta situación, el Protocolo de Montreal, firmado en 1987, prohibió la manufactura y distribución de todos los clorofluorocarbonos. La medida tuvo acogida global y fue exitosa. A pesar de que no está completamente recuperado, el agujero en la capa ha ido disminuyendo su tamaño promedio y se estima que podría haber “sanado” para el 2050. Sin embargo, también es importante notar que el agujero de la Antártida no es el único, pues el ozono también disminuyó de manera importante en ciertos puntos del Tibet y el Ártico.

2. Arrecifes de coral de Belice: estaban considerados entre los más impresionantes del mundo hasta que fueron destruidos casi en su totalidad con el paso del huracán Iris en el 2001. A partir de ese hecho, la bióloga marina, Luisa Carne se puso a la tarea de estudiar cómo intentar recuperarlo a partir de los especímenes que sobrevivieron, enfocándose en particular en el Cayo Laughing Bird. Mediante el transplante de otros especímenes, Carne y sus colaboradores, que incluían a las comunidades locales, crearon la fundación Fragments of Hope (“Fragmentos de Esperanza”) y lograron restaurar gran parte del arrecife a través de “guarderías” de corales.

Los beliceños apreciaron los resultados de este esfuerzo y eso los llevó a apoyar otras leyes que protegieran sus océanos, como la imposición de un moratorio sobre la explotación petrolífera y la prohibición de los plásticos de un solo uso. Quedan otros problemas por resolver, como la presencia de especies invasivas, la tala del manglar, la presión que ejerce el turismo y la actividad marítima sobre dichos ecosistemas y el cambio climático. Sin embargo, es innegable que la iniciativa de Fragments of Hope ha sido un valioso primer paso.

El Protocolo de Montreal, firmado en 1987, prohibió la manufactura y distribución de todos los clorofluorocarbonos para frenar el deterioro de la capa de ozono.

3. Recuperación de especies: algunos animales se han salvado de la extinción gracias a medidas correctivas muy puntuales de los seres humanos. Uno de esos casos es la prohibición del pesticida DDT (Dicloro difenil tricloroetano), cuya introducción en la cadena trófica tuvo efectos graves sobre el grosor de los huevos de especies como el águila calva, el halcón peregrino, el gavilán pescador y, según algunos, el cóndor californiano, lo cual impedía que sus polluelos se desarrollaran adecuadamente y disminuyó significativamente su población. Al comprobarse lo que estaba ocurriendo, así como los efectos cancerígenenos del DDT, el químico fue prohibido y las poblaciones de estas aves se recuperaron.

Otro ejemplo es el zorro volador de Pemba, una especie de murciélago frugívoro que vive en la isla de Pemba, ubicada al oriente de Tanzania. El hábitat de este animal había sido destruido casi en su totalidad y sólo unos pocos ejemplares sobrevivían. Gracias a la acción de Fauna and Flora International y el Departamento Forestal de la isla hacia los años 90, se crearon reservas naturales para proteger al murciélago y, en una década, su población pasó de cientos a más de 20 mil ejemplares.

4. Descontaminación de ríos: muchos fueron los ríos contaminados a lo largo de los siglos XIX y XX, cuando empezaron a recibir desechos de las industrias y los hogares del mundo. Sin embargo, la historia también ha dado muestras de que revertir el daño, sea total o parcialmente, es posible. Algunos casos para resaltar son el río Rin (Alemania, Suiza, Países Bajos, Luxemburgo), los ríos Han y Cheonggyecheon (Corea del Sur), el Manzanares (España), el Támesis (Inglaterra) y el Sena (Francia). Los gobiernos de estos países pusieron en marcha diversos proyectos de tratamiento de aguas y regulaciones de vertimientos, logrando así que estos ríos pasaran de considerarse “muertos” a volver a albergar flora y fauna. Puede leer: Recuperar los manglares, el plan de acción en la ciénaga de La Virgen.

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¿Y qué hay de Colombia?

Existen varios proyectos para restaurar ecosistemas en el país. Algunos de ellos han sido impulsados desde el Ministerio de Ambiente, como es el caso de Respira 2030, que consiste en “la siembra de 180 millones de árboles en zonas degradadas”, según Minambiente, y Un Millón de Corales por Colombia, que le apunta a “la restauración de 200 hectáreas de arrecife coralino en el país”.

Las comunidades de regiones como San Andrés y Providencia y la Sierra Nevada de Santa Marta han colaborado con estos esfuerzos y, en algunos casos, catapultado iniciativas propias a través de ellos (como ocurre con el Vivero Comunitario de Gunmaku del proyecto Musesi).

Minambiente también resalta los avances que se han hecho en material ambiental en los últimos años, en temas como la economía circular, la protección de áreas y el establecimiento de “metas a mediano y largo plazo, como llegar a cero deforestación, restaurar 1 millón de hectáreas, sembrar 200 mil árboles cada cuatrienio, ser carbono neutrales al año 2050, instaurar la cátedra de educación ambiental en los colegios del país y reducir en una 40 % las emisiones de carbono (hollín)”.