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Agricultura orgánica y convencional ¿Cómo impactan en el medioambiente?

En Colombia, estas dos formas de cultivar son muy utilizadas y cada una impacta al medioambiente de manera particular. Un experto explica en detalle los efectos de estas prácticas.

LIA MIRANDA BATISTA

05 de junio de 2021 12:00 AM

Se entiende por agricultura ese conjunto de acciones basadas en el conocimiento y aprendizaje que realiza el ser humano, con el objetivo de trabajar la tierra para obtener principalmente alimentos como frutas y vegetales. Esta práctica milenaria es para muchos “una de las invenciones más disruptivas en la historia” pues sostienen que deteriora los recursos naturales y afecta en gran parte la biodiversidad.

Pero la agricultura también es clave para la superación de grandes desafíos de la humanidad como el hambre y la desnutrición. En Colombia, la agricultura orgánica y convencional son muy utilizadas y cada una impacta al medioambiente de manera particular.

El biólogo Felipe Román Cano, especialista en preservación y conservación de los recursos naturales, define la agricultura orgánica como ese conjunto de acciones que se realiza para cultivar frutas y vegetales bajo un enfoque de equilibrio. “Es decir, la agricultura orgánica parte de principios esenciales como es la relación y dependencia que existe entre las prácticas productivas y su entorno natural como los bosques nativos, la biodiversidad y en general con los ecosistemas naturales”.

El experto aclara que históricamente la agricultura ha sido orgánica aunque esto no significa que haya sido del todo compatible con el entorno. “Por ejemplo, desde antes del siglo XIII las comunidades indígenas que habitaban gran parte de las tierras del Caribe colombiano empleaban prácticas como la quema para limpiar los terrenos de cultivo, práctica que se continúa realizando”.

Gracias a la industrialización

El concepto de agricultura convencional, por su parte, surge con la industrialización. El avance tecnológico y la era química en el año de 1950, como lo señala la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO) favorecieron esta forma de cultuvar.

“Este hecho trajo un aumento en la producción de cultivos con semillas nativas o tradicionales, pero también con semillas mejoradas, pasando a ser monocultivos más dependientes de químicos como herbicidas, fungicidas o insecticidas”, explica el especialista.

Para Felipe Román tanto la agricultura orgánica como la convencional generan unos impactos adicionales en el medioambiente que se pueden “interpretar más como mitigación en el caso de la agricultura orgánica ya que busca un equilibrio entre la agricultura y los principales componentes naturales necesarios para el óptimo desarrollo de los cultivos”.

Y este equilibrio- subraya el experto- es fundamental porque el progreso de la agricultura depende de manera directa de los servicios ecosistémicos a través de una gran diversidad de organismos del suelo, de la captación y regulación del agua, del control de plagas y enfermedades, entre otros servicios (Le puede interesar: La agroindustria: motor de desarrollo en tiempos de post-pandemia).

El impacto

Por otro lado, la agricultura convencional impacta de manera negativa sobre el medioambiente a través de los insumos externos que se utilizan para la producción de cultivos. “Esto genera desequilibrio en los ecosistemas, disminuyendo poblaciones y hasta comunidades de especies silvestres de fauna y flora”, dice Román (Puede leer: La agricultura deberá diversificarse para enfrentar el cambio climático).

El uso de herbicidas, por ejemplo, llega a los cuerpos de agua natural y ocasiona alteraciones en las especies de peces, macroinvertebrados acuáticos y plantas acuáticas, teniendo efectos desastrosos sobre el ecosistema.

“También tienen repercusiones sobre la salud de las personas al ser sustancias altamente tóxicas cuando se tienen contacto directo con ellas y a través de los frutos, verduras y hasta de los animales por medio de la bioacumulación, es decir, estas sustancias se pueden alojar en los organismos y en las estructuras de las plantas que luego ingerimos”, anota Román.

Añade que el reto está en fortalecer e implementar buenas prácticas de agricultura en la región que incluya dos aspectos claves: la formulación y puesta en marcha de políticas públicas en materia de agricultura y la educación en temas de planificación a los campesinos.

“Es planificar para generar un equilibrio entre la agricultura y la conservación de la riqueza natural de la región y un tercer aspecto está relacionado con el cambio de estas prácticas que más impacto negativo causan en la región como la quema de los suelos, la utilización excesiva de agroquímicos y la destrucción de las coberturas de bosque natural para ampliar el área de los monocultivos olvidando que, en agricultura no siempre mayor terrero significa aumentar la productividad o la rentabilidad, y menos cuando se pierde esa conexión de la agricultura con la biodiversidad”, añade.

Dentro del escenario del cambio climático es importante revisar este tipo de prácticas y plantear nuevos procesos de adaptación y soluciones teniendo como base el manejo sostenible de la naturaleza.

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