La cuarentena por el Covid-19 ha obligado a la comunidad educativa del mundo a recurrir más que nunca antes a las modalidades no presenciales. En este contexto, vale la pena preguntarse cuáles son las exigencias de enseñar o “ir” a la universidad virtualmente y qué es lo que puede hacerse para maximizar los beneficios de este medio de aprendizaje. (Lea aquí: 300 cursos gratis para realizar en tiempos de cuarentena)
¿A distancia o virtual?
Hay que distinguir entre la educación a distancia y lo la educación virtual propiamente dicha. El Ministerio de Educación aclara que los programas a distancia surgieron “como una solución a los problemas de cobertura y calidad que aquejaban a un número elevado de personas debido a su ubicación geográfica, o bien por los elevados costos que implicaba un desplazamiento frecuente o definitivo a esas sedes”.
La educación a distancia se realiza de manera semi-presencial y tiende a apoyarse en la entrega de instrucciones y materiales tanto en el aula como en la casa a través de medios de comunicación. Incluye, por ejemplo, modalidades como las clases por radio.
La educación virtual se concibe desde el principio como un escenario que se llevará a cabo de manera diferida desde el principio hasta el final del curso. Es, sí, una forma más radical y especializada de educación a distancia, una que asume plenamente las ventajas y facultades de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC).
“Se refiere al desarrollo de programas de formación que tienen como escenario de enseñanza y aprendizaje el ciberespacio. En otras palabras, hace referencia a que no es necesario que el cuerpo, tiempo y espacio se conjuguen para lograr establecer un encuentro de diálogo o experiencia de aprendizaje”, enfatiza Mineducación. (Lea aquí: E Learning, clave en la educación a la distancia)
Particularidades
A la hora de concebir la educación virtual como una opción válida y no de segunda categoría, es importante recordar que son tres los factores principales que contribuyen a hacerla exitosa. Por un lado, está el grado de inversión de los directivos en los currículos, la oferta, la infraestructura necesaria, lo que involucra plataformas como WebCT o FirstClass, servidores dedicados a ellas y personal técnico y docente capacitado para su uso.
Del lado de los profesores está la necesidad de tener una “participación constante en los procesos formativos y de actualización en el uso y aplicación de las NTIC o estrategias pedagógicas para el fortalecimiento de la cultura innovadora, adaptarse al cambio tecnológico y explorar las nuevas formas de interrelación docente - estudiante”, explica Luis Felipe Perilla, vicerrector académico de la Universidad San Buenaventura.
En cuanto a los estudiantes, Perilla afirma que “nuestros niños y jóvenes deben ser instruidos en el desarrollo de habilidades que favorezcan el aprendizaje autónomo. Este es uno de los retos más grandes, porque implica un cambio cultural a todo nivel de la sociedad”. Dada la gran flexibilidad de la educación virtual en términos de horarios de estudio, fechas de entrega y demás, exige como ninguna otra forma de instrucción un grado de compromiso del alumno para sentarse a trabajar, absorber los materiales y cumplir con las actividades.
Idealmente, los maestros deberían estar en permanente comunicación con los estudiantes y tener la capacidad o el personal para implementar estrategias interactivas y dinámicas que faciliten el proceso de enseñanza y aprendizaje. Los alumnos se valdrían de los canales comunicativos establecidos para aclarar sus dudas y tendrían fácil acceso y buena disposición hacia los contenidos del curso para cumplir con las metas del mismo. Por último, los administrativos y directivos se asegurarían de que estos grupos recibieran el apoyo, la infraestructura y los fondos necesarios.
La educación virtual creció en Colombia durante la década pasada. De acuerdo con el Sistema Nacional de Información de Educación Superior, las carreras en línea pasaron de representar el 11 % de las matrículas en el 2011 al 20 % en el 2018. A pesar de eso, y de que indiscutiblemente se han logrado cosas valiosas, todavía queda una tarea por hacer para que esta opción se fortalezca más en nuestro país.
“Los principales logros son la masificación y la democratización de la educación en sus distintos niveles de formación, es decir esta metodología permite llegar a un grupo poblacional, cada vez más amplio y diverso. Sin embargo, aún faltan elementos para cumplir íntegramente con criterios de calidad y equidad. Ese es el gran reto, lograr que esta metodología de formación no sea considerada como una educación de segunda categoría”, comenta el vicerrector Perilla.
Algunos de esos elementos son aumentar el número de docentes formados en el manejo de NTIC, mejorar el acceso a la red de internet en los colegios y en todo el territorio, crear escenarios de innovación diseñados específicamente para la discusión de prácticas pedagógicas virtuales, el planteamiento de políticas públicas y programas que favorezcan a esta modalidad educativa; una mayor acogida y logística de parte de las instituciones de educación superior, una ampliación de la oferta, implementación de mecanismos que garanticen la calidad y, por último, un mayor interés y compromiso los estudiantes con la modalidad.
