Ingeniería


La brecha de género en la ingeniería sigue siendo un reto

A pesar de las contribuciones de las mujeres a la ingeniería, el sector debe hacer más esfuerzos por integrarlas a sus filas de manera eficaz.

Las cifras más recientes de equidad de género en el mercado laboral siguen mostrando que los estereotipos y la discriminación aún tienen un marcado impacto en la integración de las mujeres a las ciencias duras o STEM (“Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas”, por sus siglas en inglés). En casi todas las carreras de estas áreas, los hombres dominan las estadísticas de manera desproporcionada.

“Según el Reporte Global de Brecha de Género del 2022 del Foro Económico Mundial, las brechas de género más amplias en los graduados colombianos se observan en las carreras de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (33,41% de mujeres vs. 66,59% de hombres) y en las TIC (23,31% de mujeres vs. 76,69% de hombres)”, afirma la profesora Sonia Contreras Ortiz, ingeniera electrónica y doctora en ingeniería biomédica.

En los países de la OCDE durante el 2019, “del total de las mujeres graduadas, solo el 6,59% egresó de una carrera de ingeniería, manufactura y construcción mientras que, en el caso de los hombres, las cifra es de 24,59%”, explica Contreras.

Las causas de esto son múltiples: el estereotipo de que las mujeres no son buenas para los números, la falta de estímulos durante la primera infancia, los ambientes de trabajo hostiles a la presencia femenina y la disparidad salarial que las obliga a desertar (los hombres ganan casi un 20% más en promedio, según cifras del DANE en el 2019). Le puede interesar: La ingeniería, gran propulsora de la sociedad a través del tiempo.

A todo esto hay que agregar que la pandemia afectó en su mayoría a las mujeres. Sonia Contreras cita el caso de la Universidad Tecnológica de Bolívar, donde “las brechas de género se incrementaron durante ese período. Muchas debieron asumir mayor carga de cuidado en el hogar y eso afectó su estabilidad laboral y académica”.

Agrega que “hoy día, solo el 25,48% de la Facultad de Ingeniería son mujeres. Hay programas con paridad de género, como Ingeniería Industrial, Biomédica y Química. En contraste, las brechas más amplias se observan en Ingeniería de Sistemas, Mecánica, Mecatrónica, Eléctrica y Electrónica, donde las mujeres son solo alrededor del 10% del total de estudiantes”.

Organismos como la UNESCO, el Consejo Global de Decanos de Ingeniería, la Organización para las Mujeres en Ciencia para el Mundo en Desarrollo y la Cátedra Abierta Latinoamericana ‘Matilda y las mujeres en ingeniería’ se han encargado de crear talleres y guías para tratar de solucionar esta situación. Sin embargo, todavía queda mucho por hacer para garantizar igualdad de oportunidades y ambientes inclusivos.

Algo de perspectiva

Irónicamente, son muchas las mujeres que han jugado un papel importantísimo en la historia de las ingenierías modernas:

Marie-Anne Pierrette Paulze (1758 – 1836, ingeniería química)

La esposa del químico Antoine Lavoisier. Trabajó activamente con su marido, realizando experimentos, registrando los resultados, traduciendo y comentando diversos artículos científicos y publicando todas sus anotaciones y diagramas en dos volúmenes llamados “Memorias de Química”. El matrimonio fue el primero en Europa en explicar el proceso de combustión y postular la existencia del oxígeno.

Augusta Ada Byron, condesa de Lovelace (1815 – 1852, ingeniería computacional)

Es considerada, junto con su amigo Charles Babbage, como una de las pioneras de la computación. Babbage y otros científicos de la época estaban interesados en crear la ‘máquina analítica’ (un prototipo de computadora que serviría para calcular). Lovelace continuó desarrollando la teoría en torno al aparato, llegando a crear lo que muchos consideran como uno de los primeros algoritmos y a redactar notas especulativas sobre las aplicaciones del aparato en áreas como la composición musical, algo que hoy es una realidad.

Las brechas más amplias se observan en Ingeniería de Sistemas, Mecánica, Mecatrónica, Eléctrica y Electrónica, donde las mujeres son solo alrededor del 10% del total de estudiantes”.

Sonia Contreras Ortiz

Katherine Jonson (1918 – 2020), Margaret Hamilton (1936) y Diana Trujillo (1983)

Todas contribuyentes a la NASA y a la ingeniería aeroespacial. Jonson fue una de las matemáticas y programadoras más importantes de los primeros años de la NASA (y una de las primeras mujeres afroamericanas en trabajar para la organización), Hamilton fue la directora del equipo encargado de crear el software que llevaría al hombre a la luna y Trujillo fue la directora de vuelo del brazo robótico del vehículo Perseverance, el cual tomó videos y fotos de Marte en el 2020. Lea también: ¡Colombia en la NASA! Una caleña es nombrada directora de vuelo.

Hedwig Eva Maria Kiesler / Hedy Lamarr (1914 – 2000, ingeniería de telecomunicaciones)

A pesar de que en sus tiempos fue conocida exclusivamente por ser una glamorosa actriz de Hollywood, también se dedicaba en sus ratos libres a estudiar, experimentar y construir aparatos. Durante la Segunda Guerra Mundial, ella y el compositor George Antheil desarrollaron un sistema de misiles controlados por ondas de radio que se valía del espectro ensanchado con salto de frecuencia para evitar que fueran interceptados por los países del Eje; intentaron patentarlo, pero no pudieron, y el ejército estadounidense tampoco lo utilizó. Sin embargo, su trabajo tuvo repercusiones invaluables, pues constituye la base del Bluetooth, de los GPS y, hasta cierto punto, del Wi-Fi.

Rosalind Elsie Franklin (1920 – 1958, ingeniería genética)

Aunque persiste el mito de que a la química y cristalógrafa le robaron el crédito que merecía por describir la estructura del ADN (la realidad es que su trabajo era público y parte de una larga cadena de investigaciones en equipo sobre esta sustancia), sigue siendo innegable que sin ella, llegar a estos descubrimientos habría tomado más tiempo. Junto con su estudiante Raymond Gosling, Franklin desarrollo las fotografías de rayos X más nítidas que se hubieran visto del ADN, lo cual, junto a sus propios cálculos, le llevó a construir un modelo con doble hélice, secuencias de nucleótidos y medidas exactas, todo lo cual sirvió para corroborar el trabajo de sus colegas, James Watson y Francis Crick.

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