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Salud mental y edad: así se relacionan

Hay períodos del desarrollo en el que somos más vulnerables al deterioro emocional que otros, bien sea por causas externas o por predisposición genética.

Salud mental y edad: así se relacionan

Los niños y ancianos son los más vulnerables a las enfermedades mentales. // FOTO: 123RF

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Crecer significa estar expuestos a nuevas experiencias y a cambios en nuestro cuerpo. Infortunadamente, no todos esos episodios y transformaciones son positivos: muchos son incómodos, dolorosos e incluso traumáticos, afectando nuestras emociones y como consecuencia, nuestra salud. Los más jóvenes y los mayores tienden a ser especialmente vulnerables a este tipo de experiencias.

En los niños, adolescentes y adultos jóvenes

Con frecuencia, los problemas de salud mental, como la depresión, la ansiedad y el trastorno por déficit de atención se evidencian desde temprana edad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que el 50 % de estas enfermedades comienzan a aparecer hacia los 14 años y uno de casa siete menores de edad (entre los 10 y 17 años) padece alguno de estos trastornos. Además, el suicidio es la cuarta causa de muerte entre los jóvenes de 15 y 29.

Los principales factores de riesgo son un entorno familiar nocivo, las dificultades en el desempeño académico, la presión por parte de los compañeros y amigos, la exploración de su propia identidad y la exposición a diferentes tipos de violencia, particularmente la de índole intrafamiliar y sexual.

Si estos problemas no se tratan a tiempo, corren el riesgo de dejar secuelas cuando el menor llegue a la mayoría de edad, período en el cual pueden desarrollarse otras enfermedades con un componente genético importante, como el trastorno bipolar y la esquizofrenia.

En adultos mayores

De acuerdo con la OMS, se estima que al menos 20 % de las personas mayores de 60 años experimentan algún tipo de problema relacionado con su salud mental y que el 6,6 % de todas las discapacidades que sufren son de este tipo.

Existen múltiples factores de riesgo, como el deterioro de la salud física, el descenso del nivel socioeconómico debido a la jubilación, la muerte de familiares y seres queridos, el maltrato, la soledad, el aislamiento y la disminución de la motricidad, entre muchos otros.

Los principales problemas que atraviesan los adultos mayores son la demencia y la depresión. La primera se define como “un síndrome – generalmente de naturaleza crónica o progresiva– caracterizado por el deterioro de la capacidad para procesar el pensamiento, más allá de lo que podría considerarse una consecuencia del envejecimiento normal. No afecta la conciencia, pero sí la memoria, el pensamiento, la orientación, la comprensión, el cálculo, la capacidad de aprendizaje, el lenguaje y el juicio”.

Se estima que más de 45 millones de personas en el mundo la padecen y que entre el 60 % y 70 % de los casos corresponden al Alzheimer específicamente. Le puede interesar: Preste atención a la salud mental de los adultos mayores.

50 %

de las enfermedades mentales comienzan a aparecer hacia los 14 años.

Cómo identificarlos

Aunque el diagnóstico es algo que se debe dejar a los profesionales, sí hay algunos signos de alarma a tener en cuenta: los cambios repentinos del estado de ánimo, la transición hacia una personalidad más desanimada o agresiva, la dificultad para concentrarse en tareas específicas y largas, las alteraciones en la dieta y los hábitos de sueño (acompañados de problemas digestivos y fatiga), los sentimientos de inutilidad o impotencia, los lapsos en la memoria, algunos problemas respiratorios, el nerviosismo, las dificultades para socializar, y, en casos más graves, las alucinaciones, la amnesia parcial o total y la pérdida de contacto con la realidad, entre muchos otros síntomas posibles.

Por sí solos, estas señales no apuntan necesariamente a un trastorno de salud, pero cuando aparecen juntos, lo más prudente es llevar al paciente a un especialista. Es importante señalar que los problemas mentales no son mutuamente excluyentes y que es frecuente que uno conlleve a otros.

Tratamiento

Usualmente, el control de las enfermedades mentales se consigue, por el lado médico, a través de tres componentes: medicamentos (antidepresivos, psicoestimulantes), terapia psicológica y terapia física.

El proceso es largo y requiere de un alto grado de comprensión y colaboración por parte de los especialistas y el círculo inmediato del paciente.

En el caso de las poblaciones más vulnerables, como son los niños y adultos mayores, se requiere de atención especial e inmediata, encaminada hacia la identificación de las posibles causas externas de sus problemas, la búsqueda de un ambiente más sano y estable; la consolidación de un círculo de apoyo y la aplicación adecuada de medicamentos (en el caso de los adolescentes, la OMS recomienda buscar las soluciones psicoterapéuticas antes que las farmacológicas).

Es importante seguir el tratamiento y estar presentes para ayudar al paciente a mantenerse emocional y mentalmente sano. Puede leer: Salud mental en los adolescentes: ojo a las señales de alerta.

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