Juan Cruz nació y creció en Bogotá, la capital colombiana que a temprana edad le abrió las puertas en el mundo convulso de la televisión. Su historia, como la de otros artistas, se remonta a la infancia. De niño, Juan carecía de un carácter con múltiples habilidades sociales y al contrario era tan tímido que el único lugar en el que se desinhibía era en el escenario, espacio al que ingresó gracias a la observación de su abuela materna quien descubrió sus dotes actorales, “ella le hizo el comentario a mi mamá como ‘debería llevar el niño allá donde va su hermano, a cosas de tele’” ya que para ese entonces su tío materno conseguía trabajos como extra en producciones televisivas.
En medio de una época tan dramática como la de los años noventa en Colombia, Juan salía poco y usaba el tiempo restante para sentarse frente al televisor y fantasear con la idea de algún día hacer parte del elenco de alguna producción. Veía ciclos de cine mexicano, recuerda producciones como ‘De pies a cabeza’ o Conjunto cerrado’, mientras que por la parte de las comedias clásicas no podían faltar ‘El chinche’, ‘Dejémonos de vainas’, y al mismo tiempo se posicionaban éxitos como ‘Café con aroma de mujer’ en su versión original. Lea aquí: Melissa Cure Villa, la reina más allá de la corona
Mientras que para muchos televidentes las telenovelas representaban una dosis significativa de entretenimiento, para Juan Cruz era mirar a los ojos al sueño materializado de los actores que ya lo habían logrado. Bajo esa influencia y arrastrado por la pasión despierta desde la infancia, estudió medios audiovisuales en el Politécnico Gran Colombiano con énfasis en producción y dirección de video. Sin embargo, no pudo escapar de la mirada juzgadora de algunos, quienes le cuestionaron la decisión de elegir una carrera en el ámbito artístico. “Entendiendo que el actor muta a otros oficios con el tiempo pues me dije ‘estudio entonces medios audiovisuales, capaz en algún momento termino dirigiendo o produciendo’”, pensó.

Durante la carrera estuvo vinculado al ámbito teatral a través del grupo de teatro de la universidad y así logró conseguir su primer extra para una producción llamada ‘Siguiendo el rastro’. Gracias a esto sus padres comprendieron que la actuación no era un capricho para el joven que desde ese momento no ha dejado de construir una carrera a base de talento y disciplina. Luego de terminar la universidad un viernes, al próximo lunes Juan ya estaba inscrito en clases de actuación con Vilma Sánchez, una maestra que recuerda con gran sentimiento de gratitud porque durante cuatro años le ayudó a dar pasos para abrirse las puertas en el teatro.
De Bogotá saltó a Cuba y España, países en los que complementó su formación actoral en distintos métodos. Así lo hizo en Madrid, ciudad en la que se formó en el método Susan Batson, una táctica diseñada por la actriz que da nombre a la metodología y en la que el actor vive un proceso de transformación interna para conectar con el personaje a través de estímulos sensoriales teniendo muy en cuenta la memoria emocional, la personalización y la sensación corporal. Lea aquí: Gamall, de Cartagena para el resto del mundo
Una lista de oportunidades
“Alguien me decía en alguna de las producciones que estuve ‘tú eres tan bueno como tu último personaje’ eso hace que todos los personajes te marquen de manera particular, sea uno pequeño o grande”, dijo a propósito de la pregunta de cuál ha sido el papel que ha desarrollado con mayor gusto.
El bogotano de cuarenta años se siente afortunado de ser parte del elenco de producciones como ‘Secuestro del vuelo 601’, ‘El robo del siglo’, ambas de Netflix, también en ‘Café con aroma de mujer’ del Canal RCN y ahora con el papel protagónico en ‘El colombiano de Keko’; pero asegura que el nivel de satisfacción es el mismo que cuando participaba de los grupos de teatro de colegio porque para Cruz la diferencia no radica en la visibilidad del actor sino en el nivel de compromiso con el papel, una cualidad que Juan tiene muy arraigada desde el momento en que soñó con la pantalla grande.

Para quienes nunca han estado en el mundo de la televisión, resulta sorprendente la habilidad que desarrollan los actores y actrices de conectar con la intimidad del personaje, una tarea lograda con técnica pero que en el fondo corresponde a que “uno se termina identificando con todos los personajes que interpreta, con sus pensamientos, e incluso algunas de sus actitudes”. Por eso al protagonizar la historia de Andrés Ballesteros, un hombre inocente atrapado durante ocho años en una de las peores cárceles de Tanzania, cuya historia fue llevada al cine en una miniserie producida por Canal Trece; logró capturar a la audiencia con una puesta en escena que despertó sentimientos de dolor e impotencia ante una tragedia humana cuyo protagonista fue un hombre oriundo de Caldas. Lea aquí: Gusi: la vida más allá de la música
Del elenco hacen parte actores de talla internacional como Cristian Tappan, Juan Pablo Raba, Juana del Río y Natalia Lara, artistas que para Juan se convirtieron en compañeros de set y que estuvieron durante la grabación de la serie en la que el conectó con el papel a través de la incomodidad. “Me hizo preguntarme ‘qué pasa por la mente de un hombre que está completamente aislado, que no entiende el idioma, que tiene a su familia al otro lado del mundo y que tiene total incertidumbre de su libertad’”.
Juan Cruz ha construido una trayectoria en la televisión colombiana a pulso y con el concepto claro en la mente de que para ser un buen actor hay que esforzarse por establecer una relación con el público, emocionarlo y a su vez permitirles sentir conmoción. “Es una carrera de largo aliento”, concluye.
