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Un mes después del show de Bad Bunny en el Super Bowl: identidad, poder y cultura pop

A un mes del show de Benito Antonio Martínez Ocasio en el Super Bowl 2026, un análisis de cómo la cultura pop refleja identidad, tensiones y memorias.

Un mes después del show de Bad Bunny en el Super Bowl: identidad, poder y cultura pop

A un mes del show de Benito Antonio Martínez Ocasio en el Super Bowl 2026. //Foto: EFE.

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La noción del tiempo es una condena. Ha pasado un mes y yo sigo dialogando con diferentes personas, en diversos espacios, sobre la importancia de la identidad territorial en la construcción del ser como individuo y en sociedad. Sigo dando una pelea que no tiene victoria ni derrota. Sigo hablando de la presentación de Benito Antonio Martínez Ocasio en el medio tiempo del Super Bowl 2026, el pasado domingo 8 de febrero.

No se trata de su aporte musical. Tampoco es una discusión sobre si el artista puertorriqueño es el más influyente que tiene nuestra cultura en la actualidad. Durante años hemos visto la lucha de muchos otros artistas por generar conciencia sobre la importancia de hablar y exponer lo que es ser americano, en especial ser latinoamericano.

Lo que ocurrió hace un mes fue una celebración de lo que somos —y hablo de celebración porque estas no tienen que ser profundas ni intelectuales; deben despertar emociones, sensaciones y generar un buen caos—. Fue un grito desesperado de una generación cansada de ser vista, percibida y categorizada como inferior y defectuosa.

El caso de segregación que se ha vivido en América ha generado que el centro y el sur del continente excluyan porque “lo nuestro solo es para los nuestros”. Nos pasamos la vida alejando a los también dueños del territorio y perpetuando pensamientos como el del periodista argentino Tomás Dente, quien cree —y manifestó en televisión nacional— que ellos, los argentinos, no son latinos sino eurodescendientes. Como si lo “latino” estuviera sucio, dañado e infectado.

Bad Bunny durante su actuación en el descanso del Super Bowl en Santa Clara, California, Estados Unidos. //Foto: EFE.
Bad Bunny durante su actuación en el descanso del Super Bowl en Santa Clara, California, Estados Unidos. //Foto: EFE.

Nos hemos pasado la vida pensando que Canadá es patria aparte y que Belice, Guyana y Surinam no son aptos para hacer parte del exclusivo grupo de los “rechazados”. Porque muchos, en especial esta nueva generación, eran incapaces siquiera de reconocerlos cuando de geografía se hablaba. La mención de Bad Bunny fue un reconocimiento a la pluralidad de identidades colectivas. No somos una historia distorsionada.

Sí, pertenezco: identidad y reconocimiento

Desde la investigación psicosocial, la psicóloga Gloria del Pilar Cardona —especializada en Epidemiología y Psicología Clínica Autoeficacia y magíster en Antropología Social— explica que “las personas necesitan ser reconocidas desde su lugar de origen y procedencia. Es ahí donde se configura su esencia, su identidad, sus recuerdos y los vínculos con sus familias y comunidades. Estas experiencias conforman la memoria histórica compartida y sustentan la validación simbólica y los efectos colectivos que fortalecen el sentido de pertenencia”.

“En un solo día, y en menos de 30 minutos, América Latina se convirtió en noticia global gracias al show de Bad Bunny”. Señala que la propuesta se da en un contexto de crisis geopolítica que vulnera los derechos humanos, no solo en cómo se manejan los casos de migrantes en Estados Unidos, los cuales han atravesado por múltiples formas de violencia, entre ellas xenofobia, segregación, prejuicios y discriminación.

A un mes del show de Benito Antonio Martínez Ocasio en el Super Bowl 2026. //Foto: EFE.
A un mes del show de Benito Antonio Martínez Ocasio en el Super Bowl 2026. //Foto: EFE.

¿Qué lo hace tan viral e histórico? El capital simbólico y social que ha construido como artista, convirtiéndose en un referente para los jóvenes; especialmente porque el reguetón tiene un impacto en el comportamiento colectivo de las nuevas generaciones.

Una mirada superficial, pero esperanzadora

Y como la música es una forma de comunicación y una expresión del lenguaje, dialogamos con Jorge Nieves Oviedo, licenciado en Literatura y Lengua Española, magíster en Etnoliteratura, profesor de la Universidad de Cartagena y escritor, quien asegura que “es difícil ver en lo que hacen Bad Bunny y figuras similares un nivel de ruptura y renovación comparable con las verdaderas revoluciones estéticas de distintos momentos de la modernidad”.

Sin embargo, precisa que “las prácticas simbólicas de uso popular siempre han incluido marcadores de identidad basados en usos del lenguaje verbal y también en expresiones corporales y emotivas al margen de la ‘etiqueta’ y el ‘buen gusto’ de las clases dominantes”.

Y que “la industria cultural, de manos de un mercado capitalista global y tecnologizado, no se propone conscientemente redefinir el imaginario de ‘América’. Estrictamente, la industria produce lo que se consume”. Por el contrario, sostiene, que existen fenómenos más complejos que crean una atmósfera que favorece el éxito o el fracaso de ciertos productos culturales. Entre ellos “la fuerte inmigración sur-norte que está transformando demográfica y culturalmente a Estados Unidos, una nueva generación de latinos con roles sociales más dominantes, la pérdida de la posición geopolítica de Estados Unidos en el continente y la decadencia de su autoridad moral”.

El cantante puertorriqueño Bad Bunny durante su actuación en el descanso del Super Bowl en Santa Clara, California, Estados Unidos. //Fotos: EFE.
El cantante puertorriqueño Bad Bunny durante su actuación en el descanso del Super Bowl en Santa Clara, California, Estados Unidos. //Fotos: EFE.

Finalmente, Nieves Oviedo concluye que “se trata de un momento inscrito en un proceso histórico más amplio que el mercado ha sabido interpretar para responder a nuevos patrones de consumo cultural global. Es posible que en unos años el reguetón ya no ocupe un lugar tan prestigioso en la industria cultural; aún así, lo latinoamericano seguirá consolidándose, como lo ha venido haciendo desde el siglo XIX, a través de distintos aspectos que han llamado la atención de la academia, la política, la economía y la cultura. Aparecen conceptos más complejos como América del Norte, LATAM y LAC, así como definiciones regionales como los países andinos, del Cono Sur o de Centroamérica. Todos ellos revelan que el mundo entiende el continente americano desde su complejidad y no como el sur marginal de una única superpotencia hegemónica”.

Y, como expone Alexander Rojas, director del programa de Ciencia Política de la Universidad El Bosque, “las diversas expresiones culturales y artísticas han funcionado como espacios para imaginar una América compartida más allá de lo geográfico”.

Es posible que en unos años el reguetón ya no ocupe un lugar tan prestigioso en la industria cultural; aún así, lo latinoamericano seguirá consolidándose (...)“.

 Jorge Nieves Oviedo

En ese sentido, Rojas señala que “hoy, fenómenos culturales contemporáneos como el reguetón han logrado algo que durante décadas parecía imposible: construir una identidad cultural latinoamericana transnacional, capaz de circular globalmente y disputar espacios que históricamente habían sido dominados por la cultura anglosajona”.

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