Polo Montañez nació el 5 de junio de 1955 en El Brujito, una zona de Artemisa, Cuba. Su verdadero nombre era Fernando Borrego Linares. Desde los siete años se aficionó a la música tocando la tumbadora.

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El UniversalA su padre le gustaba la música y cantaba en las fiestas de la casa. Polo empezó a aprender por su cuenta y, cuando tuvo una guitarra por primera vez, no la soltó hasta dominarla. Con el tiempo terminó cantando y tocando junto a su padre. Lucrecia, su madre, lo apoyó desde temprano en su vocación musical.
Polo Montañez componía sones, guarachas, boleros y bachatas mientras ordeñaba vacas, buscaba leña y cortaba la hierba alta de la finca donde vivía. Antes de ser reconocido como compositor de bellísimos sones nutridos de su experiencia campesina, era conocido entre los suyos como el muchacho leñador, machetero y tractorista. Pocos sabían que aquello que cantaba, y que sonaba a sones montunos del oriente cubano, eran canciones propias, compuestas de manera autodidacta mientras rasgaba las cuerdas de su guitarra, sin dejar de amansar caballos ni ordeñar vacas. Su primera canción, “Este tiempo feliz”, data de 1973.
Las letras de sus canciones gravitaban alrededor de la vida cotidiana en el campo: los amaneceres campesinos, el olor de las plantaciones de caña de azúcar, los secretos del batey, el aroma de la leña, las fiestas tradicionales y los amores imposibles. Aunque él mismo no creía que sus canciones tuvieran algún valor y las mantenía guardadas, se sorprendió al ver que, cuando las cantaba con su grupo a los viajeros que llegaban al complejo turístico de Las Terrazas, estos quedaban encantados con su belleza.
Su descubridor artístico fue José Da Silva, del sello Lusáfrica, quien le propuso grabar su primer álbum, “Guajiro natural” -publicado entre 2000 y 2001-, con trece canciones, entre ellas la famosa “Un montón de estrellas”. Da Silva también grabó “Guitarra mía”, editado en 2002.
El empresario musical colombiano del sello MTM escuchó sus canciones y decidió editar “Guajiro natural” en Colombia, donde el álbum fue un éxito rotundo, con 65 mil copias vendidas. El disco obtuvo reconocimientos de Platino y Oro, y Polo Montañez se convirtió en el tercer músico cubano en alcanzarlos en el país.
Encuentro en Cartagena
En uno de sus viajes a Cuba, el empresario cartagenero Ángel Thorrens lo conoció y llegó hasta su casa en Las Terrazas.
La música de Polo Montañez empezó a sonar en Cartagena en agosto de 2000, cuando la disquera MTM editó su álbum “Guajiro natural”. De ese disco, la canción que más se impuso entre los oyentes de las emisoras locales y de todo el país fue su inolvidable “Un montón de estrellas”.
Polo vino por primera vez a Cartagena el 30 de marzo de 2001, coincidiendo con la presentación del álbum “Cosas en común”, de Henry Char, en el Centro de Convenciones. El compositor cubano asistió a ese evento.
Ángel Thorrens organizó la primera gira de Polo por Colombia, y el artista tuvo un impacto sorprendente en el público de Cartagena, Barranquilla, Valledupar, Cali, Medellín y Bogotá. En Cartagena se presentó en la Plaza de Toros. Al llegar a la ciudad, celebró su parecido con La Habana. En una entrevista que le hicimos, dijo que admiraba la música de Joe Arroyo, pero que también le encantaban los vallenatos. Soñaba con interpretar uno de esos paseos que lo habían conmovido: “Amor sensible”, de Freddy Molina. Conoció Valledupar y fue invitado al Festival de la Leyenda Vallenata por Consuelo Araújo, poco antes de su asesinato.
Conversando con Polo Montañez
Polo Montañez se sorprendió en Cartagena al conocer el bar de salsa de Fidel Leottau. Quedó impactado al escuchar viejas canciones cubanas que había oído en su infancia en las estaciones de radio. Y se emocionó aún más cuando escuchó la voz del Bárbaro del Ritmo, Benny Moré.
En Colombia se dijo erróneamente que Polo Montañez era un campesino analfabeta. Cuando conversamos con él, contó que antes de ser conocido como músico cantaba en su propia casa, para sus amigos, pero que no dejaba de impresionarse cuando se presentaba en estadios.
Con una humildad proverbial, nos contó confidencialmente que él siempre les cantaba a cuatro vaquitas de su finca. Pero cuando vio por primera vez un estadio lleno, se le puso la piel de gallina. Entonces cerró los ojos y, para quitarse el miedo, se dijo riendo que era como si estuviera cantando en el patio de su casa ante esas mismas cuatro vaquitas, solo que multiplicadas de repente.
Polo sabía leer y escribir, aunque no tenía estudios académicos más allá del bachillerato.
Cuando lo conocí, le pedí que me permitiera entrevistarlo. Conversamos más de una hora sobre sus orígenes, sus influencias y su experiencia en Colombia. Al final, le pregunté si podía firmarme un autógrafo, y lo hizo con una letra menuda, sencilla y diáfana, como la letra de un niño: “De su amigo, Polo Montañez, el Guajiro natural”.
La noche del miércoles 20 de noviembre de 2002, cuando regresaba a su casa en San Cristóbal después de una celebración familiar en La Habana, el vehículo que conducía chocó contra el remolque de un camión de carga en la autopista de La Habana a Pinar del Río. Polo Montañez murió seis días después, el 26 de noviembre de 2002. Tenía 47años.
Homenaje a Colombia
Polo Montañez alcanzó a componer cerca de un centenar de canciones. José Da Silva grabó dos álbumes póstumos del artista: “Memoria”, publicado por Lusáfrica en 2004, y “El Guajiro”, editado en 2005.
A diferencia de “Un montón de estrellas”, la canción “Flor pálida” es una pieza de amor, ilusión y esperanza. Es un poema forjado desde la metáfora del jardinero paciente y consagrado al cuidado de una flor que, al descubrirla, no está en su esplendor, sino en riesgo de marchitarse. La canción fue interpretada por Marc Anthony en su álbum “3.0”, ganador del Grammy en 2015. Acompañada de un video, la versión enriqueció el poema concebido por Polo Montañez y llevó nuevamente su sensibilidad campesina a públicos de todo el mundo.