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Reseña a Toy Story 5: al rescate de la infancia

Toy Story 5 confronta la calidez de los juguetes tradicionales con el olvido digital, un tierno y necesario salvavidas que rescata nuestras infancias.

Reseña a Toy Story 5: al rescate de la infancia

Reseña a Toy Story 5: al rescate de la infancia. //Foto: cortesía Disney.

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Corría el año 1995 cuando el mundo vio, por primera vez, cobrar vida a los juguetes en una pantalla de cine. Aquella primera entrega de Toy Story no solo inauguró la era del cine de animación digital de la mano de un joven y arriesgado estudio llamado Pixar, sino que sembró una semilla emocional en toda una generación. Quienes éramos niños en los 2000, aprendimos el significado de la lealtad con Woody, el valor de la audacia con Buzz Lightyear y el dolor inevitable de crecer con Andy. A lo largo de tres décadas, las secuelas llegaron como estaciones de la vida: la segunda nos habló del miedo al olvido; la tercera, en 2010, nos rompió el corazón al ver a Andy regalar sus tesoros antes de ir a la universidad; y la cuarta, en 2019, pareció darle un cierre definitivo al vaquero de trapo, dejándolo encontrar su propio camino como un juguete libre.

Por eso, cuando se anunció una quinta entrega, el escepticismo fue generalizado e inevitable. ¿Era una secuela necesaria? Financieramente, para Disney la respuesta siempre es afirmativa, pero creativamente parecía un riesgo de saturación. Sin embargo, tras sentarse en la oscuridad de la sala de cine y dejarse llevar por los acordes nostálgicos de Randy Newman, la duda se disipa por completo. Toy Story 5 es una película profundamente coherente. No se siente como un relleno comercial para estirar la marca; al contrario, respeta con absoluta devoción la línea narrativa y el alma de las historias pasadas, entregándonos una obra interesante, entretenida y muy humana que mantiene al espectador pendiente de cada fotograma y que sobre todo, trata de un tema real y necesario de tocar en estas nuevas generaciones. Lea: Taylor Swift sorprende en el preestreno de ‘Toy Story 5’ en Los Ángeles

Uno de los detalles más hermosos y conmovedores de este estreno se descubre al mirar a los lados dentro de la sala de cine: habían más adultos que niños. Es un fenómeno cinematográfico precioso. Toy Story 5 es una propuesta para todo el mundo, pero impacta de forma muy especial en dos tipos de adultos. Por un lado, están aquellos que crecieron de la mano de Woody y Buzz, y que por casi dos horas se convierten nuevamente en niños en esa sala, refugiados en un ejercicio de nostalgia pura y maravillosa. Por el otro, se encuentran esos mismos adultos que hoy ya son padres y viven en carne propia, día a día, la compleja problemática de la tecnología con sus propios hijos.

Toy Story se estrenó el 17 de junio. //Foto: cortesía Disney.
Toy Story se estrenó el 17 de junio. //Foto: cortesía Disney.

La trama, desarrollada bajo la dirección del veterano Andrew Stanton (el genio detrás de WALL·E y Buscando a Nemo), nos sitúa dos años después de los últimos eventos. El cuarto de Bonnie es ahora liderado por la audaz vaquera Jessie (con la voz en inglés de Joan Cusack), pero la paz del juego físico se ve amenazada por una crisis existencial global: la llegada de Lilypad, una tablet interactiva con forma de rana que absorbe por completo la atención de la niña. Ante el peligro inminente de quedar relegados al baúl del olvido, los juguetes tradicionales deben unirse en una odisea digital. Esto provoca el esperado y emotivo reencuentro de Buzz Lightyear (Tim Allen) con Woody (Tom Hanks), quien interrumpe su vida errante para acudir al rescate de sus viejos amigos. El gran acierto de este guion, coescrito por Stanton y Kenna Harris, es la construcción de Lilypad, interpretada brillantemente por Greta Lee y con mención especial a Belinda por su maravillosa interpretación de Lily Pad en el doblaje al español latino. Es una villana espectacular, magnética, irónica y pícara con los juguetes tradicionales. Lo verdaderamente fascinante de su personaje es que no opera desde la pura maldad de los antagonistas clásicos; en el fondo, ella busca genuinamente lo que el algoritmo le dicta que es el bienestar su niña. Es el choque definitivo entre el plástico desgastado y la frialdad de los circuitos.

A través de esta ingeniosa premisa, la película trata de forma magistral y sumamente válida una reflexión urgente para estas nuevas generaciones: cómo se están perdiendo las infancias por estar sumergidas en las pantallas. El filme no teme mostrar verdades incómodas sobre los peligros del aislamiento tecnológico y sobre cómo los niños de hoy empiezan a crecer más rápido de lo debido, saltándose la etapa de la imaginación desbordada en la alfombra de su habitación.

Treinta años de magia e innovación

Para dar vida a este dilema contemporáneo, Pixar invirtió un presupuesto monumental de 250 millones de dólares y un proceso de desarrollo que tomó varios años de perfeccionamiento tecnológico. Visualmente, el resultado es una obra de arte fotorrealista. El contraste entre las texturas orgánicas, los hilos sueltos y los raspones de los juguetes antiguos frente al brillo impecable, pulido y frío de los dispositivos modernos es un personaje en sí mismo. Además, la película brilla gracias a un reparto vocal de lujo que incluye adiciones hilarantes como Conan O’Brien en el rol de Smarty Pants —un juguete interactivo para aprender a ir al baño— y Craig Robinson como Atlas, un simpático hipopótamo GPS.

El público ha respondido con una devoción abrumadora. Con menos de veinte días desde su estreno en cines el pasado 17 de junio de 2026, la película rompió récords históricos al superar los 300 millones de dólares en la taquilla doméstica de Estados Unidos, acumulando rápidamente más de 614 millones de dólares a nivel global. Estas cifras no son solo un triunfo comercial; son la prueba irrefutable de que el público necesitaba este reencuentro. Lea: ¿Qué canción hizo Taylor Swift para Toy Story 5? Esto reveló la cantante

Toy Story 5 logra un equilibrio perfecto gracias a un ritmo impecable que dosifica con maestría la comedia limpia, el romance sutil, el drama familiar y una dosis altísima de nostalgia. Nos recuerda que, aunque el mundo avance hacia la hiperconectividad, la inocencia de la niñez merece ser protegida. Vale totalmente la pena ir a verla para reír, reflexionar y, tal vez, dejar escapar una lágrima. Porque al final del día, el corazón de estos juguetes de plástico sigue latiendo con muchísima más fuerza que cualquier batería de litio.

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