No fue un concierto, fue un sueño...
Grité tan fuerte que pensé que me desmayaría en la primera canción. “Una guitarra y mi niñez, la escuela y mi primera vez, amigos que no he vuelto a ver, se van quedando tras de mí”.
Entre los 14 y 15 años estaba pasando de todo por mi cabeza y mi cuerpo. Me sentía bonita y fea, inteligente y no tanto, quería hacer amigos pero me daba pena saludar, quería ser yo misma pero no sabía quién era. Acababa de entrar a un nuevo colegio en medio de ese lío llamado adolescencia y por supuesto me sentía diferente hasta a mi reflejo. Lea aquí: Los famosos que vivieron una inolvidable cita con RBD en Medellín
Estaba en noveno cuando vi por primera vez Rebelde en la pantalla del televisor de mis tíos, con quienes había comenzado a vivir desde hace poco, como para sumarlo a mi rareza. Era una historia desarrollada en un colegio de elite en el que se mezclaban tantas personalidades y familias como arena en el mar.
Más allá de los amores, de las tramas dignas de novela mexicana, la producción logró hacer que me identificara con algo, con otros. Me sentía a veces sola como Mía cuando se trataba de la relación con su padre, diferente y rebelde como Roberta y hasta tímida como Lupita, veía partes de mí, miraba cómo otros, aunque fuera en ficción, vivían mucho de lo que yo. Y comencé a compartir esos pensamientos con compañeros, amigos e incluso desconocidos, nos dio tema de conversación, nos permitió ser más arrojados en medio de esa caracterización de nuestro personaje favorito. Lea aquí: Karol G le dedica sentida carta a Anahí de RBD por homenaje en Medellín
Entonces nació la banda: RBD, y comencé a cantar sola en mi cuarto, a ver una y otra vez sus videos, los videos de sus conciertos y a soñar estar ahí. Ahora nuestra vida adolescente tenía banda sonora.
Vinieron a Colombia, qué emoción, pero yo solo podía pensar en superar el año escolar, en adaptarme a mi nueva familia principal y bueno, tampoco estaba lista para pedir nada. Esa niña, la nueva, la insegura, la rara fue la misma que lloró cuando se anunció la gira de RBD a inicios de este año. Ahora, con 33 años, era momento de cumplirme, literal mi niña interior, esa que pensó que no lograría mucho en la vida debía ser recompensada. Lea aquí: Concierto RBD: Christian Chávez deslumbró con looks hechos en Medellín

Me sentí feliz, plena. “Si censuran tus ideas, ten valor. No te rindas nunca, siempre alza a voz. Lucha fuerte y sin medida, no dejes de creer”.
Con boleta en mano, acompañada por las maravillosas amigas de mi esposo y con solo un par de horas de sueño, comencé a hacer la fila para entrar al Atanasio Girardot, ahí no solo cientos de almas esperábamos cumplir un sueño sino que estábamos listos para compartir nuestras historias. Desde República Dominicana, Brasil, Villavicencio, Bucaramanga, Bogotá, Barranquilla, Cartagena, llegaron hombres y mujeres sin miedo a vivir plenamente esa noche.
Personas que se atrevieron a hablar de su identidad sexual gracias al coraje que vieron en los personajes pero también en las personas detrás de ellos; quienes tuvieron una conversación con sus padres sobre sus sentimientos, los que aprendieron a amarse como son, los que comenzaron a empatizar mucho más con otros. Anahí, Cristopher, Cristian, Dulce y Maite fueron y son luz para un montón de seres que encontraron en esa compañía poco usual, en sus historias, en sus formas de ser, un reflejo de luz para sus propias vidas. ¿Suena extremo? Pues sí, pero, ¿qué se le hace? Así viven los adolescentes, sobre todo esos adolescentes que hoy son treintones y que alistaron sus corbatas rojas y sus faldas de jeans para el concierto.
El ambiente fue 100% de alegría, de tranquilidad y de emoción, no había juicios, nadie hablaba de cómo se veía tal o cual, no nos conocíamos pero éramos una hermandad. Más de una vez, cuando ganaba la desesperación por la espera o las filas, escuché a alguien gritar: “Chicos, recuerden que todos estamos aquí por un sueño”, y el ambiente mágicamente se distendía, volvíamos a sonreír. Lea aquí: Las mejores fotos del concierto de RBD en Medellín
Y cuando sonaron los primeros acordes de “Tras de mí”, cuando vimos sus figuras bajando al escenario, la vida comenzó a sonar a esos años en los que teníamos miedo pero una canción nos hizo retomar energías, encarar la vida, superar un desamor, abrazar nuestras diferencias.

Lloramos, gritamos, cantamos, reímos, nos miramos con otros a los ojos como abrazándonos en una pasión, en un sueño cumplido, en una historia de rebeldía pero también de fortaleza, de resolución, de amor, de poder. Lea aquí: Video: Así se vivió el primer concierto de RBD en Medellín
El concierto de RBD no es solo música, es una experiencia de reencuentro con quienes éramos, es ver cuánto logramos desde entonces, es descubrirnos siendo lo que soñamos y compartirlo con quienes nos acompañaron.
Ahora, sigo pensando en ese momento. “Alguno de estos días voy a escapar, para jugarme todo por un sueño. Todo en la vida es a perder o ganar, hay que apostar, hay que apostar sin miedo. No importa mucho lo que digan de mí, cierro los ojos y ya estoy pensando en ti...”.
Sí, soy Rebelde.
