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Columna

Cualquier parecido es…;

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Cuenta esa gran maestra que es la historia, que en proceso originado por la acusación de una persona con la coadyuvancia de otra, el varón puro y admirado, al asumir su defensa, comenzó diciendo que no sabía “que impresión hayan hecho en vosotros las palabras de mis acusadores: que aun yo mismo, bajo el influjo de ellas, por unos momentos me olvido de quien soy. ¡Tan persuasivamente han hablado! Aunque, por decirlo así, no hay en todas ellas ni una sola verdad.” Siguió su exposición afirmando que “en las palabras de mis acusadores no hay tan solo algo de verdad, sino que no hay absolutamente nada?”, y después de otra consideración expresó: “ es justo que me defienda de las acusaciones falsas y de los primeros acusadores, después de las ultimas y de los últimos?” y agregó este demoledor comentario: “lo más desconcertante de todo es que ni siquiera se puede averiguar quiénes son los tales acusadores y llamarlos por sus nombres.” En otra parte de su valerosa defensa dijo con arrogancia: “Así que si a lo largo de mi vida he hecho algo en público, me he presentado a la luz del día tal cual he dicho, y exactamente el mismo soy en privado; que a nadie ni en nada condescendiendo en contra de la justicia.” Con gran entereza moral y ejemplar valor civil, manifestó a los miembros del jurado: lo que yo tuviera que decir en mi defensa es casi lo dicho y otras cosas a lo dicho parecidas. Pero tal vez alguno de vosotros lleve a mal recordando que en combate judicial muy menor del que yo estoy combatiendo ahora, suplicó el mismo y rogó a los jueces con muchas lagrimas, haciendo subir a sus hijos y a otros de sus familiares y aun a muchos de sus amigos, para alcanzar una larga indulgencia que yo, por el contrario no haga nada de eso, aun corriendo, a mi parecer un peligro tal que es de todos los peligros el supremo”. Y citando a Homero, el autor de la Iliada y de la Odisea, utilizó estas frases del inmortal escritor: “ni de piedra estoy hecho ni de bronce, sino de hombre”. Supongo que los lectores, como lo expresó un hijo mío, después de leer las anteriores líneas, estarán identificando al varón acusado, en forma equivocada, pues no se trata del Contralmirante Gabriel Arango Bacci, sino de Sócrates, el más sabio de los mortales, quien fue juzgado en el año 399 antes de Jesucristo.

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