Después de pasar el fiasco político-electoral de la elección del ex Alcalde Campo Elías Teherán Dix (q.e.p.d), donde se profundizó con más fuerza la politiquería y la corrupción, evidenciado con los escándalos en el contrato suscrito con Chemical, hasta el punto de que la Contraloría General de la República, en su corto tiempo en el Palacio de la Aduana, le solicitó al Presidente de la República suspenderlo del cargo.
Nuevamente la maltratada y sufrida Cartagena, llamada “La Heroica”, no por lo que hizo en el pasado, sino por soportar la corrupción permanente de la oligarquía y sus partidos políticos, es asechada otra vez por estos siniestros personajes. Se apresta a un nuevo proceso electorero, para el cual sincronizaron la politiquería con la corrupción. Aquí la democracia es la desgracia del pueblo, la compra y venta del voto está a la orden del día para mantener al pueblo en la necesidad perpetua, avasallando la dignidad humana y mantenerlo en el analfabetismo político, para que los jefes de la corrupción continúen apoltronados en el palacio de la Aduana.
Con bombos y platillos los medios masivos de comunicación hacen apología a la politiquería y la corrupción, pues ninguno de los candidatos para la Alcaldía de la oligarquía representan los intereses y derechos de los sectores populares. Solo se benefician personalmente los líderes que se venden, los financiadores de las campañas, los partidos políticos de la oligarquía, los candidatos y gamonales políticos que despilfarran y ferian los billonarios recursos económicos del erario.
Por ellos no hay dinero para obras de los barrios populares, tales como: canales para evitar inundaciones, pavimentación, puestos de salud, colegios públicos, vivienda, seguridad, y hay crecimiento de pandillas, consumo de drogas alucinógenas y el llamado matoneo. No hay políticas de empleo, recreación, deporte, medio ambiente, entre otros.
La mayoría de los escenarios deportivos están subutilizados, a pesar de habérseles invertido millones. Vivimos la pesadilla sin fin del elefante blanco llamado Transcaribe, que es el monumento más emblemático de la corrupción en Cartagena. En lo político y electoral debemos y podemos cambiar para mejorar, no podemos seguir siendo masoquistas, golpeados y engañados por los politiqueros corruptos que solo se acuerdan de los sectores populares en las épocas electorales. Por la dignidad del pueblo, cerrémosle las puertas a los candidatos demagogos corruptos de la oligarquía, formemos candidatos populares que representen los intereses del pueblo, forjados en la lucha social y política, construyendo desde ya un frente político amplio de unidad popular por la salvación de Cartagena, dotado de una plataforma de lucha.
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