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Columna

A propósito de elecciones

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Uno de los grandes avances que en fortalecimiento democrático y descentralización administrativa introdujo la Constitución de 1991, fue la elección popular de alcaldes. Afirmo esto a pesar de que en este noble rincón de mis abuelos, esta institución fue prostituida desde su edad más virginal.

En la reciente elección en esta ciudad, el pueblo cartagenero, cargado de ese heroísmo que evocaba nuestro encumbrado poeta, ratificó su descontento e indignación contra la clase política que ha manejado este Distrito de manera avara e irresponsable. Rompiendo todos los pronósticos y escepticismos, se volcó a las urnas para respaldar de manera crítica, en el libre ejercicio del voto, el proyecto político que representaba cambios en el manejo de lo público y en la forma de hacer política. Un proyecto fresco, de corte gerencial, que le apostó a la libertad de conciencia y no al poder del dinero. Esto implica cierto grado de opinión política en la ciudad, que ha venido estructurándose  y que a pesar de carecer de un grado deseable de cualificación, logró prevalecer ante la corrupta dinámica de mercantilización electoral en los últimos tres debates por la alcaldía, configurando una verdadera expresión de poder popular y ciudadano.
Ahora sí le corresponde al Alcalde electo por los cartageneros estar a la altura de la confianza depositada y colmar las expectativas de este oprimido pero aguerrido pueblo que se niega a claudicar. Cual águilas caudales, no descansará hasta romper las cadenas impuestas desde hace décadas.
La elección del nuevo alcalde es un gran paso en este cometido, su llegada a la Aduana es un candil que se enciende para exorcizar la nefasta sombra que abrazó a todos y cada uno de los gobernantes que le antecedieron. Entendemos que es una tarea ardua, que son muy diversos y complejos los problemas del Distrito, que hoy más que nunca habrá palos en la rueda por parte de quienes ven sus interés diezmados, pero he allí donde debe resaltar la grandeza de nuestro líder, mostrando su capacidad de convocatoria para vincular a la ciudadanía a su proyecto de ciudad, empoderar a las comunidades para que sean protagonistas de su propio desarrollo, rodearse de la gente capaz y preparada que hasta ahora ha sido marginada de las grandes decisiones de ciudad, tener sensibilidad con las víctimas y dignificarlas, especialmente las de mi destruido San Francisco.
Al finalizar este periodo de dos años y medio de mandato, el alcalde puede entregar una Cartagena más inclusiva, más segura, mas próspera, más optimista y entonces tararear con alegría el vaticinio del tuerto López: “Pues ya pasó, ciudad amurallada, tu edad de folletín…; las carabelas se fueron para siempre de tu rada.”

*Concejal del Partido de la U.
WILIAM A. PÉREZ MONTES
xprotocolo@concejocartagena.gov.co

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