Por estos días en que se habla de recordar a las víctimas del conflicto armado para no repetir las atrocidades del pasado, he evocado esa tarde del jueves 6 de marzo de 2008, cuando muchos colombianos nos manifestamos contra los crímenes del paramilitarismo y de los agentes del Estado.
Un mes antes, millones de personas habíamos salido a las calles a protestar contra las Farc. Entonces, el Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado decidió aprovechar la euforia para convocar a una segunda marcha y recordar que las Farc no eran las únicas violentas.
No tuvo la acogida de la primera. En la sala de redacción donde yo laboraba, varios compañeros dijeron que tenían mucho trabajo o pereza de salir. A mí no me pareció justo dejar a estas víctimas, tan víctimas como las otras, solas y aunque, como todos, estaba llena de trabajo, salí a marchar. Eduardo Camacho, un colega, se entusiasmó y vino a acompañarme.
Cuando caminábamos entre una multitud que mostraba fotografías de personas asesinadas y desaparecidas, Eduardo paró en seco. “Esa foto es de mi tío”, dijo. “A él lo asesinaron en la masacre de La Rochela”.
Era la foto de Carlos Fernando Castillo, asesinado el 18 de enero de 1989 con otros 11 miembros de una comisión judicial que investigaba delitos en Santander. El crimen fue el resultado de una alianza entre paramilitares, narcotraficantes y miembros del Ejército.
“Ese es mi tío”, se fue diciendo Eduardo mientras se acercaba a la persona que llevaba la foto. Era una mujer que había decidido marchar con una imagen, cualquiera entre tantas, por solidaridad.
“Ese es mi tío”, repitió. Ella le entregó la foto y con la imagen de Carlos Fernando Castillo, Eduardo y yo seguimos caminando mientras él apretaba el retrato con fuerza. Tenía un gesto entre la conmoción y la sonrisa. Entendí que ningún trabajo pendiente era más importante que estar ahí con él y con los demás que marchaban para recordar a sus seres queridos.
Según el Centro Nacional de Memoria Histórica, al igual que Carlos Fernando Castillo, 220,000 personas han muerto en Clombia por el conflicto armado, lo que equivale a una quinta parte de la población de Cartagena. “Esta es la mayor catástrofe humanitaria del hemisferio occidental en los últimos cien años”, asegura León Valencia, investigador del Centro en el vídeo ‘No hubo tiempo para la tristeza’, que trata sobre el informe ‘Basta ya Colombia. Memorias de guerra y dignidad’.
Mientras leo el informe y recreo esa imagen de Eduardo llevando la foto de su tío ese 6 de marzo de 2008, me viene a la mente cuán importante es saber lo que ha pasado en este país, para que baste ya.
*Profesora del Programa de Comunicación Social, UTB
