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¡Cuidado! Hoy más que nunca hay que tener los pies sobre la tierra, ante los billetes falsos que inundan el mercado. Yo nunca he sabido de dónde provienen, pero a cada rato me llegan billetes de $10.000 y de $20.000, que en el comercio nos rompen en la cara, como si fuésemos delincuentes.

Parece mentira que tanto desocupado dedicara su tiempo a engañar a los más inocentes que no distinguen la diferente calidad del papel o pequeños detalles que lo obligan a renunciar a sus billetes.

Estando en el Banco X (por así llamarlo), me acusaron de entregar un billete de $50.000 falso, y toda la fila se enteró. ¡Qué vergüenza! Llena de rabia le dije a la empleada bancaria que me devolviera mi billete para cerciorarme de que era falso, y aprender la lección, pero la señorita, con cara de puño, me negó ese derecho, pues ella debía romper ese billete.

“Es evidente que yo no soy traficante de billetes falsos”, le dije enfadada a la empleada del banco, quien nunca me demostró que ese billete “lo metí yo y no otra persona”. Ante mi insistencia, me sacó una fotocopia oscura en donde no se veía la serie ni el número.

Me sentí robada y estafada. Fui a mi banco, el BBVA, y les conté lo sucedido. Ellos me exigieron el billete falso porque la fotocopia no se entendía, sin embargo, les demostré con mi tarjeta que había retirado del cajero un dinero para salir de compras y ellos me contestaron: “En nuestro banco asumimos siempre la inocencia de nuestros clientes. Mañana tendrá el dinero consignado en su cuenta.” Y así fue.

Cuento esta historia para demostrar que el éxito de una empresa es la confianza mutua entre las partes. Aunque para algunas personas, es común una expresión que dice, “Bandido y banco es la misma cosa”, veo, sin embargo, que no siempre es así, y que la voluntad de servicio es la mejor garantía para realizar transacciones comerciales.

Si a usted le ha pasado lo mismo, busque el itinerario donde compró para saber de dónde viene el dinero, pues el costo de la vida subió demasiado y es muy triste sentirse robado y estrujado por una falta de confianza en los otros.

¡Cuidado ahora con los billetes de $100.000!, porque la desilusión es grande, cuando uno se siente asaltado en su buena fe. Además, es la prueba reina de la devaluación de la moneda.

Soy muy desprevenida y nunca detecto un billete falso, pero como dije antes, hay que estar alertas, porque los amigos de lo ajeno no descansan. Sin pausa ni prisa, el mundo nos exige caminar por la vida con “los ojos abiertos y oídos despiertos”.

*Directora Unicarta 

saramarcelabozzi@hotmail.com

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