Uno de los principales compromisos de país que debiéramos asumir todas y todos los colombianos es llamar a las cosas por su nombre, es que no hay otra forma para denominar la bochornosa encrucijada en la que se metió el Comité Olímpico Colombiano (COC) con la designación de la abanderada, quien debería portar la bandera de Colombia en la inauguración de los Juegos Olímpicos, Brasil 2016.
No podemos seguir priorizando al patrocinador y los intereses comerciales por encima de los deportistas, lo que puso en ridículo incluso al presidente Juan Manuel Santos, quien en pomposa e inútil ceremonia le entregó el pabellón nacional al gimnasta Jossimar Calvo, pese a que la Federación Colombiana de Gimnasia había advertido que “No vamos a arriesgarlo a estar de pie las siete u ocho horas de la ceremonia” teniendo competencias al día siguiente.
La segunda opción del COC, Mariana Pajón, literalmente les sacó el cuerpo: “Yo ya tuve la oportunidad de serlo y quiero que otro viva eso tan increíble…”Pero más aún, el presidente de la Federación Colombiana de Atletismo, lo había exigido en carta dirigida al COC, indicando que “Caterine Ibargüen, deportiva y competitivamente se ganó ese derecho… durante el calendario 2012 - 2016”, cuatro años ganándolo todo!
Pero la misma Caterine Ibargüen nos puso sobre aviso y advirtió que no sería la elegida “por motivos de monopolio, la política e injusticia que siempre vivimos”.Al final el COC trató de evadir este tipo de pronunciamientos designando a dedo a la judoca Yuri Alvear, al punto que a la directora de Coldeportes le correspondió justificar la decisión resaltando que a Yuri, como “mujer afrodescendiente, de provincia, representa a la Colombia femenina, regional y étnica...”, una salida hábil pero insuficiente, al preguntarse por las razones deportivas y competitivas, y más cuando hoy está claro que de los siete, solo Caterine y Óscar Figueroa lograron la meta.
Lo único cierto de todo esto es que muy a pesar de la fuerza y el deseo que les hemos puesto a todos nuestros deportistas y las expectativas creadas, las cuatro medallas, dos de oro y dos de plata, que tiene a Colombia en el puesto 17 de los Juegos Olímpicos, son un aporte más de la comunidad afrodescendiente, de las comunidades negras, que entre otras cosas, no nos cansaremos de gritar que no es posible construir la paz en medio de la imposición de los monopolios, la politiquería, la corrupción y las injusticias sociales, que como el racismo, siempre hemos vivido.
