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El año pasado, cada vez que veía un noticiero, un periódico local o nacional, siempre salía un caso de corrupción, implicados funcionarios públicos y políticos que tienen como norma adueñarse de las finanzas e inversiones públicas mediante toda clase de artimañas, que lo dejan a uno boquiabierto ante tanta astucia. Ya no son simples carruseles donde se pasan y rotan la pelota para ganarse jugosos contratos, son verdaderos tiburones con un poder depredador que sobrepasa los mismos controles del Estado.

Leía cómo Reficar tuvo un sobrecosto del 100%, uno se imaginaria que se hicieron el doble de las obras y parece que sí, lo que construían de día lo desbarataban de noche, para luego volverlo a levantar de día. Ya la Contraloría hizo hallazgos por casi mil millones de dólares, con eso no hubiese sido necesaria la reforma tributaria, ni mucho menos pasar de un IVA del 16% a uno del 19% a costillas de las clases menos favorecidas.

No hay proyecto que sobresalga en importancia, que se ejecute a tiempo y con los recursos asignados. Proyecto que se respete, mínimo debe tener un sobrecosto del 30% en recursos y un retardo considerable que disimule el sobrecosto. Aquí hay de todo en artimañas. Que la obra comenzó sin el planeamiento adecuado, que no se tuvo en cuenta la ingeniería de detalle, que el clima no dejo terminar la obra, que las válvulas pico de pato ya no son las adecuadas, que se direccionó la licitación hacia un único proponente, etc.

Y si se trata de emplear la tecnología para beneficio propio, también salen expertos que sacan los recursos de los bancos por miles de millones de pesos y cuando se dan cuenta, no hay un solo centavo en las cuentas oficiales. Es de película, la película la estafa queda en pañales ante tanta sagacidad delincuencial y el caso de los “hackers” de las últimas elecciones es tan especial que de ser cierto todo lo que se ha publicado y dicho en los medios de comunicación sobre este tema, Watergate queda en pañales también.

Y de mermelada para tener a todos contentos en el Senado y que se apruebe todo, llámese reforma tributaria, acuerdo de paz, etc., el Gobierno da ejemplo de maestría de cómo hacerlo. Como dijo Maquiavelo, maestro de la política: “el fin justifica los medios”, aunque se cree que quien lo escribió fue Napoleón en la última página del libro El Príncipe, de Maquiavelo.

Sin una conciencia ciudadana que comience en la familia y siga en las aulas, donde se enseñen y recalquen los valores éticos y morales, seguramente mis descendientes continuarán leyendo lo mismo y más de lo que leo hoy con hechos de mayor sagacidad delictiva. Este año ya comenzó con los hallazgos de la Fiscalía de los sobornos dados por la empresa brasilera Odebrecht.

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