Los cartageneros definen en los próximos días quien es su alcalde. Pero, ¿para qué? ¿Para seguir en lo mismo o para caer en lo mismo? Seamos coherentes con algo de fondo que expresamos en anterior columna. “Lo que la ciudad requiere no es simplemente un alcalde atípico, es uno de transición que reúna todos los requisitos de ley, más otros especiales que el crucial momento exige”.
Cartageneros, el palo no está para cucharas. El desarrollo de una ciudad debe ser integral y quien la administre debe atender todos los frentes y gobernar para todos. Pero debemos entender que hay prioridades insoslayables e inaplazables. La primera y más urgente, recuperar la confianza y la esperanza perdidas.
Todo es importante, lo urbano, lo económico y lo cultural, pero sin ninguna duda, primero es lo social y lo ambiental.
Ese alcalde y su equipo deben tener claro que para lo urbano, lo primero debe ser sanear y fortalecer el control junto con la actualización del POT y la definición del PEMP. En lo económico, deben liderar todo un plan de concertación público-privada que ponga por encima de todo, los más altos intereses de todos los cartageneros, no los de unos pocos.
Hay algunas prioridades muy claras. Sobre lo social hay suficiente ilustración, lo que le corresponde a ese alcalde aún por elegir es ser el gran articulador de un gran propósito colectivo para no solo eliminar la pobreza, sino generar una más amplia y vigorosa clase media y su movilidad social.
Gracias, Meisel y Ayala, por sus valiosos aportes, pero no más estudios. Y por favor no más foros. Acción y solo acción es la que se necesita.
Lo ambiental no da espera y si no nos apuramos nos ahogamos, así de simple, suficientes pruebas nos ha puesto la naturaleza. Cartagena tiene uno de los mejores planes ambientales, el PLAN 4C, y lo que hay es que ponerle dientes.
Para este propósito urge en nuestro modesto concepto crear una Secretaría de Adaptación al Cambio Climático, con dos grandes brazos, uno para fijar políticas, hacer seguimiento y ejercer control; y otro para ejecución de obras.
La “problemática” la conocemos, lo que necesitamos urgentemente es la “solucionática”.
Alcalde, sea quien sea, su única aspiración debe ser, sacarnos de este atolladero. Hágalo y pasará a la historia.
¿Y nosotros qué? ¿A darnos mecedora en la terraza, a mirar qué pasa?
No, nosotros somos sin excepción responsables de todo lo que nos ha pasado, y ahora nos corresponde a todos, sin exclusión, asumir la responsabilidad de la solución.
¡Despierta, Cartagena! ¡Pellízcate!
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