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Columna

Por un puñado de razones: Alberto y la cinemateca

“Alberto, junto a colegas, estudiantes y detractores sensibilizó la opinión pública sobre temas censurados en Cartagena y las películas fueron...”.

Ricardo Chica Geliz

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Propongo que la Cinemateca Distrital de Cartagena lleve por nombre ‘Alberto Sierra Velázquez’, lo que justifico con un puñado de razones, pues Alberto puso el pensamiento fílmico en el centro de la experiencia social cartagenera. Lo anterior se manifestó en su obra periodística, pedagógica, artística y de gestión cultural que marcó una época -los años 60, en especial-, donde el compromiso de la juventud cartagenera consistía en cambiar la realidad social y económica, no solo de la ciudad, sino del mundo entero.

La promoción del rigor intelectual liderada por Sierra tuvo gran incidencia en la formación de la cultura cinematográfica de tres generaciones de cartageneras y cartageneros. Una primera razón tiene que ver con su experiencia de vida situada en el Caribe popular en conexión con el mundo. Una conexión que Alberto interrogó a través de sus viajes, sus estudios y de la valoración del cine en la prensa, en colegios y universidades, en el Festival de Cine y en la fundación de cineclubes.

Alberto, junto a sus colegas, estudiantes y detractores sensibilizó la opinión pública sobre temas censurados en Cartagena y las películas fueron el instrumento crítico para abordar la desigualdad social y económica; la ignorancia como arma política, el racismo, el machismo, la crisis del medio ambiente, la guerra cultural imperialista, y el fanatismo religioso, entre muchos otros que sacudieron la doble moral y la hipocresía.

Otra razón tiene que ver con su ejercicio de crítica cinematográfica, que se distingue del comentario de cine en prensa o del periodismo cultural sobre cine. Tres actividades que Alberto puso en práctica desde fines de los años 50 hasta casi el final de sus días. Alberto evaluó películas que, muchas veces él mismo trajo a la ciudad, desde antes de la aparición del Festival Internacional de Cine de Cartagena, en 1960. Ejercía una labor de curaduría y gestión cultural para que la ciudad tuviera la oportunidad de conocer y reconocer los cambios del mundo en materia de cine y su pensamiento.

Otras razones se relacionan con las películas y delegaciones internacionales que Alberto trajo al Festival Internacional de Cine desde sus inicios. Cuando dirigía el Cine Club Cartagena (fundado por Víctor Nieto Núñez en 1952), Alberto tejió relaciones con embajadas, productoras de cine, ministerios y cinematecas europeas, norteamericanas, asiáticas y de América Latina y el Caribe, lo que permitió ofrecer al público una cartelera cinematográfica que, de otra forma, nunca hubiera llegado.

Más poderosas razones son: su labor docente en la materia de Estética del Cine, que impartió en muchos colegios, y la fundación de 30 cineclubes por toda la ciudad. Como evangelista del cine su máxima era: “El cine es el primer arte y a él solo se llega purificado” (1965).

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