Todos recordaremos su humilde y valerosa proeza: rescató dos pequeñas ardillas caídas del árbol de mango donde sus padres construyeron madriguera oculta a gavilanes, insaciables depredadores: aquella tarde las aves de rapiña merodeaban hambrientas y los indefensos animalitos no tuvieron más alternativa que saltar al vacío, huyéndole a una muerte segura, pero apareció Santi desenfundando palo de escoba y cajita de cartón, repleta de trapos y periódicos, ahuyentando las aves de rapiña, que finalmente emprendieron vuelo sin antes hacernos saber, a través de graznidos, que volverían por sus presas.
Santi se hizo cargo de los supervivientes, padres, abuelos y vecinos, orgullosos aplaudimos su minúscula épica proeza, reclamando ayuda profesional para cuidar y alimentar convenientemente a la parejita de ‘desplazados’. No parece casualidad que, al mismo tiempo, Colombia en efervescencia política, se poblara de madrazos y bombas de todos los calibres, dolorosa y eterna historia de Caín y Abel: discursos cargados de odios y venganzas envenenan el aire y los espiritus: ‘Siembra viento y cosecharás tempestades’.
Paradójicamente nos asfixian toneladas de normas jurídicas, hambruna, violencia insaciable, desigualdades, líderes mundiales en homicidios: goteo perenne de sangre y lágrimas que a nadie conmueve. Cuando la muerte violenta no indigna, hay impunidad completa, su obra macabra de lazo con la corrupción arrebatando sueños y malogrando destinos: por cada peso saqueado, medicamentos no entregados, escuelas y hospitales desmigajados que a nadie conmueven.

Por un puñado de razones: Alberto y la cinemateca
RICARDO CHICA GELIZHoy, lastimosamente, las campañas políticas siguen libretos agresivos, irreconciliables, excluyentes, prometiendo seguridad y prosperidad mientras siembran odio, miedo entre hermanos apegados a ideologías anacrónicas, chalecos antibalas y estampitas de Lucifer, viacrucis repetitivo soportando 80 años de guerra fratricida: desde 1965, 500.000 asesinatos y número mayor de desaparecidos, hermanos contra hermanos, expertos en modificar constituciones, fabricar o remendar leyes, códigos, resultados desastrosos, deberíamos remplazarlas por sencillos dogmas: ‘No matar, no robar, no mentir, trata a los demás como exigirías trataran a tu familia’, tal como lo hizo Santi y sus dientecitos de leche haciéndose cargo de las ardillitas amenazadas.
Seguramente, si la ternura y la solidaridad reemplazaran los fusiles y los libros de contabilidad, tendríamos el país justo y tranquilo que merecemos.
Lástima grande: para aspirar a la Presidencia, de acuerdo con la Constitución Política de 1991, el candidato no debe ser menor de 30 años, ser colombiano de nacimiento, con derechos políticos impecables, no incurso en inhabilidades, condenas judiciales o sanciones que limiten sus derechos políticos. En ninguna parte señalan la obligación de ser pacifistas, solidarios y justos, ¡lástima! Santi, nuestro héroe irreprochable, quien aún porta dientes de leche, cumplirá siete añitos, pero su espíritu solidario deja ver don de gentes, ejemplo a seguir como testifica Winnie the Pooh: ‘Todos los niños del mundo, sin distingo, son más valientes de lo que creen, más fuertes de lo que parecen y mucho más inteligentes de lo que piensan. Niños gobernando al mundo: ¡Inclúyanlos en la Constituyente!’. Yo votaré por Santi.
