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Hace dos semanas en Viena, Rusia y la Arabia Saudita, con sus aliados del Golfo Pérsico acordaron incrementar la oferta de crudo en un millón de barriles diarios (b/d). Los portavoces del consorcio voluntario, ministros de energía, Novak, de Rusia; y Al-Falih, de Arabia Saudita, dejaron claro que los nuevos barriles no se repartirán en proporción a las actuales cuotas de cada país.

El reparto lo hará, según conveniencia y disponibilidad, el Comité Ministerial de Monitoreo que presiden Rusia y Arabia Saudita; un zar de dos cabezas que consolida su dominio del grupo y es un nuevo paradigma petrolero. Don Sancho Jimeno aprendió a vivir con dos reyes: su propio Felipe V y el abuelo de este, Luis XIV de Francia. Ambos mandaban, pero se hacían pasito. No hubo repetición de la catastrófica caída de Cartagena en 1697.

El comunicado final de Viena consigna que los 24 países del cartel ampliado en 2016, cuando se hicieron recortes voluntarios, siguen obligados por el acuerdo, pero que ninguno será penalizado si lo excede. Saludo a la bandera para Irán, Irak y Venezuela, que aceptaron a regañadientes. Estos no tienen capacidad excedente y resienten perder participación de mercado. Pero nada pueden hacer: Irán verá reducirse sus exportaciones por las sanciones Trump, que le quitan compradores; deficiencias en la infraestructura limitan aumentos en la producción de Irak; y Venezuela ni hablar.

El Comité Ministerial “asegura que está garantizado el suministro de energía y que este será gestionado por un responsable grupo de países productores”, si bien solo un tercio del consorcio, en esencia los aliados del Golfo Pérsico y Rusia, más algo de Azerbaiyán (30 mil) y Angola (25 mil), están en capacidad de bombear significativamente por encima de su cuota. Lo encabeza la Arabia Saudita, que tiene un colchón de más de dos millones de b/d y, muy seguramente, va a suplir cerca de la mitad (400.000 b/d) de la relajación decretada.

Los grandes quedaron contentos, incluido Trump, que en sus trinos exigió al aliado saudita (y al ruso) moderación en el alza de los precios pensando el las elecciones de noviembre, y que queda en libertad para apretar mas a Venezuela e Irán. El crudo Brent debería estabilizarse en US $70-80 por barril. La fortaleza de la alianza entre Arabia y Rusia determinará el futuro de los precios. 

No todo, sin embargo, es color de rosa por el lado de la oferta. La mayor disrupción se presentará muy pronto por la cuenta del rey Midas: la cuenca del Permian, que es la casa del fracking y desde donde la producción aumenta en 800.000 barriles anuales. La capacidad de los ductos para llevar el crudo de la cuenca a los mercados será un cuello de botella. De otra parte, ni por Nigeria ni por Libia hay asomos de solución de sus crisis profundas.

Así, Colombia va en coche. Cualquier barrilito diario por encima de sus 865.000 (productor 22 en el mundo) que dejen fluir la guerrilla o los ecofúricos, encontrará mercado a buen precio. Bien arranca el Gobierno.

El Comité Ministerial “asegura que está garantizado el suministro de energía y que este será gestionado por un responsable grupo (...)”

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