En “Tertulia y Libros”, el taller de lectura al que asisto en Cartagena, nos dimos la oportunidad de retornar a la poesía explorando la vida y obra de uno de los más destacados y controvertidos poetas colombianos de los últimos tiempos: Raúl Gómez Jattin. Lo hicimos guiados por Heriberto Fiorillo, uno de los escritores que mejor lo ha interpretado y que ha contribuido a conservar su legado.
“Arde Raúl: la terrible y asombrosa historia del poeta Raúl Gómez Jattin”, es un libro apasionante de principio a fin, tanto para quienes conocieron al personaje en vida, para quienes han leído sus creaciones y para quienes se aproximan a su obra, fruto de un gran talento surgido y cultivado en los laberintos de una existencia compleja que fluctuó entre la racionalidad y la locura; la estética y las obscenidades; el amor y el desamor; la sobriedad y las drogadicción; el reconocimiento social y la tragedia de la soledad.
Publicado en 2003, el libro de Fiorillo conserva vigencia por la contundencia de la historia que cuenta, por la perpetuidad de los poemas que incluye y por la presencia fantasmal de Raúl en cada una de sus 347 páginas, quien se pasea en ellas de la misma forma como lo sigue haciendo por las calles de Cartagena que recorrió con su figura de ternura y miedo.
La poesía seduce, pero tiene preferencias limitadas frente a otros géneros literarios. Uno de los grandes logros del libro es entonces la magistral combinación de una exquisita narración de Fiorillo, quien por momentos confunde si es él o el poeta quien escribe, y la selección de poemas que incluye.
Los poemas de Raúl, quien dijo creer en el pasado como punto de llegada, son el reflejo de su vida, de sus amarguras y dolores, de su irreverencia transgresora, de su inspiración en lo cotidiano, con un nivel de estética e indecencia, que para algunos resulta difícil de asimilar, pero que no impide valorar su infinita capacidad creativa.La vida del poeta, contada por Fiorillo con base en testimonios de sus familiares y amigos, motiva múltiples reflexiones, comenzando por la necesidad de comprender y valorar las capacidades creadoras de las personas que consideramos “diferentes”, reduciendo sus soledades y angustias.
La lectura motiva también a propiciar el reencuentro colectivo con la poesía y qué mejor forma de hacerlo que reivindicando a nuestros talentos insignes.
A Raúl hay que leerlo en los colegios y universidades, en los clubes y plazas; en los centros de convenciones y en los barrios. Su obra es un valor patrimonial que nos corresponde preservar al igual que su memoria, como uno de los más grandes e incomprendidos poetas de todos los tiempos.
“A Raúl hay que leerlo en los colegios y universidades, en los clubes y plazas; en los centros de convenciones y en los barrios. Su obra es un valor patrimonial (...)”*Asesor en comunicaciones
