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Columna

Orígenes del vallenato

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El libro de editoriales universitarias más vendido en la pasada feria del libro de Bogotá fue “Acordeones, cumbiamba y vallenato en el Magdalena Grande: Una historia cultural, económica y política, 1870 - 1960”, de Joaquín Viloria. Este trabajo aborda los orígenes de la música vallenata con una rigurosidad de fuentes y considerando el contexto cultural, económico y político en el que este ritmo musical se consolidó como uno de los más importantes del país. Se convierte, de esta manera, en un aporte para entender la evolución histórica del vallenato en el Magdalena Grande.

Uno de los planteamientos más importantes del libro es que la consolidación del vallenato se dio siguiendo las bonanzas económicas en el Magdalena Grande. Inicialmente Riohacha y sus alrededores vivieron una prosperidad comercial y una significativa dinámica demográfica entre 1840 y 1870, como resultado de la explotación del palo de tinte y el dividivi, que era recogido por indígenas para ser exportado a puertos de Holanda, Inglaterra y Francia. Viloria menciona que lo más probable es que la importante colonia de judíos de Curazao, residentes en Riohacha a finales del siglo XIX, fuesen los encargados de introducir los primeros acordeones a través de este puerto.

La siguiente bonanza económica se dio en Ciénaga y sus alrededores, en la que comenzó a identificarse como la Zona Bananera, gracias al auge de las exportaciones de banano entre 1890 y 1930. La prosperidad económica atrajo a muchos migrantes extranjeros (italianos, franceses, españoles y árabes, principalmente) y nacionales (bolivarenses, santandereanos y guajiros). Con esta mezcla, Viloria argumenta que se fue formando la “cultura zonera”, en donde el acordeón fue incorporado a las llamadas cumbiambas, en la década de 1890.

El tercer auge económico se presentó con el despegue de Valledupar. Esta ciudad se mantuvo aislada hasta la década de 1930, cuando llegó a la presidencia nacional Alfonso López Pumarejo. Este presidente impulsó las vías que permitieron la integración con Santa Marta y Riohacha. A finales de 1940 comenzó la siembra del algodón en esta provincia, que luego consolidó una bonanza económica sin precedentes en las décadas de 1950 y 1960. Como resultado, la que más tarde sería capital del Cesar, duplicó su población en la primera mitad del siglo XX.

Siguiendo las tendencias económicas, el vallenato logró consolidarse como el ritmo más importante y representativo del país. Hoy Valledupar ejerce como centro de esta expresión folclórica, donde el Festival Vallenato es su máxima manifestación. 

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