Escribir sobre el avance de la crisis de la ciudad de Cartagena, es un estribillo, reiterada crítica de un deprimente estado de cosas en brutal expansión, por cuanto la reincidente deshonestidad pública, no tiene límites ni barrera alguna, por culpa de una inhumana casta de avaros y codiciosos personajes, que se han apropiado de los recursos estatales y de la función pública, con la complicidad de un sector de la institucionalidad y de minoritarios colectivos sociales.
Columnistas nacionales, regionales y locales, desde hace décadas se han referido al asunto, insistiendo sobre la necesidad de generar un cambio trascendental, que implicaría, no solo reestructurar las bases del Estado, sino reemplazar a los bandidos, que disfrazados de servidores públicos, protegen la depravación oficial. Los resultados no han sido los esperados.
Cartagena, avanza hacia una ciudad fallida, dentro de la caracterización de Noam Chomsky, por cuanto, en el Estado Distrito, no se garantizan ni se protegen eficazmente los derechos humanos, no hay control integral del territorio, y la corrupción domina en muchas dependencias oficiales, es parte de la cultura institucional, verdaderas escuelas del delito.
“La robadera “denunciada por el Dr., Edgardo Maya, Contralor General de la República, en todo el país, acá es más evidente. En Cartagena, todo el mundo sabe quiénes son, doctores en toda clase de torcidos, que se han venido apropiando de los impuestos distritales, realizando conciertos delictivos, legalizados bajos las distintas formas de la contratación estatal.
Los mafias públicas en el país y en Cartagena no se detienen, porque no han tenido la sanción social y judicial que se merecen, por eso son soberbios y arrogantes, amenazan e intimidan, porque alguna institucionalidad está de su lado, por ello, son todo poderosos, no obstante los esfuerzos por combatirlos.
La prostitución estatal, en Cartagena, es estructural, histórica, sistémica, gigantezca y potente. La corrupción se “chupó a Cartagena porque “descubrieron la fórmula para saquearla de manera sistémica”. Columna del 20 de Diciembre de 2012, escrita por el suscrito, han trascurrido más de cinco años, las cosas van de mal en peor.
Las crisis son oportunidades. En efecto, las veedurías decentes están actuando, el consejo Gremial, Aciembol, Funcicar, la sociedad de Ingenieros, el colegio de abogados, la veeduría de la rama judicial, columnistas, periodistas independientes, portales investigativos al unisono, han decidido intervenir. Las autoridades de control, deben seguir brindando su institucional apoyo.
La putrefacción distrital, tiene distintos orígenes, una de ellas, las campañas electorales, mercado persa, en un territorio lleno de pobreza, en donde el poder de elegir el voto tiene un precio al detal y al por mayor, esto último ofertado por verdaderos líderes del desastre.
La corrupción de cuello blanco, ha tomado formas sofisticadas, “se presenta en forma alarmante en dos modalidades de impunidad, los implicados no solo se pasean oriundos e impúdicos, sino que osan erigirse como líderes de opinión y censores morales", Alfonso Gómez Méndez.
Las denuncias realizadas sobre algunas dependencias distritales son preocupantes, estas son fuentes inagotables de corrupción, hechos, que debe poner a pensar a todos los habitantes de Cartagena, sobre la suerte que están corriendo sus impuestos por causa de los carruseles, pulpos, carteles, mafias, venas rotas y ollas podridas. Son apestosos prostíbulos estatales.
La corrupción destruye el presente, niega el futuro, destruye la sociedad, es pobreza, subdesarrollo, violencia, analfabetismo, por ello es necesario crear un sistema integral de lucha contra la corrupción, un sistema educativo que la enfrente y fortalecer e instrumentalizar los controles ciudadanos.
