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Columna

Victoria para la ética ciudadana

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La consulta anticorrupción fue supremamente exitosa, contra todos los pronósticos estuvo según el preconteo en una suma cercana a los  doce millones de votos,  que denota que el proceso de construcción de la ética ciudadana es  ya una realidad  irreversible.

El dictamen popular del pasado  26  de agosto  de  2018, por encima del contenido  y  de sus  efectos jurídicos, representa un mensaje  moral trascendental, un recuentro con la esperanza, porque la  corrupción, tendrá algún  día, partida  de defunción. Una nueva manera de pensar y de actuar,  se está abriendo paso.

El mensaje "siete veces sí", es imperativo, la corrupción no podrá seguir siendo impunemente forma de ejercicio del poder del Estado, ni del ejercicio de la política  electoral, realidad que plantea la estructura de una vigorosa cultura social, centrada en la ciencia de lo correcto y el avance de la decencia colectiva.

En Colombia la corrupción ha estado blindada, superprotegida, la impunidad  y tolerancia  social han sido sus aliados, al punto que se ha convertido en forma de gobierno, ejercicio de la función pública, fuente de enriquecimiento ilícito y sede de la delincuencia de cuello blanco.

La consulta anticorrupción, la ha embestido, el señorío que adquirieron las  obscenas y depravantes conductas oficiales, empresariales, colectivas  y privadas, por cuanto el fenómeno tiene dimensiones impredecibles, que hicieron del Estado y de la actividad  privada, organizaciones descompuestas al servicio de los más purulentos intereses.

El Estado colombiano, necesita  una asepsia y poderosos antisépticos, que eliminen las putrefactas  cañerías de la corrupción, lo cual creemos, es posible con unos organismos de control fortalecidos, integrados por personas probas y de una ciudadanía instrumentada, que se comprometa  con la institucionalización de la moral pública y social.

El reto apenas comienza, por cuanto, para  atacar el sistema y sus actores requiere la existencia real de la comunidad, esta, prácticamente inexistente, resultado de la “privatización de la ciudadanía, toda vez, que la modernidad  global desarrolla el individualismo, generando un vacío societal  en  donde  según Touraine “La sociedad  ya  no existe”, porque hay un deterioro constante de los vínculos sociales, de las solidaridades  y al mismo tiempo, hay un proceso de atomización", “los comportamientos tienden a aislar a las personas”, dijo Zygmunt Bauman (Privatización de la ciudadanía). El domingo estas voces, se unieron, se convirtieron  en votos, en opción de cambio.

El magnánimo resultado es semilla que  germinará  en las  grandes transformaciones que requiere nuestro país. La ciudadanía ha reaccionado, la abstención  ha  tomado partido, ha rechazado el actual  estado de cosas, el Statu Quo, ha comenzado a sucumbir.

El proceso  de la concientización ciudadana, está en su  mejor momento, corresponde planificarlo  de la  mano de la información y formación política, en  las  marquillas  de  soluciones  serenas  y  concertadas. 

El aviso de la consulta anticorrupción es premonitorio, anuncio de nuevos procesos que demostrarán, la repulsa resistente de una sociedad que se cansó del imperio de los corruptos y de las gestiones indecorosas.

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