Les pido a mis amigos cinéfilos que me ayuden a recordar el nombre de una película futurista que vi en los años 70, cuando aún no les prestaba atención a los actores ni a los directores. Solo esperaba que me contaran una buena historia y nada más.
El relato versaba sobre un planeta tierra gobernado por un grupo de hombres, quienes habían logrado llevarlo a excelentes niveles de tecnología, pero espiritualmente continuaba en la mezquindad y la corrupción, fenómenos que hacían que en algunas partes del globo surgieran grupos de rebeldes igualmente aprovisionados de tecnología, aunque en número no superaban a los mandatarios.
Llega el momento en que los dueños del poder detectan que los recursos escasean, mientras que la sobrepoblación (sobre todo de gente pobre) aumenta, hasta que traen a colación las teorías de un tal Thomas Malthus, quien siglos atrás afirmaba que las pestes y las guerras eran factores necesarios para detener la desmesura poblacional.
Es así como los gobernantes barajan soluciones que van desde una posible esterilización de hombres y mujeres, hasta una guerra o un envenenamiento masivo orquestado por la industria alimenticia. Ninguna de las opciones se pone en práctica, dado que uno de los científicos del régimen descubre que la invención de un virus de laboratorio es más eficaz y económica. Se fabrica el virus y, de paso, el antídoto para cuando la población se nivele a conveniencia de la ambición estatal.
La enfermedad se lanza entre las poblaciones pobres y los muertos son incontables, lo que permite que los críticos del sistema se olviden por un buen rato de los malos procederes de los gobernantes, a la vez que la sobrepoblación se va superando. Pero, finalmente, el virus se desborda incontrolablemente cuando un infiltrado de los grupos rebeldes logra violar los protocolos de seguridad de la comunidad científica y se roba el antídoto.
Los primeros en morir, cuando el virus franquea todas las barreras, son los científicos. Posteriormente caen los mandatarios y sus familias, mientras los rebeldes descubren la forma de multiplicar el antídoto y los pobres empiezan a fortalecerse, hasta que la tierra queda desolada y bajo la necesidad de que se conforme un nuevo sistema de gobierno, pero más justo y más solidario.
Los rebeldes se erigen como los nuevos gobernantes, empezando por poner en práctica las teorías de desarrollo y justicia que habían estudiado en los tiempos de la clandestinidad, lo que hace que, después de vencer muchos escollos, el planeta retorne a la prosperidad material.
Sin embargo, tal como en épocas pasadas, el crecimiento material supera al espiritual, olvido que provocó que se reiniciaran las rencillas, los desacuerdos y la corrupción hasta que llega la necesidad de retomar las teorías de Thomas Malthus para mantener a raya a los contradictores.
*Periodista.
