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Cartagena, vista como la niña de los ojos de los colombianos y como pocas ciudades han logrado dos leyes grandes para su desarrollo: la Ley del Sitio y la Ley para la Erradicación de la Pobreza ¿nos quedaron grande?

Mientras el pan y el circo nos distraen, nuestros gobernantes se enfrascan en peleas intestinas; nosotros, ciudadanos, los verdaderos dueños de la ciudad que pagamos impuestos, que lastimosamente no votamos, estamos padeciendo la falta de administración.

¿Falta trabajo? No. Lo que hay es trabajo, lo que pasa es que no estamos laborando. Con tantos proyectos por hacer, diría yo, que faltaría mano de obra.

¿Pobreza? Mucha. Por lo tanto, hay materia prima para decidir trabajar y sacar a nuestros hermanos de la inopia.

¿Educación? Pues falta mucha y cultura también, entonces tenemos oportunidades para enseñar y así fuentes de trabajo calificado en el magisterio.

¿Enfermos? Muchísimos, pues entonces necesitamos más recurso humano en salud, fuente de trabajo.

La malla vial rota completamente, entonces necesitamos ingenieros. El mar desborda y el calor aumenta, pues tenemos necesidad de construir ecológicamente contenciones y vías.

¿Erosión? Pues sembremos. ¿Hiperdensidad poblacional? Pues obligatoriamente debemos planear la ciudad, pero ya. No tenemos ni uno ni dos años, es ya.

Tenemos atractivos turísticos, entonces formemos guías y cultura al servicio. Tenemos playas, necesitamos orden marítimo. Ciudad inteligente con tráfico organizado, urgente.

¿Somos puerto? Entonces generemos agentes portuarios y logísticas de acopio cerca de Cartagena e industria productiva para exportar.

Cuando todo está por hacer, lo que tenemos son oportunidades. El gerenciamiento de la ciudad necesita un liderazgo sereno y experto en materia de gobernanza. Los modelos de gobierno ya están inventados, lo que tenemos es que ejecutar.

Alcaldía y Concejo Distrital, más veedores y vigilantes deben hacer un alto en el camino, y mirar que el pueblo sufre. Ya hoy casi que no hay barrios estratificados, somos una ciudad sin centro ni periferia.

Una bomba de tiempo, que ya estalló en nuestras narices, el desafío entre nosotros mismos, las riñas y la falta de tolerancia es pan de cada día. Sin jerarquía, ni autoridad y sin infraestructura, seremos una ciudad fallida.

A todos mis conciudadanos les deseo salud y un año lleno de esperanza, trabajo y armonía.

“Alcaldía y Concejo Distrital, más veedores y vigilantes deben hacer un alto en el camino, y mirar que el pueblo sufre”.

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