El 11 de febrero, día en el que se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, es una fecha que busca promover la participación completa y equitativa de las mujeres y niñas en las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés). Es un momento clave, que evoca los constantes retos a los que nos enfrentamos en materia de equidad de género.
Las brechas en carreras STEM siguen siendo profundas a pesar de todos los esfuerzos realizados. En Colombia, por ejemplo, los resultados de las pruebas PISA muestran que, a pesar de la ventaja por 12 puntos de las niñas en lectura, los niños superan a las niñas por 9 puntos en matemáticas; y que la proporción de estudiantes con bajo rendimiento es más baja entre los niños (69%) que entre las niñas (73%). En Cartagena, donde la desigualdad socioeconómica se entrelaza con la brecha de género, la realidad se intensifica y se manifiesta en menores oportunidades para las mujeres.
Mi experiencia me permite conocer la envergadura del problema. Por un lado, porque tuve la oportunidad de estudiar Ingeniería de Sistemas en la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) y observar que solo éramos tres mujeres en un aula de casi 20 estudiantes. Y, por otro, porque he observado el compromiso de la UTB por mejorar la representación femenina en las ciencias a través de iniciativas como ‘Mujer UTB’, que empodera a mujeres en tecnología; ‘Ondas Bolívar’, que fomenta la ciencia en jóvenes; y ‘WSTEM Project’, que une a mujeres en STEM a nivel global. Estas estrategias se complementan, además, con programas de promoción científica. La educación en áreas STEM en edades tempranas, combinada con estrategias que desafían los estereotipos de género, es vital para fomentar una mayor participación de las mujeres en la ciencia.
Es cierto que las brechas de género en áreas STEM son un problema complejo que se vincula con factores culturales y sociales. Personalmente, nunca escuché a alguien decir que no podía ser ingeniera, pero es claro que esa no es la realidad de muchas niñas y mujeres en nuestra región. La meta debe ser, entonces, una educación de calidad para niños y niñas en situación de vulnerabilidad y evitar que la falta de oportunidades continúe limitando el potencial de más mujeres y niñas en la ciencia.
La ciencia y la tecnología son motores de progreso. Por ello, con el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia a la vuelta de la esquina, la invitación es a unirse en un esfuerzo que no solo apunta a la equidad, sino también al desarrollo de la sociedad.
Trabajemos en conjunto por ellas, por nosotras. Lo merecemos.
Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.
*Profesora de la Facultad de Ciencias Básicas, UTB.
