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Columna

Oráculos modernos

“Al final, quizá descubramos que lo importante no es la certeza, sino la posibilidad de seguir preguntando...”.

Andrés Marrugo Hernández

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En la antigua Grecia, los ciudadanos tenían por costumbre acudir a un oráculo cuando se enfrentaban a una encrucijada. Estos augurios, cargados de metáforas, a menudo planteaban más preguntas que respuestas. En la era digital de hoy también contamos con nuestra propia versión de los oráculos: con frecuencia recurrimos a motores de búsqueda, como Google, que nos dirigen hacia posibles respuestas y nos dejan la tarea de discernir entre la verdad y el ruido.

Con la llegada de la inteligencia artificial (IA) generativa y los modelos de lenguaje como ChatGPT, lo que antes era una búsqueda fragmentada, ahora se ha transformado en una conversación fluida con “motores de respuestas”. Ya no se trata solo de encontrar el sitio adecuado, sino de que la respuesta misma se revele.

Este cambio tecnológico trae múltiples ventajas y no pocos desafíos. Un estudio de la Escuela de Negocios de Harvard, liderado por F. Dell’Acqua, mostró que los consultores que usaron IA fueron más productivos, pero cometieron más errores al aplicarla en tareas fuera de sus capacidades. La falta de competencia en la interacción con la IA puede ser contraproducente.

Para contrarrestar este problema, han surgido plataformas como Perplexity, que ofrecen respuestas similares a las de un académico, con citas y fuentes verificables. Lo que antes era una búsqueda simple, es ahora un diálogo más profundo, como un nuevo oráculo diseñado para ofrecer respuestas precisas y contextualizadas, y que brinda algo de esperanza en torno a la precisión de la información.

No obstante, ¿realmente queremos siempre respuestas inmediatas? En el ámbito académico, se valoran más el proceso de búsqueda, el análisis crítico y la consulta de fuentes para llegar a una conclusión propia. El hallazgo no es sólo un destino, sino también un viaje intelectual.

Y así como a veces se prefieren respuestas directas, en otras ocasiones el proceso de investigación es más valorado. En un mundo donde el negocio de la búsqueda ha sido impulsado por la necesidad de hacer clic, surgen varias preguntas: ¿qué quedará cuando el polvo de esta transición hacia los motores de respuestas se asiente? ¿Qué será del negocio de la búsqueda si las respuestas se convierten en el nuevo estándar?

Al final, quizá descubramos que lo importante no es la certeza, sino la posibilidad de seguir preguntando. Porque a veces la verdadera respuesta yace, como en los antiguos oráculos, en la sabiduría que adquirimos en el camino hacia ella.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

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