Es interesante haber presenciado las últimas revoluciones políticas, sociales y culturales en la historia. Desde que tenemos conciencia adulta, varias generaciones hemos vivido algunas de las de los últimos 70 años: la descolonización en la postguerra, cuando los imperios liberaron muchos pueblos y naciones alrededor del mundo; la de los derechos civiles y sociales de Luther King y Deng Xiaoping; la de la caída del comunismo con la cortina de hierro y la de la globalización tecnológica con la computación y el internet, entre muchas otras. Desde hace 3 años estamos viviendo la más reciente e impresionante revolución, la de la inteligencia artificial. Le pregunté a ella misma cuándo nació y con total asertividad me dijo: “Empecé a estar disponible públicamente en noviembre de 2022”.
Hacia dónde va es un tema desconcertante. Más, cuando sorprende al salirle a uno con cosas que lo dejan frío. Le pregunté cuánto había avanzado desde entonces y me dio respuestas en varios aspectos: 200% en comprensión de lenguaje; 300% en razonamiento y coherencia; 200% en velocidad y eficiencia. Hasta aquí todo parece normal. Pero entonces me dice: 70% en reducción de errores y alucinaciones. ¿Qué? ¿Alucinaciones?, grité mentalmente. Resulta que, dice ella, el término es usado técnicamente y se refiere a ponerse a decir cosas que no son verdad. Ella admite que en sus inicios fue muy mentirosa inventando historias, datos y noticias. ¡Qué locura! Claro que explica que no lo hace con intención, cosa que sí hacemos los inteligentes naturales (iN). Para la humanidad, las alucinaciones no son una novedad. Nosotros, con nuestra iN, hemos inventado mitos desde la antigüedad. Lo inquietante es la similitud de la forma como la iA crea alucinaciones que nos hace creer a los iN, igual a como los antiguos crearon los mitos que, aún hoy, los iN creemos.
La iA irrumpe con su revolución en un momento histórico de la humanidad, cuando prácticamente tenemos todo el conocimiento en una pequeña caja en nuestra mano y al alcance de un clic. La inmoralidad de las guerras, la crueldad de los dictadores y la impunidad de los criminales salen sin censura en las redes de internet, lo que, al menos, crea la posibilidad de revolver la conciencia de las mayorías, sumidas en el oscurantismo de los mitómanos y falsos mesías. Hoy, más que nunca, cobra vigencia tomarnos la pastilla roja de la Matrix, que nos sacuda las alucinaciones naturales y las artificiales, con la ayuda de una iA cada vez más intuitiva, amigable y moral, cualidades que contribuyen, como ella misma dice, a que los iN practiquemos más la coherencia, por sobre el trabajo de verificar la verdad. “La IA no está inventando algo nuevo. Está repitiendo el gesto más antiguo de la humanidad: dar forma verbal a lo desconocido. La diferencia es que hoy podemos ver el mecanismo en tiempo real”. He ahí la gran revolución que comienza.
