En reciente entrevista la filósofa española Adela Cortina expreso que “En el siglo XXI es inadmisible que no hayamos acabado con la pobreza”.
Empleo el término multidimensional, que se ha venido poniendo de moda, para indicar, como lo expresa Cortina, que para las sociedades modernas es impresentable, carente de toda ética, moral y justicia que sigamos perpetuando la pobreza, cuando a nivel de muchas naciones existen suficientes recursos para superarla completamente y no es solo la falta de alimentos, que en algunos de sus componentes hay acumulados en graneros para más de una generación, sino en aquellos aspectos centrales asociados con la vida digna de las personas.
Uno de los retos de la pobreza radica, tal vez como punto de partida, empezar por reconocer y valorar la relación entre individuo y comunidad, entre la persona y la colectividad, entre los sueños o aspiraciones personales y las posibilidades grupales, la vida privada y la vida pública, y en esto juega papel esencial la comprensión del rol de los gobiernos y de los gobernantes, entre las declaraciones y las realizaciones, en el reconocimiento de la pobreza y de los pobres, en asumir con claridad objetivos propios, locales, nacionales y globales, pues desde hace casi 30 años Naciones Unidas se propuso, como primer objetivo, erradicar la pobreza, tanto en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) como con los actuales Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Turbay vs. Cure o los límites del control político
TATIANA VELÁSQUEZNo se trata de atender o paliar el hambre, que de hecho es solo una de las manifestaciones de la pobreza y es en algunos casos, la dimensión menos compleja y más fácil de atender, pues se trata de respuestas inmediatas o urgentes, que luego dan paso a la perpetuación de esas condiciones de trampa que es la pobreza en muchas sociedades. Como lo dice Adela Cortina en su libro ‘Aporofobia, el rechazo al pobre’, se trata de una actitud hacia la pobreza que se va considerando como parte del paisaje, como algo normal, natural, que siempre lo tendremos entre nosotros y no como el resultado de procesos que se deben superar, erradicar como un mal que se convierte en afrenta a todos en la sociedad, en especial a quienes toman decisiones públicas.
Tenemos que comprender que enfrentar la pobreza es una exigencia ética, moral, política y social, que debe pasar por cuestionar todas las acciones, políticas, metas y objetivos implementados las últimas décadas, que no solo no han dado resultados, sino que han acrecentado, de diversas formas, las desigualdades y las condiciones de los más pobres.
Si partimos de los de los seres humanos, de los logros a los cuales han llegado las sociedades modernas, de las capacidades y competencias tanto de los gobiernos como de las instituciones públicas y privadas, comprenderemos que es inmoral e ilegal perpetuar el panorama que hoy tenemos en Cartagena.
