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Columna

El “después”

“La vida no se construye en lo que planeamos, sino en lo que hacemos a tiempo. En lo que decidimos hoy...”.

Mayra Rodríguez Osorio

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La vida es una tarea que no admite aplazamientos. Cuando uno mira, ya son las seis de la tarde. Cuando uno mira, se acabó el mes. Cuando uno mira, terminó el año. Y cuando uno vuelve a mirar… han pasado cincuenta o sesenta años.

Así, en silencio, se nos va la vida. Un día despertamos y notamos las ausencias: las amigas que ya no están, el amor que se fue, los hijos que crecieron y tomaron su propio camino. Y en medio de ese instante de claridad, entendemos algo que pesa en el alma: no hay marcha atrás.

Sin embargo, vivimos instalados en una palabra peligrosa: después.

Después lo hago.

Después llamo.

Después cambio.

Después digo lo que siento.

Después perdono.

Después me acerco.

Y, sin darnos cuenta, ese “después” se convierte en una forma de aplazar la vida misma. Porque mientras postergamos, el tiempo avanza sin pedir permiso. Las oportunidades pasan. Los afectos, si no se cuidan, se enfrían. Y la distancia —no solo física, sino emocional— empieza a crecer en silencio.

El café se enfría. Las palabras se quedan sin decir. Los abrazos no dados se convierten en vacíos. Y lo que pudo ser… simplemente no fue.

Nos acostumbramos a creer que siempre habrá otro momento, otra oportunidad, otro día. Pero la verdad es clara, aunque incómoda: no siempre hay un después.

La vida no se construye en lo que planeamos, sino en lo que hacemos a tiempo. En lo que decidimos hoy y no dejamos escapar. En esos pequeños actos que parecen simples, pero que terminan definiendo toda una vida.

Por eso, el verdadero cambio comienza cuando dejamos de aplazar lo esencial. Cuando entendemos que amar no se pospone, que perdonar no se delega y que vivir no se programa.

Es ahora cuando debemos llamar.

Es ahora cuando debemos abrazar.

Es ahora cuando debemos decir lo que el corazón guarda.

Porque, al final, no duele lo que hicimos… duele lo que dejamos para después.

La vida no espera condiciones ideales, no conoce pausas, no pregunta si estamos listos… simplemente ocurre, con o sin nosotros plenamente presentes.

He aprendido que muchas de las cosas que dejamos para después son las que más sentido le dan a nuestra existencia: un perdón a tiempo, una visita inesperada, una palabra sincera, un gesto de amor.

Y ese después… muchas veces no llega.

No dejemos que la vida se enfríe entre excusas.

No dejemos que el tiempo nos gane lo esencial.

Porque la vida no es después.

La vida… es ahora. El tiempo no nos pertenece

El después promete, pero rara vez cumple.

El después es un lugar al que muchos llegan tarde.

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