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Columna

¿Réquiem por la Academia de Medicina?

“Medio siglo después, aún nos duele su extinción, pero cuando creíamos subsanado semejante error histórico, ocurre dolorosa situación...”.

HENRY VERGARA SAGBINI

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El 29 de octubre 2023, Yamil Arana Padaguí fue electo gobernador de Bolívar con 598.679 votos (70,09%), y de esos sufragios uno pertenece a quien hilvana estas reflexiones con el alma desmigajada. Lastimosamente la historia se repite en una ciudad y departamento que desdeña sus raíces: aún recuerdo los rostros compungidos de Olegario Barboza, Adolfo Pareja, Alberto Carmona, Juan Arango, Horacio Zabaleta, Guillermo Valencia, Arnold Puello, Carlos Barrios, excelsos docentes de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, felices por la apertura del Hospital Universitario de Cartagena -1974, barrio Zaragocilla-, rebosante de tecnología anglosajona, nostálgicos por abandonar el viejo y querido Hospital Santa Clara implorando que no se subastara, como en efecto ocurrió, dándole cabida al lujoso Hotel Santa Clara (1975). Los maestros anhelaban ver convertido el Santa Clara en aulas de posgrados, sede de congresos, preservando servicios de urgencias y observación, favoreciendo comunidades del Centro Histórico y barrios aledaños.

De nada sirvieron tozudas reflexiones: en otras latitudes conservaban antiquísimos hospitales tanto para atención médica como para promover investigaciones mientras imparten educación de posgrado: Hospital de Notre-Dame, fundado en el año 621, continua como escenario docente - asistencial de la Universidad de Paris; Hospital de San Bartolomé, en Londres, fundado en 1123, sigue activo vinculado a Queen Mary; Hospital de Santa Creu, Santa María Nuova, La Chatre, Massachusetts General Hospital, afiliado a la Universidad de Harvard, símbolo de integración entre clínica, pacientes, e investigación médica avanzada. Nadie acogió aquellos contundentes argumentos: el viejo y querido Hospital Santa Clara se convirtió en hotel cinco estrellas.

Medio siglo después, aún nos duele su extinción, pero cuando creíamos subsanado semejante error histórico, ocurre dolorosa situación: desalojo de la centenaria Academia de Medicina de Cartagena, fundada mediante Decreto 247 de septiembre 1888, rubricado por el gobernador de entonces, José Manuel Goenaga, órgano consultivo en temas de higiene, salubridad pública y medicina legal en momentos que acechaban epidemias en precarias condiciones sanitarias, amenazando vida y salud de familias cartageneras. Dicha ordenanza, emanada de la Asamblea Departamental de Bolívar, sigue vigente, solo suprimida o modificada mediante otra ordenanza.

La respetada Academia de Medicina, conciencia ética y moral de la salud de Cartagena y Bolívar, ha convocado a generaciones de maestros ilustres, dejando huellas entre egresados de la Universidad de Cartagena. A lo largo de un siglo nuestra Academia se consolidó como preclaro escenario de debates científicos y éticos, sobreviviendo a guerras intestinas, epidemias, crisis hospitalarias y transformaciones políticas.

Seguramente el actual y exitoso gobernador del departamento de Bolívar no ha sido suficientemente informado del desalojo anómalo a tan respetable institución, incumpliendo requisitos de ley con tal de instalar, en tiempo récord, oficinas de pasaportes, arrojando al pavimento a tan respetable institución ubicada durante muchos años en el Centro Histórico, Calle del Tejadillo, con fines científicos, sociales y altruistas.

Aseguran connotados juristas que esa decisión debió tomarse después que la Asamblea de Bolívar expidiera nueva ordenanza derogando o modificando la actualmente vigente, pues en Colombia es competencia exclusiva de las Asambleas Departamentales y del Tribunal Administrativo correspondiente, por lo que el bien inmueble cedido a la Academia de Medicina de Cartagena sigue vigente por encima de argumentos y premuras administrativas.

No es solo un acto jurídico irregular, también es la estocada a la dignidad médica, menoscabada en tiempos mercantilistas sin prever que, al castrar raíces históricas e constitucionales, irremediablemente se desploman la confianza ciudadana y el árbol democrático.

PD: Recomendamos a la prestigiosa presidenta de la Academia de Medicina de Cartagena, doctora Manuela Berrocal, y a la honorable Junta Directiva, no bajarse de Rocinante, y tal como aprendimos de nuestros maestros, jamás se den por vencidos ni aun vencidos.

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