“Se sufre pero se aprende” es una frase que aparece en el parachoques del camión que maneja Pepe ‘El Toro’, personaje principal de la película ‘Nosotros los pobres’ (1947). La frase postula la resignación como visión de mundo, donde el melodrama conecta vida cotidiana y pantalla, y las lágrimas y las risas explican las desdichas. La fatalidad en cine explica los misterios de la vida y ‘Porque así lo quiso Dios’ es una moraleja común en esas películas.
Tales películas rara vez apuntaron a la transformación de las estructuras urbanas; más bien, reforzaban, a través del esquematismo y los estereotipos, la aceptación del sistema socioeconómico vigente y a tener esperanzas en el futuro en virtud de la ética de la tenacidad y de la abnegación que debía practicarse. El personaje de Pepe ‘El Toro’, de la mencionada película, es buen ejemplo de ello.
Los personajes inconformes transitan un camino equivocado, víctimas de la pasión y el arrebato, ejemplo de esto es el personaje de ‘La que se levanta tarde’, de la misma película. El cine actualizaba las expectativas y aspiraciones, mediante historias y personajes que superaban obstáculos insalvables como la miseria, el desprecio y el racismo, para finalmente triunfar en la vida y en la sociedad. Sin embargo, los hábitos cotidianos de cada clase social atraviesan las rutinas, entre ellas, aquello que se iba a aprender al cine.
Viendo a ‘Cantinflas’ toda Cartagena aprendía lo mismo, tanto en el Cine Caribe de Torices, donde los muchachos se acostaban sin camisa en el piso de cemento; como en el Teatro Cartagena, un domingo en vespertina, cuando asistía parte de la élite cartagenera después de misa. Se aprendía que ser pobre es cuestión de estilo, que el sufrimiento tiene forma, moda y espectáculo.
A la luz de la relación entre distintas clases sociales, las películas eran ejemplarizantes. Ahí tenemos a la madre blanca que no reconoce a su hija negra en ‘Angelitos Negros’ (1946); o, el padre que no reconoce al hijo en ‘El derecho de nacer’ (1951); o, el padre que reniega de su hija prostituta en ‘El Bruto’ (1952); o, la pareja de padres desempleados que pierden a su primogénito por falta de un médico en ‘Un rincón cerca del cielo’ (1952) ; o, el reencuentro de un hijo borracho y vagabundo con su padre errante en ‘La vida no vale nada’ (1955); o, la infinita capacidad de sacrificio de una mujer que se prostituye para salvar a su hermana menor pura y casta en ‘Salón México’ (1948); o, la exhibición de la ética de la tenacidad de Pepe ‘El Toro’ en ‘Nosotros los pobres’ (1948).
“Ser rico es mejor que ser pobre” como dijo Antonio Cervantes ‘Kid Pambelé’, y en efecto, cualquiera puede ser rico, pero no todos. Este mensaje también quedó claro en una producción fílmica de algo más de tres mil películas entre 1936 y 1957.

