Colombia no está dividida en dos mitades. Aunque la diferencia en la votación presidencial no superó el cuarto de millón de sufragios, es indispensable examinar con detenimiento los votos obtenidos por el candidato oficialista, respaldados por miles de millones de pesos en contratos, cargos creados, compra descarada de votos, promesas imposibles de cumplir y amenazas armadas en regiones dominadas por la mafia narcotraficante, donde se constriñó y obligó a la población a votar por el aspirante del gobierno.
En ese contexto, el discurso según el cual el opositor, por la cercanía en los resultados, representa a “la mitad del país” es una construcción engañosa: una estrategia para reclamar una cuota de poder que no le corresponde, presentada incluso en tono amenazante, al estilo de los militantes de esa corriente ideológica. El derecho a cuestionar el preconteo es legítimo dentro de la democracia y debe resolverse en pocos días, hasta culminar el escrutinio; pero desconocerlo mediante narrativas fantasiosas destinadas a confundir al elector constituye una maniobra para sembrar dudas, tensionar el ambiente, propiciar el terrorismo psicológico y la insurrección, ámbitos en que los aliados del candidato derrotado -incluido el gobierno saliente- tienen una larga trayectoria.
El doctor Abelardo De La Espriella, como presidente electo, ha hecho un llamado a la unión nacional. Ha prometido gobernar para todos y trabajar por una sola Colombia. A nosotros, los ciudadanos, nos corresponde respaldarlo, acompañarlo y superar las divisiones sociales, étnicas y culturales que, según el gobierno anterior, nos convertían en enemigos irreconciliables. La frase ‘Divide y reinarás’, atribuida erróneamente a Nicolás Maquiavelo, aunque tiene origen incierto, ha sido asociada a figuras como Julio César y otros. Lo indiscutible es que ha sido una estrategia política eficaz para conquistar y conservar el poder.
Abelardo recibe un país profundamente polarizado, con la casa en desorden en materia de seguridad y economía. Ordenarla será una tarea compleja que exige intervenir los distintos núcleos de poder, comenzando por el sector financiero, dominado por los bancos, que no registró pérdidas durante el gobierno saliente; por el contrario, incrementó sus utilidades, indudablemente en perjuicio del ciudadano. El sector energético con tarifas desbordadas. El sector salud quebrado por el gobierno, donde algunas EPS continúan abusando de prestadores y usuarios. La industria y el agro requieren fortalecimiento urgente. Y la clase política deberá asumir una autodisciplina real, entendiendo que las viejas prácticas ya no tienen cabida; pero, sobre todo, cada colombiano debe reconocer su cuota de responsabilidad en la falta de una cultura de solidaridad, un vacío que alimenta el rencor y el resentimiento, y que contribuyó a la victoria de la izquierda en la elección anterior, llevando al país al borde de comprometer su democracia en esta.
