Este jueves 2 de julio estoy invitado a un acto organizado por la Gobernación del Atlántico, que se celebrará en el Cubo de Cristal del Malecón del Río en Barranquilla, para conmemorar el 35 aniversario de la Constitución Política de Colombia de 1991 (CPC). Me corresponde hablar de la estructura territorial descentralizada de España como modelo del que hipotéticamente tomar ejemplo (de lo bueno y de lo malo) por Colombia en su camino a la regionalización. Un aspecto que me resulta especialmente hermoso de esta cita, más allá de volver a Colombia (a la Costa), que para mí siempre es una alegría, es el hecho de que se celebren los treinta y cinco años de una Constitución por la que siento un aprecio especial.
Hay Constituciones y Constituciones. Los chilenos, por ejemplo, tienen una aprobada en tiempos de la dictadura. Los venezolanos una que, como se pueden ustedes imaginar, en el presente está más muerta que viva. Los mexicanos tienen una con más de cien años de vida a la que han reformado tanto, que apenas queda nada vigente del texto original. Los españoles tenemos una que ya es la más longeva de nuestra historia y que nos ha salido bastante buena. Colombia, por su parte, tiene una Constitución nacida de un proceso participativo promovido por estudiantes universitarios deseosos de cambiar su país a mejor, y convencidos de que esto era posible. Me han de reconocer que, aunque sólo sea por esa razón, la CPC es hermosa.
Sin duda es un texto muy optimista, hasta puede que idealista, en muchas cosas. Plantear a uno de los países más desiguales de Occidente como un Estado Social de Derecho, más parece un brindis al sol que un objetivo que realmente se pueda alcanzar. Imaginar como descentralizado un país históricamente centralizado en extremo y que no ha controlado la totalidad de su territorio prácticamente nunca, diríase que es deslizarse por la fantasía. Y regular como participativa una democracia como la colombiana, en la que hay compra de voto, clientelismo y formas y maneras propias del más puro caudillismo..., ¡qué quieren que les diga! No obstante, bajo el imperio de la CPC Colombia ha mejorado como país. Ha mejorado mucho. No todo es gracias a ella, pero sí gran parte. Por eso, hemos de celebrar su cumpleaños. Más aun cuando ya comienza a ser un guarismo digno de respeto. Y hemos de hacerlo con el cariño debido a una buena madre. Quizá no la más eficiente de todas, pero sí una que nos desea lo mejor.
