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Columna

Recordando a ‘Cachete’

“Tanto en la niñez, como en la Escuela Naval de Cadetes, Cachete fue siempre especial...”.

Willy Martínez

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Hay personas cuya imagen nos queda grabadas en la memoria y que jamás olvidamos. Siempre hay una razón para recordarlos. Fueron en vida una luz de amistad y llenaron nuestro espíritu de inmensa alegría. Es lo que ocurre con Raymundo de la Espriella, Cachete, quien dejó entre sus amigos una impronta indeleble. Tanto en la niñez, como en la Escuela Naval de Cadetes, Cachete fue siempre especial.

Cuando ingresamos como reclutas los cartageneros Sergio Espinosa, Amaury Mogollón y el suscrito, no nos podíamos acostumbrar en llamarlo de otra manera. Con frecuencia al verme me metía un grito: -! ¡Recluta Martínez, póngase firme! Sus compañeros de curso observaban, que, por su antigüedad, le debíamos obediencia. Preguntaba: -Recluta ¿me podría decir cómo me llamo? - Por supuesto usted es el cadete Cachete de la Espriella. - Pues me hace 100 flexiones de pecho, recluta conchudo. Repetía con frecuencia ese episodio. Disfrutaba ordenándonos flexiones y nosotros llamándolo ¡Cachete! Ya estando con la lengua afuera le dije: - Ah ya recuerdo, usted es el cadete Raymundo de la Espriella. Sus compañeros reían a carcajada limpia. Al dejar la escuela, tomamos rumbos distintos, aunque nos volvimos a encontrar en Cartagena.

En pocos años, Cachete era un exitoso industrial, primero con la fábrica de Quesos Rey y más tarde en compañía de Justo, su hermano, en la Ladrillera La Clay. En estas elecciones Cachete hubiese sido un motivador destacado de la campaña del Tigre. Como buen de la Espriella iba a recorrer toda la ciudad y los pueblos de Bolívar. Nos dio duro cuando falleció. Meses antes de morir, él y Justo me invitaban a almorzar en la ladrillera La Clay que era mi ruta a Barú. Lamentablemente también falleció Justo y ahora paso de largo, observando el humo de la torre por dónde respiran las calderas, ese ambiente rural me trae el recuerdo de sus recetas maravillosas.

Por esos paradisiacos lugares se tejen historias de naufragios y más recientemente el milagroso rescate de dos jóvenes que se quedaron dormidos flotando en el mar, sostenidos solo por los brazos de Dios. Barú será un territorio de desarrollo, dos bahías y un canal del Dique que las comunica con el río Magdalena, hermosas playas y gente laboriosa. Con Cachete y Justo hablábamos en La Clay del futuro de Cartagena. Ahora se están dando las cosas, tenemos un buen alcalde y un presidente Caribe que harán historia en el país. Cuanto daría por hablar con Cachete, le preguntaré al mar por él, no le diré nunca Raymundo De La Espriella, siempre será para mí, Cachete, aunque me ordene desde el cielo 200 flexiones de pecho.

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