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Columna

Dr. Fandiño

“Hace poco la Alcaldía de Cartagena y la Universidad de Cartagena homenajearon a Jaime Fandiño Franky. Nunca hubo una escogencia más acertada...”.

Eduardo García Martínez

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Cuando lo conocí, le escuché y supe lo que venía haciendo por años en favor de los más necesitados, entendí que estaba en presencia de un ser dotado de una naturaleza excepcional. De eso hace más de tres décadas. Desde entonces mi respeto por él se ha transformado hasta convertirse en un sentimiento de máxima admiración, un inquebrantable reconocimiento a su esfuerzo y dedicación absoluta al servicio de los demás.

En aquella ocasión fui a la Fundación Centro Colombiano de Epilepsia y Enfermedades Neurológicas (FIRE), para entrevistar al director de esa entidad de salud. Quería escribir sobre el por qué se presentaban tantos casos de personas con epilepsia en Cartagena. Lo primero que observé al llegar fue la gran cantidad de pacientes sentados en largas sillas de madera, en espera de ser llamados a los consultorios. Lo curioso era que casi todos querían ser atendidos por el mismo médico. Pregunté por aquella preferencia y las respuestas lo aclararon todo: “Él es un ángel”, “El que más sabe”, “El que no duerme para atender a los que sufren”. Pensé en retirarme. Mi presencia podía quitarle tiempo valioso que debía tomar para sus pacientes.

Ya era tarde. Su asistente pronunció mi nombre, y al responderle, me condujo a su presencia. Estaba de pie, sonriente, con su bata blanca impecable, luciendo una barba bien cuidada, contraria a la mía, ligeramente alborotada. Al estrechar mi mano pronunció su nombre sin abandonar la sonrisa: Jaime Fandiño. Nos volvimos amigos. Con el tiempo supe que, en verdad, no había hipérbole en aquellas palabras agradecidas de sus pacientes. Fandiño se convirtió en insomne escudriñador de los cerebros quejumbrosos de quienes habían caído en las garras de la epilepsia. En el día, la noche, la madrugada, no había hora vedada para atenderlos.

¿Por qué hay tanta gente con epilepsia?, le pregunté. “Falta de alcantarillado”, respondió. Para entonces, finales de los 80, comienzos de los 90, Cartagena nadaba en la inmundicia. Las excretas rodaban por las calles. Los cerdos sin ley las deglutían y las moscas y las lombrices solitarias completaban el cuadro: cisticercosis. “Sin saneamiento ambiental el cuadro se repetirá sin descanso”, advirtió aquella vez Fandiño, que ha realizado más de 2.000 intervenciones quirúrgicas en el cerebro de sus pacientes para liberarlos de las garras de la epilepsia. Es solo una parte. El FIRE, que trabaja sin ánimo de lucro, ofrece muchas más oportunidades de recuperación a niños, jóvenes, adultos, viejos.

Hace poco la Alcaldía de Cartagena y la Universidad de Cartagena homenajearon a Jaime Fandiño Franky. Nunca hubo una escogencia más acertada.

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