El pobre es pobre porque quiere. Una frase que uno cree desterrada del imaginario colectivo y se la sigue tropezando por ahí una y otra vez. De verdad, hay gente que piensa que esto es real. Y el sesgo es terrible cuando se ponen casos de éxito, como los de futbolistas que vienen de estratos muy bajos y hoy son millonarios.
Qué injusto, cómo si fuera posible que todos los pobres de Cartagena se pusieran a jugar fútbol y en unos años todos ellos se convierten en millonarios automáticamente.
Y no, no cabe tampoco sustentar que es entonces con sobreesfuerzo y disciplina tenaz que se logra la diferencia entre los que llegan a la cima y quienes no, porque en muy contadas excepciones, sino son todas, no es ello lo único que determina que un futbolista llegue a las altas esferas de este deporte. Y así con todo en los distintos oficios y profesiones.

El POT puede cambiar el futuro económico de Cartagena
ANIANO MORALES BLANCOEn estos días ha acaparado titulares de prensa la película documental ‘El juego de la vida’, en donde el documentalista colombiano Andrés Ruiz sigue por 14 años la vida de varias personas de cinco familias en diferentes regiones del país, para sustentar la premisa de que en Colombia se necesitan hasta 11 generaciones para que una familia pueda superar la pobreza. Un dato que es producto de una investigación de la OCDE, que concluyó que Colombia es uno de los países donde el ascenso social es más lento. El documentalista se apoyó en la Encuesta Longitudinal Colombiana hecha por la Universidad de los Andes, para hacer seguimiento a dichas familias.
Es conmovedor hasta el dolor, ponerles rostro a estas cifras, pasar del dato duro y concentrarse en las personas que la luchan todo el tiempo y aun así, se mantienen encerrados en círculos de pobreza, pero es lo que debe hacerse a ver si finalmente desterramos la odiosa premisa y trabajamos por cambiar esa realidad.
En estos días vi la publicación de una chica que evidenció con su propia vida lo que señalan los estudios. Ella dice que su bisabuela trabajó desde los 8 años, que su abuela y su mamá, e incluso ella misma, trabajaron desde muy jóvenes. Que ha pasado por todos los oficios inimaginables (ninguno de dinero fácil) y ya lleva 13 años trabajando duro, y no ha salido de pobre. Tiene título profesional de psicóloga, y dice que no conoce otra forma de vida en su familia que la pobreza. Tiene claro que el esfuerzo no es lo que cambia la condición. Se pregunta en qué generación está y cuántas faltan para salir de pobres. Si a ella le alcanzará la vida para testificarlo.
Igualar las oportunidades es una de las tareas más difíciles para cualquier sociedad. Aunque el país ha intentado reducir la desigualdad mediante subsidios y transferencias condicionadas, en Cartagena persisten barreras estructurales asociadas al acceso desigual a empleos de calidad, educación y servicios básicos. Esto debería ser un propósito real de mandatarios locales y nacionales; de lo contrario seguiremos encerrados en “la ciudad inmóvil”.
