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Columna

El imperio de la verborrea

“La razón absoluta no le pertenece a nadie. La democracia se basa en la suma de razones que determinan un ganador en las urnas, no en el volumen del grito de un influencer”.

LIDIA CORCIONE CRESCINI

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Hoy en día, cualquiera con una cámara se cree con derecho a dictar cátedra sobre el destino de una nación o el rendimiento de un deportista. Asistimos al peligroso auge de creadores de contenido que, salidos de la nada con discursos de a cinco pesos, pretenden imponer su verdad como si cargaran maestrías a la espalda.

Despotrican y señalan con ligereza irresponsable, olvidando que la libertad de expresión no es licencia para destilar veneno. El fenómeno es patético en el ámbito deportivo y político. Cuando la Selección pierde, estos ‘analistas’ arremeten contra la camiseta y tildan de fracasados a atletas de élite, ignorando que en la competencia hay muchos equipos, pero campeón solo hay uno. Ganar o perder es parte del juego, pero para el influencer promedio es la oportunidad dorada de generar interacciones a punta de insultos. Esa misma soberbia se traslada a la arena política, donde el respeto por la democracia parece haberse esfumado. Los colombianos merecemos respeto. En la actualidad, el país cuenta con un presidente elegido democráticamente y, guste o no, esa es la realidad institucional. Es curioso ver la memoria selectiva de estos personajes: en periodos anteriores, la ciudadanía tuvo que aceptar los resultados electorales, tragándose mil sapos en nombre de la estabilidad; sin embargo, ahora que las urnas dictaron un rumbo diferente al que estos creadores deseaban, llenan las redes de discursos retóricos saturados de odio. Este odio viene de divisiones cortopunzantes heredadas, donde incluso familiares de gobernantes salientes pretenden saltar a la fama digital, aspirando a influir con narrativas mediocres.

El colmo de la incoherencia es total, defienden discursos de socialismo mientras residen en imperios de opulencia, una contradicción que una audiencia obcecada sigue aplaudiendo ciegamente. Va siendo hora de exigir seriedad. Quienes pretendan orientar a la opinión pública deben empezar por respetarse a sí mismos y estructurar argumentos coherentes.

La razón absoluta no le pertenece a nadie. La democracia se basa en la suma de razones personales que determinan un ganador en las urnas, no en el volumen del grito de un influencer.

Si tienen odio acumulado, las redes sociales no son el vertedero; dejen de envenenar a la sociedad. Aunque no va a ser fácil solucionar la chorrera de problemas, para el presidente entrante doctor Abelardo De La Espriella en cómo encuentra el país, todos debemos aportar, todos debemos asumir nuestra responsabilidad y en vez de quejarnos tanto, que, por supuesto debemos exigir nuestros derechos, como sujetos de derecho, de parte de los gobernantes, estamos también en la obligación de ser activos en la sociedad para lograr protección y aval de nuestros derechos fundamentales declarados en la CPC.

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