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Columna

Cuando los terremotos cambian la historia

“Los terremotos destruyen edificios en cuestión de segundos. Las transformaciones políticas, en cambio, se gestan lentamente en la conciencia de los pueblos...”.

JORGE DÁVILA-PESTANA VERGARA

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Los grandes cambios de la historia política mundial no surgen de la nada, sino que estallan cuando una crisis, una decisión impopular o una tragedia natural precipitan tensiones largamente incubadas. Acontecimientos como el Florero de Llorente, el Grito de Dolores o el Motín del Té, fueron detonantes que transformaron el descontento popular previo a las independencias de Colombia, México y Estados Unidos. Sirvieron de catalizadores del malestar existente.

Algo semejante ocurrió en Venezuela el Jueves Santo del 26 de marzo de 1812. Un pavoroso sismo redujo a escombros a la joven República de 1811. El principal bastión militar republicano de Caracas colapsó, sepultando a numerosos soldados y dejando prácticamente indefensa a la naciente república.

Sin embargo, las consecuencias políticas terminaron siendo aún más profundas que las pérdidas materiales. Las autoridades realistas y el clero español aprovecharon la catástrofe para construir un discurso político, difundiendo que era un castigo divino por desconocer al rey. La Primera República, debilitada militarmente y erosionada en el plano moral, capituló a los pocos meses.

Más de dos siglos después, Venezuela vuelve a enfrentarse a un terremoto en una coyuntura cargada de simbolismo. Coincidió con dos fechas vinculadas a la libertad: la tradicional Noche de San Juan, día de la liberación precaria para los esclavos en la Colonia, y el aniversario de la Batalla de Carabobo, victoria que selló su independencia. Ha sido una tragedia que ha ocurrido en medio de dos evocaciones colectivas de la libertad.

Delcy Rodríguez, intuyendo lo que se le puede venir, advirtió en la graduación de los oficiales de la Universidad Militar Bolivariana que no permitiría ningún intento de alterar el orden constitucional, viniere de donde viniere. Y añadió que, así como en 1812 los enemigos de la República pretendieron aprovechar el terremoto para atacar a la naciente Venezuela, hoy existirían sectores interesados en utilizar el desastre con idénticos propósitos. Es un pronunciamiento que revela el enorme potencial político que puede adquirir la grave crisis por la que atraviesa el país.

Los terremotos destruyen edificios en cuestión de segundos. Las transformaciones políticas, en cambio, se gestan lentamente en la conciencia de los pueblos; pero, en ocasiones excepcionales, ambas circunstancias terminan encontrándose en un mismo instante histórico.

Corresponderá entonces a las generaciones presentes determinar si el movimiento telúrico de hoy, será recordado únicamente como una catástrofe natural o también como uno de esos acontecimientos que, sin proponérselo, terminan marcando un antes y un después en la historia de una nación.

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