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Editorial

Ojo con la revaluación

“Los países ricos no exportan porque sean ricos; son ricos porque aprendieron a exportar. La verdadera riqueza de una nación reside en su capacidad de venderle su talento y su trabajo al mundo”.

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Resulta pertinente el documento emitido este 10 de julio por la Fundación Promover Calidad de Vida, suscrito por el empresario exportador cartagenero, Giorgio Araujo, en el que se plantea la inquietud sobre la entrada del país a una etapa de mayor confianza, inversión y crecimiento, justo cuando existe o vivimos un riesgo severo para el sector exportador.

Buena parte de la población está acariciando una nueva etapa de optimismo. Los vientos de mayor confianza, el apetito de los inversionistas y las proyecciones de crecimiento económico son noticias que, sin duda, merecen celebrarse. Sin embargo, en el ajedrez macroeconómico, los momentos de bonanza suelen esconder trampas silenciosas.

Hoy, el gran caballo de Troya de nuestra economía es la moneda. El peso acumula una preocupante revaluación cercana al 18% frente al dólar en el último año. Si no actuamos con urgencia, la inminente entrada de capitales extranjeros terminará por asfixiar el aparato productivo, ensañándose con el sector exportador, especialmente el no tradicional.

Esta historia ya la vivimos. Entre 2008 y 2014, el país, embriagado por la bonanza cambiaria, contempló con indolencia cómo se destruían mercados internacionales que a cientos de empresas les había tomado décadas consolidar. Algunas cerraron sus puertas definitivamente; otras tantas tuvieron que venderse a precio de quiebra. Hay una amarga asimetría en el sector externo, pues levantar una empresa con capacidad exportadora y posicionarla en el mundo requiere el esfuerzo y la disciplina de toda una generación, pero verla desaparecer bajo el agua de la pérdida de competitividad es cuestión de pocos meses.

Frente a esta realidad, la solución no es la exigencia de privilegios gremiales o subsidios proteccionistas, ni intervenir el mercado para fijar una tasa de cambio artificial. Lo que el aparato productivo exige es institucionalidad y, sobre todo, anticipación. Es imperativo instalar, sin dilaciones, una mesa técnica entre el Gobierno Nacional, el Ministerio de Hacienda, el Banco de la República, Bancóldex, ProColombia, el sector financiero y los exportadores para diseñar una estrategia de coberturas cambiarias accesibles, líneas de crédito competitivas, reducción de asfixiantes costos logísticos y energéticos, devoluciones tributarias oportunas y un apoyo diferencial y agresivo a las exportaciones no tradicionales.

Los países ricos no exportan porque sean ricos; son ricos porque aprendieron a exportar. La verdadera riqueza de una nación reside en su capacidad de venderle su talento y su trabajo al mundo. La inversión no puede darse a costa de destruir el tejido exportador que hemos edificado a pulso. Proteger al exportador hoy no es un acto de caridad económica; es la única estrategia inteligente para blindar el empleo, la competitividad y el futuro del país.

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