Esta semana pude visitar a mi abuela materna de quien aprendí en mi infancia muchas cosas. Una mujer católica devota que nunca satanizó su rol de ama de casa pero quien insistentemente siempre me inculcó la necesidad de que yo lograra total independencia económica respecto de los hombres. Fue como muchas una mujer violentada en su hogar. Su esposo un machista, alcohólico y violento la sometió psicológicamente, económicamente e incluso yo misma presencié sus humillaciones e intento de violencia física. Una mujer hermosa que no pudo siquiera imaginar tomar por sí misma la decisión de divorciarse porque aunque ya la ley se lo permitiría la protección era casi nula.
La dependencia la obligó a ella y sus hijas a vivir en sumisión sostenida en el tiempo. Así que en mi reciente conversación le pregunté: mamá ¿tú le darías tu derecho al voto a tu esposo? Ella me miró confundida y dijo: NO. Le expliqué que ahora hay todo un movimiento promovido por las mismas mujeres donde expresan que quieren entregarles sus derechos a sus esposos. Me dijo: “Yo siempre he votado” Y rápidamente recordé como en cada elección yo misma la llevaba a su puesto de votación en el colegio INEM de Bucaramanga. Tal vez era su momento de mayor libertad y autonomía como ciudadana a pesar su realidad doméstica. Le pregunté: Mami ¿y por qué ideas o partido votabas? Liberal, me dijo. Sentí agradecimiento, porque ella desde su lugar de enunciación abrió caminos. Muchísimas mujeres en el mundo con su voto, su voz, sus ideas, sus luchas y resistencias han mejorado tanto nuestra calidad de vida, que algunas hoy llegaron a creer que el feminismo ya no es necesario. Tardamos siglos para conquistar nuestros derechos, solo 14 países en el mundo tienen igualdad legal entre hombres y mujeres, vemos como las mujeres afganas son cruelmente separadas de sus derechos y mientras tanto; otras sentadas desde su privilegio, absurda comprensión del mundo, y romantización de una estética tan empobrecida como la de las llamadas Tradwife (esposa tradicional) juegan a poner en riesgo nuestras libertades básicas. Esta estupidez propuesta por mujeres blancas y adineradas, que han logrado estar en ese lugar gracias a la lucha de tantas que hoy siguen invisibilizadas y violentadas, debe parar de inmediato. No creas que porque tienes derechos hoy no los puedes perder. Así que tú, mujer que renuncias a nombrarte feminista para encajar más fácil o porque te hicieron creer que la igualdad ya está conquistada, pregúntate: ¿a quién beneficia tu silencio? Porque como bien dijo Beauvoir: “No olvidéis jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados.”
*Abogada con Especialización en Derecho Constitucional y magíster en Derecho con énfasis en Derecho Empresarial y Contractual.
